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Normalmente, en casa vamos a la compra a principios de semana. Así lo hicimos esta también. A mitad, empezó a cundir el pánico y empezasteis a arrasar con todo lo que había en los supermercados. A pesar de que nos han dicho por activa y por pasiva que no va a haber problemas de abastecimiento… ahí estabais, haciendo el papel de vuestras vidas, en tropel: orgullosamente CArGADOS de rollos y rollos de papel higiénico.

Esta mañana tuve que salir de casa temprano. A las 8.40 ya había gente esperando a las puertas de Mercadona. Cuentan que ayer se colaban por debajo de la persiana metálica antes de que el trabajador del supermercado la abriese completamente. En otro municipio, me aseguran, tuvo que ir la Guardia Civil a poner orden. Hoy, uno de los trabajadores estaba en la puerta, hacía las veces de guardia de seguridad: dejaba salir a 10 y entraban otros 10. Como llovía, tuve que parapetarme allí unos minutos.

«Es que, como no sea así, no se mantiene ni siquiera la distancia de seguridad entre personas que se nos ha pedido», me comentó. «Lleváis así ya tres días, ¿no?», pregunté. «En dos días hemos vendido las existencias de dos meses. Si la gente hubiera comprado con normalidad, no habría ningún problema… Estamos preparados para ello.». En ese momento, sale una señora meneando la cabeza de un lado a otro, con un gesto entre la incredulidad, la indignación y la preocupación: «No quedan pañales de la talla que necesito…». Mi cabreo aumenta por segundos. Eran las 10.00. Habían abierto hacía una hora.

Camino de nuevo a encerrarme en mi casa otra vez, rumio estas palabras y me digo «de broma»: «Si no nos mata el dichoso coronavirus, nos extinguiremos por deméritos propios, por este comportamiento demencial.». Quizá necesitemos ver que un familiar o alguien cercano está ingresado o incluso -permítanme la hipérbole, pero más hiperbólico está siendo el comportamiento de muchos- ver morir a alguien en una esquina… Nos estamos coronando bien. ¡Maldito virus (de la individualidad, la insolidaridad, la insensatez, la imbecilidad)!

Se sigue oyendo que hordas de irresponsables -aquí debería ir la palabra «ciudadanos», pero, lo siento, es un traje que queda muy grande a muchos- vienen a las playas andaluzas y del Levante. Sigo viendo a gente en terrazas. Sigo viendo a gente con el carro hasta los topes que se saluda con dos besos… Y siguen viéndose mensajes que relativizan lo que ocurre; los menos, eso sí. No quiero ser apocalíptico, pero sí serio: dejemos trabajar a los dependientes de supermercados, no abusemos de las urgencias, dejemos trabajar a los sanitarios. ¡Hagámosles caso!

Llegando a casa, encontré la explicación a algo que me tenía intrigado desde hace días: ¿Para qué tanto papel higiénico? Ya, ya sé: porque vuestra única preocupación es SALVAR VUESTRO CULO. Además, con tanto comer, entiendo que hay que «digerir» mucho y, por tanto, defecar bastante. Pero, la mierda, amigos (la metafórica, claro), no está en vuestras posaderas.
Mientras «digiero» todo lo que ocurre -o lo intento-, entre lo mucho que me pasa por la cabeza, concluyo con tres cosas: 1) Esto va a cambiar la Humanidad; 2) Seamos serios, por favor, seamos solidarios, por favor. Con todo lo que implican las palabras seriedad y solidaridad. Actuemos, a partir de ahora, con sensatez; y 3) Quiero seguir viajando, riendo, bailando, cantando, tomando cervezas al sol, quedando con amigos, yendo a conciertos…

… VIVIENDO, ¿tú no?

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