A Elisa Victoria (Sevilla, 1985), los fastos del 92, con las Olimpiadas de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, le cogieron con apenas siete años. Marina, la protagonista de su primera novela, es una niña de nueve años que reside junto a su madre enferma y su abuela en un barrio del extrarradio de la capital andaluza en aquel verano de 1993 en el que el calor extremo aún despertaba ilusiones ópticas que hacían creer que lo visto sólo un año antes en la isla de la Cartuja iba a perdurar para siempre.

El espejismo se diluyó antes incluso que la agobiante canícula sevillana. Y ella, Vozdevieja, ya se veía el resto de sus días protagonizando la peor de las pesadillas en un convento acogedor de huerfanitas desamparadas. Su madre está pero no está y su abuela hace las veces de mejor amiga mientras le confía a la niña su pasión por el hombre de su vida: Felipe González.

Todo aquello acabó, pero Elisa Victoria ha sabido resucitarlo con una frescura asombrosa, en una novela que impacta por un estilo inconfundible y una ternura nada dada a efectismos lacrimógenos. Si quieren saber más de Elisa Victoria, lo que apunta su perfil biográfico oficial: “Es capaz de comunicarse rápida y profundamente con los animales y los niños. Con los humanos adultos no tanto”. Por ahí va la cosa en Vozdevieja.

 

“En el 93, la magia se ha desmoronado y queda una gran sensación de vacío que encima se junta con una sequía gravísima”

¿Cómo se supone que es la mirada de una niña de nueve años sin que la interprete un adulto?

Más o menos igual que la de un adulto. Ligeramente más confusa a costa de la falta de información, con menos herramientas lingüísticas para expresar las percepciones y a menudo con una clarividencia mayor a la hora de interpretar el entorno.

 

Toda infancia está repleta de miedos, y también de idealizaciones, de fantasías ultragalácticas, de sueños absurdos, de ansias cercanas… ¿De qué más?

Depende de cada infancia, pero son frecuentes la sensualidad y el terror en sus estados más puros, la curiosidad, la creatividad, la impaciencia, una pereza abismal ante las obligaciones impuestas, mucha frustración a medida que se va descubriendo que el mundo es un lugar decepcionante, mucha rabia frente a la incomprensión y el desinterés que los adultos suelen mostrar hacia los seres humanos recién llegados a este sitio tan raro.

“A grandes rasgos, el ambiente infantil es muy impredecible, cruel y salvaje. Tiene sus propias normas”

 

Marina, la protagonista de Vozdevieja, es una niña asombrada en la Sevilla inmediatamente posterior a la Expo92. Entre tanto fasto, ¿cómo puede absorber la infancia un mundo levantado por entero de cartón piedra?

Durante el 92 hubo un momento de fantasía colectiva, mucha gente con ojo crítico no se tragó el cartón piedra pero para los niños como es habitual el marketing funcionó de maravilla. Estábamos hasta los ojos de merchandising entre Curro y Cobi, la campaña llevaba anunciando el evento desde el 87 y tantos años para una mente infantil son una auténtica eternidad. Toda la vida pensando que sería el acontecimiento del siglo, que nos iba a transportar directamente a un futuro de ciencia-ficción, la expectación era inmensa y los parientes adultos solían fomentar esa ilusión. El escenario se cogía con muchas ganas y aunque ya estando allí a veces daba la sensación de que no era para tanto a menudo lo achacabas a cierta inmadurez y tratabas de agarrarte a lo positivo. La novela está ambientada en el 93, cuando la magia se ha desmoronado y queda una gran sensación de vacío que encima se junta con una sequía gravísima.

 

¿Por qué los adultos seguimos hablándole a los niños con la misma afectación y elevando el volumen de nuestro timbre como si les habláramos a guiris que preguntan por la ubicación de la catedral de turno?

Supongo que por los mismos motivos, en parte porque pone nervioso no manejar su idioma, en parte porque se les quiere ofrecer una fachada impostada de bienestar y porque se subestima su inteligencia y eso da lugar a una actitud condescendiente. Se cree que el efecto es agradable pero no suele resultar así.

Elisa Victoria y Elvira Lindo, durante la presentación de su novela.

 

¿Seguimos sin querer entender a los niños o simplemente nos preocupamos sin más de imponer nuestros criterios de adultos?

La mayoría de adultos que comprenden realmente a los niños les hablan en un lenguaje honesto que ellos puedan asimilar, son capaces de mantener conversaciones muy interesantes sobre montones de asuntos y alguna vez incluso de calmar sus ansiedades cuando se presentan. La gente que no los entiende no es que no quiera hacerlo, no suelen tener mala intención, sólo se preocupan de intentar que a los niños les vaya lo mejor posible y piensan que imponerles reglas y criterios que consideran acertados de manera irracional para la supervivencia va a funcionar. No son conscientes de que eso les deprime profundamente y de que con esa actitud pronto generan rechazo y alejamiento.

 

La Sevilla del 92 no es la de 2019 en cuanto a perspectiva de género, pero de aquellos incontables tics machistas siguen ardiendo numerosos rescoldos. En cambio, en Vozdevieja el matriarcado impone sus reglas sin concesiones. Un contraste brutal, ¿no cree?

En el entorno más cercano de la protagonista las mujeres tienen el control de la situación, pero eso no significa que manejen el mundo más allá de su propia familia, la protagonista aprecia la desigualdad que se da a nivel general en la sociedad, es consciente de ello y se manifiesta preocupada e incómoda ante el asunto.

 

La relación de Vozdevieja con sus amigos nos hace tomar conciencia de que a esas edades impera la ley de la selva con todas sus consecuencias. Así lo refleja en su novela, al menos. ¿Es así en la realidad?

Por lo que recuerdo y lo que he observado a lo largo de la vida me parece que sí, a grandes rasgos el ambiente infantil es muy impredecible, cruel y salvaje. Tiene sus propias normas y los niños encuentran sumamente inocentes a los adultos por no manejarlas, por creer que no existen y por considerarlas tonterías entrañables cuando en realidad son asuntos serios y oscuros. También puede ser una atmósfera espontánea y muy divertida como a la gente le gusta tanto pensar, es sólo que con frecuencia se niega o se olvida la parte siniestra que resulta crucial para comprender la complejidad de sus situaciones.

“Es tangible un cansancio de ciertos tipos de personajes y perspectivas que ya se han explotado mucho y hay ganas de conocer otros perfiles”

 

También coloca el papel del hombre en un segundo plano, muy al fondo. ¿Ha llegado el momento de decir basta a tanto protagonismo masculino, a la excesiva masculinización de las historias noveladas?

Para mí el género de los personajes en esta novela es una cuestión natural, no se trata de una decisión relacionada con factores externos. En cualquier caso creo que es tangible un cansancio de ciertos tipos de personajes y perspectivas que ya se han explotado mucho y hay ganas de conocer otros perfiles, otros puntos de vista, pero no considero que eso deba significar que dejen de tener interés los protagonistas masculinos por sistema.

 

Se declara admiradora de la literatura de John Fante. ¿Por qué?

 Porque se empantanó abriendo nuevos caminos en torno a las ramas literarias que más me interesan. Siempre mantuvo una escritura muy personal e independiente, nada pretenciosa y muy compleja al mismo tiempo, podía hacer que un texto resultara tan divertido como desgarrador, contar las cosas de forma sencilla y directa mientras se abrían multitud de capas sentimentales. Agradezco profundamente la forma en que retrató la dificultad de la existencia y su relación con un contexto concreto. Su melancolía me conmueve, su capacidad de observación de la realidad cotidiana me resulta admirable y su relación con la escritura me atraviesa el pecho.

 

1 Comentario

  1. a ls menores hay qe tratarles como personas potenciales no como tonticos qe no se enteran d nada pqe se enteran d todo
    y su inocencia les vuelve sinceros si no tienen nada d interees personal en el tema

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