No puedo con la muerte de Sara. No soporto pensar en el sufrimiento de esta niña de cuatro años. Y no soporto el desamparo institucional que ha padecido y por el que no se pudo salvar su vida. La pequeña murió a primeros de agosto en Valladolid por maltrato y agresión sexual, presuntamente, de la pareja de su madre, que, también presuntamente, lo consintió.

A 24 horas de que los Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León le quitaran a su madre la custodia, murió asesinada. Justo al día siguiente de ingresar en el Hospital Clínico de Valladolid con con una parada cardiorrespiratoria y un golpe en la cabeza. Después, supimos que también había sufrido abusos sexuales.

Su madre y la expareja de ésta están en la cárcel. Cuando informan a la madre de que le quitan la custodia–sentada junto a la cama del hospital donde ya Sara era diagnostica de muerte cerebral- ya nada se puede hacer por su vida.

Había informes médicos, llamadas de los tíos de la niña a la Policía, había indicios claros de que Sara no estaba bien atendida, pero la consejera de Familia e Igualdad de Oportunidades de la Junta de Castilla y León, Alicia García, comparecía ayer en las Cortes altiva y firme para defender a su Consejería y a los trabajadores “a los que no hay nada que reprochar”-dijo.

La consejera –de la que me consta un serio compromiso contra la violencia de género- no ha estado a la altura. Su intervención de ayer debería suponer el fin de su carrera política. No lo ha pedido la oposición –ni el PSOE ni Podemos– por miedo a que les llamen oportunistas en un tema tan delicado y doloroso. Pues bien, se equivocan ambos partidos y demuestran que, con la memoria de Sara, tampoco han estado a la altura. Y ésta es la tragedia de Castilla y León: una Administración ineficaz y una oposición dormida. El PSOE ha dado en los últimos 30 años sensación de estar cómodo en la oposición. Parece que Podemos tampoco planta batalla. Al menos, no con Sara.

Si ayer la consejera –o mejor si desde el día siguiente de la muerte de Sara– hubiera dado la cara, reconocido errores, reforzado protocolos y personal para que algo tan terrible no volviera a ocurrir, yo hubiera aplaudido a Alicia García. Pero ayer, que seguí en directo su comparecencia, sentí vergüenza de la Administración que nos representa.

Sara era una niña de cuatro años inocente, que merecía vivir y tener una oportunidad que la vida le había robado. Y, cuando lo más elemental falla, para eso está la Administración, los Servicios Sociales y los políticos, que deben ser garante de la igualdad de derechos, la seguridad y la protección de una niña de cuatro años.

La consejera no es responsable del sufrimiento y asesinato de Sara, pero sí del desamparo que sufrió la pequeña a la que se podría haber salvado. El rimbombante nombre de su Consejería: Familia e Igualdad de Oportunidades debería haberle dado alguna pista a la política del PP.

Espero que Alicia García, tan altiva y segura de sí misma ayer en su comparecencia, tenga conciencia y sobre ella pese el desamparo institucional y administrativo de Sara. Que así sea.

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4 Comentarios

  1. Es difícil de entender que la consejera se presente altiva ante la muerte de Sara. Es grave, muy grave…

  2. K vergüenza de gobernantes donde es ta la protección del menor a bria k condenar junto a novio de la madre k es el asesino la madre cunpable por permitirlo y los res ponsables de la administración tan bien loson

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