La salud democrática de una nación, la calidad y solidez de sus instituciones, la seguridad legal de su sistema judicial y el grado de libertad e independencia de sus ciudadanos y ciudadanas, la igualdad real de todos y de todas, más la protección de los y las  más débiles, todos esos mecanismos que garantizan el Estado de Derecho tienen mucho que ver con la naturaleza ética del sistema político, los principios que inspiran el ámbito de lo publico y los mecanismos que controlan y persiguen la corrupción y la incoherencia  en cualquiera de sus formas. Todo un código de conducta que se edifica sobre valores tales como la honradez, la honestidad, la integridad, la lealtad, la ejemplaridad, la austeridad, en concreto, la VERDAD, siempre y todas aquellas circunstancias que el pueblo valora como imprescindibles para actuar en política y que no dependen de credos partidistas ni de sectarismos, sino que establecen un modelo de comportamiento del que mana confianza y credibilidad y que puede ser tomado como ejemplo por la sociedad en su conjunto, una especie de libro de estilo de la política al que los ciudadanos y ciudadanas puedan recurrir cuando sientan traicionada su representación, un conjunto de normas que regulan las relaciones que deben existir entre los políticos las políticas y sus representados y representadas, bajo la mirada escrutadora de unos medios de comunicación libres, vigilantes y atentos a cualquier abuso de poder,  conscientes de su propio poder y celosos de su responsabilidad.

El desarme moral al que asistimos, la impotencia ciudadana ante cualquier desafío colectivo, ese pesimismo que hace mella en la lucha cotidiana y que nos lleva incluso a buscar fuera las soluciones que somos incapaces de encontrar por nuestros propios medios, indican muy a las claras qué está ocurriendo y cómo la crisis económica ha pasado a ser sistémica, arrojándonos a un abandono y a una desidia tal que solo puede anticipar el estallido social que se avecina.

Todas las revoluciones se sustentan en una base ideológica capaz de elevar el pensamiento por encima de la realidad, aportando soluciones a los problemas que reclaman un cambio, la transformación profunda de las estructuras sociales. Todos esos mitos que hemos construido y glorificado sobre un pedestal no resisten el más mínimo análisis histórico. Vistos con perspectiva, nunca perduraran en nuestra memoria. Son ídolos con pies de barro. De ahí́ esa carencia absoluta de liderazgo que nos conduce incluso a depositar todas nuestras esperanzas en un colectivo anónimo que a la postre solo pone de manifiesto nuestra propia impotencia para encontrar respuestas. Son precisos héroes o heroínas como los clásicos, capaces de grandes hazañas, que traigan un poco de esperanza y nos arme con la fuerza de la determinación ante un  destino esquivo que nos hace desgraciados. Sin la constancia de su compromiso legendario andamos huérfanos de conciencia y dignidad, sobre rastrojos de una democracia de baja intensidad, miedosa y cobarde, atemorizada por los poderes facticos que la someten a su antojo y voluntad. Como debiera ocurrir con los políticos y políticas, esos héroes y heroínas de la antigüedad provocaban división de opiniones, polémica, tenían seguidores y detractores, pero nunca renunciaban a su magisterio y eran respetados por todos, tenidos como referencia de lo que debe ser, consultaban antes de decidir, rendían cuentas y hacían de la transparencia una seña de identidad.

Necesitamos nuevos héroes y heroínas que lideren la lucha contra la demagogia, la manipulación, la deshonestidad y la incoherencia. Necesitamos hombres y mujeres valientes, que se anticipen, que creen oportunidades, que no caigan en el desanimo y que crean que no hay metas imposibles.

Apúntate a nuestra newsletter

3 Comentarios

  1. Qué cosas dice Don Manuel: dice qué hacen falta valientes qué hace falta verdad si hace falta de ética y moral!
    Pues va a ser qué esta sociedad está apoltronadanada justamente en lo contrario es decir en los antónimos de esos adjetivos qué usted desearía que imperasen.
    Una sociedad adormecida y anestesiada que no reflexiona sobre la deriva a la que nos estamos dejando ir, permite que cualquier intento de clamar por justicia y la verdad por parte de algún ser humano; rápidamente sería techado de un orate o alucinado.
    Como dice creo recordar un dicho que decía algo así como: !Una vez hubo uno y se le comió un «chon»!.

  2. El país esta definitivamente desconectado de la verdad y lo esta porque una pequeña parte entiende y una gran parte intuye que cualquier renovación, cualquier verdad, cualquier esfuerzo colectivo pasa necesariamente por desmontar todo el edificio «que nos hemos dado» descabalgando definitivamente a una oligarquía depredadora, insana y mortal, e integrarnos de cabeza y sin reservas a una Europa, que de no hacerlo, nos terminara abandonando no sin antes habiendo pagado lo que ya no podemos pagar.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre