Foto: Agustín Millán

Cuando estalla la violencia, la verdad es la primera víctima y al pacifista se le cuelga el cartel de traidor. Siempre fue así. Basta comprobar lo que le ha ocurrido a Gabriel Rufián este fin de semana, cuando bajó a las trincheras a tratar de poner calma y cordura entre los airados cachorros de Torra. No tardaron ni cinco minutos en abuchearlo y tacharlo de “botifler” (traidor en catalán), de modo que al brillante y joven político de ERC no le quedó otra que agachar la cabeza y volverse para Madrid. Pedro Sánchez, al pretender actuar con proporcionalidad y mesura en la crisis catalana, también se ha visto atrapado entre los dos fuegos rabiosos, entre los dos volcanes nacionalistas. Por un lado está la siempre africanista y exacerbada derecha española, los Rivera, Casado y Abascal, que le piden mano dura (y hasta durísima) contra Cataluña. En el otro flanco está Torra El Esloveno con su ejército infantil, esas milicias formadas por cachorros y brigadas de anarquistas extranjeros que mediante el sabotaje, la violencia y el caos pretenden chantajear al presidente del Gobierno y forzarlo a firmar un referéndum de autodeterminación.

Ambos nacionalismos se necesitan y se retroalimentan para seguir existiendo en su espiral de odio. Ambos nacionalismos viven el uno del otro. Rivera, que no debe entender demasiado de separación de poderes ni ha leído a Montesquieu (tampoco le importa para su estrategia de crispación permanente) quiere “meter en la cárcel a quienes intenten romper España”, como si estuviera en la mano de un político dictar una orden de ingreso en prisión y como si hubiera cárceles suficientes en el país para recluir a dos millones de independentistas. A su vez, Casado sigue haciéndole el mobbing al presidente del Gobierno, día sí, día también, para que aplique ya el artículo 155, la Ley de Seguridad Nacional, la Ley de Cuerpos y Fuerzas del Estado y la Biblia en pasta. Qué diferencia con aquel PSOE que se puso de lado de Rajoy cuando, llegado el momento, hubo que aplicar el temido artículo de la Constitución.

Y de Abascal qué se puede decir: llegó a la política en el papel de agitador de barra de bar para terminar de destruir lo poco bueno que queda de democracia en España y va camino de conseguirlo (las encuestas le dan un subidón de escaños el 10N que ni él mismo se esperaba). Lo último es que ha exigido a Moncloa la declaración del Estado de excepción en Cataluña, o sea la Legión desfilando por la Diagonal, con cabra y todo, una propuesta descabellada que tendría consecuencias dramáticas y situaría al país al borde de una confrontación civil.

En general, el trío de Colón sabe que ha llegado su momento. A falta de un proyecto sensato para España solo le queda apelar a los instintos básicos para pescar votos entre los españoles aterrorizados o cabreados por el histórico brote de violencia en Cataluña. Pero mientras la derecha nacionalista aprieta a Sánchez, Torra hace lo propio desde su castillo gótico, donde domina el reino de fantasía multicolor, dragones, unicornios, fanfarrias y multitudinarios juegos florales que ha levantado en apenas cuatro días. El honorable, tras enviar a sus comandos de colegiales, utópicos anarquistas y gamberros a morir a las trincheras en la guerra contra los antidisturbios, se dedica ahora al género epistolar y no para de enviarle cartas a Sánchez (no correspondidas) en las que le invita a regresar a la senda del diálogo. El cinismo de Torra no tiene límites. Por la noche ordena quemar Barcelona de arriba abajo y por la mañana reclama negociación. En realidad las misivas del líder-activista no tienen otro sentido que poner en jaque al presidente del Gobierno, al que sabe presionado y apurado por la inminencia de las elecciones.

Torra no piensa condenar la violencia desatada, entre otras cosas porque es él mismo el jefe de los CDR y quien marca los tiempos de la barricada, el adoquinazo, la pedrada al policía y el saqueo de comercios. Pero la celada es magistral, ya que pone entre la espada y la pared a Sánchez y le deja sin margen de acción a pocas semanas de los comicios. ¿Qué hace ahora el presidente socialista? ¿Aplica el 155 como le pide la derecha nacionalista española o se sienta a negociar la paz con Torra? Cualquiera de las dos salidas a esta encrucijada maldita es nefasta para el presidente en funciones. En ambos casos pierde, ya que se trata de medidas impopulares, cómo se está empezando a ver en las encuestas. El PSOE, que iba como un tiro antes de estallar la Semana Trágica, empieza a perder fuelle en los sondeos. Y mientras se revuelve y se retuerce en esa tela de araña que le han tendido sus enemigos, Vox crece poco a poco y el independentismo catalán se hace más fuerte en las calles. El escenario soñado por los extremistas de uno y otro bando, que en su ceguera ya no ven otra cosa que el verde y amplio campo de batalla en el que terminar de dirimir sus viejas rencillas seculares.

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7 Comentarios

  1. Tuvo en su mano la opción de formar gobierno con UP y encarar la sentencia de los encarcelados políticos con otras opciones más reales que su demagogia y postureo. Ahora después de perder Madrid y perder Comunidad de Madrid , y de nuevo y por tercera vez con la ayuda del tonto útil de Errejón, perderá España o sea el país (no el del grupo Prisa).
    Bueno, siguiendo los consejos de Felipex (cal viva) y Aznar (trio Azores) bien asentados tras sus puertas giratorias puede juntarse el PxxE con el resto de derechas y se van poco a poco despejando las xx.

  2. ¿Que Torra manda a sus cachorros a la trinchera? De qué estás hablando?… Jefe de los CDR? Pero tu sabes qué son realmente los CDR? Por favor, un poco más de información in situ. Qué fácil es repartir culpas desde lo alto o desde lo lejos…

  3. En lo que respecta a las protestas juveniles y a las intenciones del President Torra, el autor del artículo no acierta ni una. Pero el PsoE sigue adelante con el plan Zona Especial Norte, sin darse cuenta que ya no sirve.

  4. Creía que toda la gente que escribía en este periódico, era seria y comprobaba sus fuentes e informaciones antes de escribir. Pues bien, ya he descubierto a la excepción que confirma la regla.
    En cuanto a los comentarios sobre los cuatro partidos de la derecha española, (con tintes más fascistas unos que otros, eso es cierto) quiero suponer que está bien informado y lo que expone emerge de un estudio sincero de los datos.
    En cuanto a Torra, suscribo muchas de las cosas que dice, pero hay datos que se ha inventado directamente el autor del escrito. ¿Brigadas anarquistas extranjeras? ¿en serio? ¿activista y jefe de los CDR?, vamos a ver, querido amigo, ¿cuanto tiempo hace que no viene a Catalunya? la violencia es cierto que en ocasiones la destapan los manifestantes, pero hay multitud de vídeos que demuestran que la policía infiltrada provoca con sus acciones la respuesta desatada de sus compañeros, que cargan con saña inusitada, contra gente en muchas ocasiones sentada en el suelo(postura muy difícil para ejercer la violencia).
    Por tanto que incluya a Torra como generador de problemas, totalmente de acuerdo y que no debiera ocupar el lugar que ocupa, también de acuerdo, pero creo que actualmente es mucho más pirómano Sánchez con sus desprecios a los catalanes (según creo todos los catalanes contribuyen a los presupuestos que pagan su sueldo).
    Los partidos de las derechas, con sus pérfidos líderes, surgidos de la oscuridad, donde permanece oculto el ser maléfico que mueve los hilos (Aznar), acabarán provocando una desgracia en España y Sánchez será culpable por no imponer un diálogo.

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