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Sánchez puede provocar la ruptura de la coalición por frenar las leyes clave de la izquierda

Las líneas marcadas por Unidas Podemos en referencia a la reforma fiscal, la ley de vivienda, las pensiones o el salario mínimo están provocando un freno a las negociaciones de los Presupuestos Generales del Estado por la oposición furibunda que se está aplicando desde el sector socioliberal

José Antonio Gómez
Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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La negociación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) está sacando a la luz las grandes diferencias entre el modo de entender las políticas progresistas por parte de una parte del PSOE, presidente incluido, y de Unidas Podemos.

El Ejecutivo de progreso está ahora recogiendo los frutos del poder que Pedro Sánchez le ha dado al sector neoliberal en lo referente a las políticas económicas. Ahora el dúo Calviño-Escrivá están extremadamente empoderados y se están convirtiendo en el mayor escollo para que los PGE adopten un camino realmente de izquierdas.

Pedro Sánchez consiguió ganar dos elecciones gracias a las pequeñas medidas de justicia social que aprobó desde que accedió a la Moncloa tras la moción de censura a Mariano Rajoy. Esa acción de gobierno provocó que muchos votantes de izquierdas desencantados con la socialdemocracia cómplice del capitalismo que había imperado en el PSOE en la última década, sobre todo tras la nefasta respuesta a la crisis económica durante la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, retornaran. Sánchez prendió una antorcha de esperanza en millones de personas que siguieron el haz de luz.

Sin embargo, tras alcanzar el acuerdo de coalición con Unidas Podemos, Sánchez entregó el poder de las políticas económicas, las que realmente afectan al bienestar de las clases medias y trabajadoras, a un grupo de neoliberales convencidos que han impedido que las profundas reformas económicas que necesita el pueblo se apliquen.

En esto también ha tenido que ver la falta de energía o de iniciativa del socio de gobierno que no ha sabido calibrar el poder que realmente tienen de condicionar de manera absoluta a un presidente cuyo único objetivo es permanecer en la Moncloa al precio que haga falta, traicionando, incluso, a quienes le ayudaron a alcanzar, en primer lugar, el poder interno y, en segundo término, la Presidencia del Gobierno.

Ahora ha llegado un momento crucial. Unidas Podemos está detectando el desencanto de sus bases respecto a su influencia en adoptar las medidas de justicia social necesarias. Faltan apenas dos años para el final oficial de legislatura, que no tiene por qué ser el real, y Unidas Podemos, tanto Yolanda Díaz como Ione Belarra, sabe que es el momento de apretar para recuperar lo perdido, que ha sido mucho.

El dúo Calviño-Escrivá están apretando para que las medidas que Podemos está poniendo como condición irrenunciable para alcanzar un acuerdo para los PGE se queden en nada porque afectan a los representantes del capitalismo más cruel.

Hay tres puntos principales de discrepancia. En primer lugar, Podemos está presionando para que los presupuestos contengan una reforma fiscal para modificar tanto el impuesto de patrimonio como el de sociedades para que tanto las grandes fortunas como las grandes empresas y multinacionales tengan un tipo mínimo y no puedan eludir impuestos amparándose en un sistema fiscal injusto.

En segundo término, está la ley de la vivienda que lleva siendo el caballo de batalla prácticamente desde el inicio de la legislatura y por la que aún no se ha logrado un mínimo consenso porque, mientras los socialistas prevén incentivos fiscales a los propietarios de las viviendas, Podemos exige que los grandes tenedores, especialmente bancos y fondos buitre, sean castigados si no ponen esas viviendas en el mercado público de alquileres.

Por último, aunque se ha aprobado recientemente una subida del salario mínimo interprofesional, Podemos exige que alcance una serie de objetivos antes del fin de la legislatura, es decir, que se acerque al 60% del salario medio.

Todas estas medidas justas deberían ser apoyadas sin esfuerzo por Pedro Sánchez. Sin embargo, no es así y se mantienen los principios socioliberales que, finalmente, son los que acaban triunfando en esta legislatura.

El temor de la parte socialdemócrata del PSOE es que si se aplican esas medidas propuestas por Podemos esto repercuta en la creación de empleo porque los empresarios impongan el chantaje de los puestos de trabajo para que se mantengan las actuales legislaciones que son contrarias a los intereses de las clases medias y trabajadoras.

Sánchez, además, mira cada vez con más recelo a Yolanda Díaz. Sabe que su gestión en el Ministerio de Trabajo, aunque insuficiente, está despertando la admiración y la esperanza de, no sólo el electorado a la izquierda del PSOE, sino, incluso, dentro de la militancia socialista que está cada vez más decepcionada con su líder.

Tal vez este ataque de celos o el miedo a tener a un enemigo fuerte en casa esté haciendo que Sánchez no dé los pasos necesarios para cumplir en el ámbito laboral con lo que se comprometió a hacer cuando estaba en la oposición o que recoge el pacto de gobierno. Ya han pasado más de 3 años desde que el secretario general socialista llegó a la Moncloa y no ha movido ni un punto de la reforma laboral de Rajoy. Esto está permitiendo que las grandes empresas y, sobre todo, los bancos estén despidiendo de manera indiscriminada a decenas de miles de trabajadores a pesar de obtener miles de millones de beneficios.

Por otro lado, la modificación de la jornada laboral a 35 horas semanales y al cumplimiento estricto de jornada para evitar las horas extra impagadas se ha encontrado con la oposición furibunda del sector neoliberal del Gobierno, algo que no habría sido posible sin el apoyo de Pedro Sánchez.

Finalmente, Yolanda Díaz está exigiendo que se aumenten los recursos de la Inspección de Trabajo. Los empresarios se oponen a esto porque se les acabaría el chollo de seguir explotando a sus trabajadores, sobre todo en sectores con una importancia capital para el PIB.

Ni Yolanda Díaz ni Ione Belarra pueden permitir una «bajada de pantalones» como la de la negociación de los PGE de 2021. Es cierto que la situación era distinta, con un escenario marcado por la pandemia y la paralización de la actividad económica. Sin embargo, ahora no pueden dejarse «mangonear». El pueblo está más pendiente de esta negociación de lo que desde los altos picachos del poder se piensa. Hay mucho en juego y un Ejecutivo de izquierdas progresista no puede resultar vencido por los representantes del capitalismo inhumano y cruel, por muchos chantajes que se hagan con, por ejemplo, el freno a la creación de empleo.

Sánchez, con un Congreso Federal en ciernes, donde los conceptos ideológicos están a flor de piel, no puede ceder una vez más a las pretensiones de los poderosos. Hacerlo sería injustificable, incluso si se pusiera como excusa la razón de Estado, esa  expresión tan perniciosa que utilizan los socialdemócratas cómplices para justificar sus claudicaciones a las élites. La razón de Estado es el bienestar del pueblo, no del 0,1% de la población. Sánchez está obligado a entender esto, si no provocará la ruptura del Gobierno de coalición.

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3 Comentarios

  1. ni socialista ni obrero uno mas que miente ojala en unas proximas elecciones salga yolanda diaz y parte del pueblo analfabetos ppoliticamente hablando se den cuenta de por ejemplo lo que hace AYUSO en MADRID centros de salud cerraros o parcilmente centros de educacion publica ya apenas existen piden voluntarios mayores para cuidar a otros mayores cuando lo que tienen que hacer es contrata a trabajadores sociales el pozo de vallecas van jovenes del pp pegando carteles en centros deportivos bares etcetc pidiendo a esos voluntarios vergonzoso y si no paramos a estos mal nos a a ir

  2. A mi hay días en los que me cae muy mal y otros que si lo pesco lo «inchoaostias» por mamón. Yo no tengo dudas: Es facha. Y Casado me cae mal porque es un cabrón inculto, pero no por ser un facha, cosa que entiendo su condición como líder del PP. Yo tengo amigos fachas y ya de saludo les llamo hijos de puta, me responden en forma idéntica y tan campantes todos. Es su legítima opción y de castigo ya me tienen que aguantar, pero no tengo amigos con personalidad múltiple ni un discurso según para qué ocasión. No soporto la debilidad mental y argumental. Ya sabéis; todos los penaltis a favor son claros y en contra cuando menos dudosos.

  3. Denegar el apoyo a un partido de Sánchez, seria, en este momento, romper la baraja. Creo que el Sr. Sánchez lo sabe y, sabe que la inteligencia y honestidad de la izquierda, que le puso en el poder, no se arriesgara a tal cosa. Teniendo como alternativa a la extrema derecha. El eslogan «con ciudadanos no, con Podemos si» ha dado sus frutos. Puede que ya sea hora de dejar de regar el árbol que no da los frutos necesarios para seguir manteniéndolo.

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