Es repugnante lo que está sucediendo con Sebastian Vettel. No tiene nombre. Cierto que de alguna manera se lo buscó  en Ferrari, donde tuvo un coche para ser campeón del mundo en al menos dos ocasiones, y fracasó. Pero luego la respuesta de Ferrari fue brutal y excesiva. Lo taló.

A Sebastian Vettel los de Ferrari lo talaron como si fuera un árbol viejo que ya no servía para nada más que para hacer leña. El modo en el que le comunicaron que estaba despedido del equipo fue el hachazo definitivo. Y el árbol cayó al suelo. Y Vettel cayó al suelo.

Ya estaba en el suelo, talado y quieto, cuando la familia Stroll se acercó a él con la nariz bien abierta, husmeando. Ummmm…. Aún podrían aprovechar algo de ese viejo árbol, se relamieron.

La idea, por supuesto, no era volver a levantarlo, hacerle una transfusión de savia que le devolviese a la vida, sino al contrario, utilizar la leña del árbol caído para alimentar su propia hoguera.

En el Gran Premio de Portugal los dos pilotos de Aston Martin ni siquiera tenían el mismo coche. El de Lance Stroll estaba evolucionado y era superior. Un hachazo más en el árbol, en la carrera de Vettel.

Los Stroll han comprado a Sebastian Vettel para hacerle astillas, para que sirva de contraste con el maravilloso piloto que es el hijo del millonario. ¡Mirad como gano a un tetracampeón del mundo con el mismo coche!

Qué cosas tan bonitas es capaz de hacer la gente con su dinero.

Y si alguien piensa que exageramos, que recuerde cómo trataron al maravilloso Sergio Pérez. Checo. Pero ahí el mexicano a fuerza de talento y coraje les puso en su sitio. Fue divino verlo. Pedimos a los dioses que de ningún modo permitan que el niño Stroll quede ni en ni una sola carrera de esta temporada delante del gran Checo.

Otro burbon, por favor.

Tigre Tigre.

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