«La Corte Real llora la muerte de Su Alteza Real…, quien falleció esta mañana en la Mayo Clinic de los Estados Unidos de América». Eran las palabras con las que el emirato de Bahrein anunciaba el pasado 11 de noviembre el fallecimiento de su primer ministro, el príncipe Jalifa bin Salman Al Jalifa, después de haber estado ingresado durante varias semanas en la conocida clínica de Minnesota. El tío del rey Hamad llevaba medio siglo al frente de la gestión del pequeño reino y se le considera el artífice de su diversificación económica. Defensor acérrimo del gobierno dinástico, aplastó sucesivas revueltas de la comunidad chií y se mostró beligerante contra la Primavera Árabe.

Miembro de una dinastía suní que gobierna una población mayoritariamente chií, Jalifa vivió con especial inquietud la Revolución iraní de 1979. Como el resto de países de la península Arábiga, los Al Jalifa temieron que los clérigos chiíes pudieran agitar a sus ciudadanos chiítas, que tradicionalmente habían sido relegados a un segundo plano en el país. De hecho, Bahrein denunció dos intentos de golpe de Estado pro-iraníes entre 1981 y 1986 y Jalifa reprimió con mano de hierro la sublevación chií de la segunda mitad de los años noventa que pedía reformas políticas y económicas. El resultado de ello fue que miles de activistas terminaron en la cárcel o en el exilio. La promesa constitucional tras la llegada de Hamad en 1999 permitió el regreso de muchos de ellos y alentó las esperanzas. Posteriormente, la Primavera Árabe de 2011 puso en evidencia los límites de este acercamiento.

El príncipe heredero y nuevo primer ministro Salman Bin Hamad intentó mediar con los manifestantes e invitó a sus representantes a iniciar un diálogo formal. Además, el 13 de marzo de 2011 articuló los llamados “siete principios” que guiarían este diálogo nacional. Los supuestos esfuerzos de Salman Bin Hamad por alcanzar un acuerdo con la oposición bahreiní, le granjearon una fama internacional de reformista y moderado. Sin embargo, es importante ser cautos, ya que es más fácil pasar por alguien moderado cuando no se tiene poder que cuando se tiene. Por ello, los próximos años serán claves para determinar si realmente Salman Bin Hamad es tan moderado y reformista como la comunidad internacional lo cree desde 2011.

Lo que sí se sabe ahora mismo es que Salman Bin Hamad no es tan diferente del resto de los Al Jalifa. Al igual que una gran parte de ellos, ha sido acusado por corrupción, por uso indebido de fondos públicos y por intentar blanquear las violaciones de derechos humanos del reino. De hecho, Salman Bin Hamad es conocido en España, ya que es uno de los hombres que hay detrás del fondo de inversión “Infinity Capital” que adquirió los derechos del Córdoba CF en 2019.

Esta inversión deportiva fue realizada por el Gobierno de Bahrein con dinero público para mejorar la imagen intencionalidad del Reino. La familia real de Bahrein ya ha utilizado esta técnica de blanqueamiento deportivo (sports whitewashing, en inglés) con anterioridad. En el año 2002 el reino de Bahrein firmó un contrato a largo plazo para acoger una carrera de Fórmula 1 en su territorio nacional. En el año 2004 se disputó la primera carrera del Gran Premio de Bahrein. 11 años más tarde, la familia real de Bahrein volvió a replicar la exitosa fórmula y fundó uno de los mejores equipos de triatlón del mundo. Decidieron llamarlo Bahrain Endurance 13, que casualmente es de la misma manera por la que se conoce a trece destacados activistas y presos políticos que jugaron un rol importante en la primavera árabe de 2011. Dos años después, la familia real de Bahrein se hizo con el Córdoba CF y en 2020 con el control del Paris FC. Todas estas adquisiciones forman parte de un plan premeditado para, por una inversión relativamente pequeña, lavar y blanquear la imagen del Reino de Bahrein y desviar la atención mediática sobre sus graves violaciones de los derechos humanos.

Como conclusión, frente a los que ven la ascensión del príncipe heredero, Salman Bin Hamad, como una oportunidad para la modernización y regeneración del régimen, desde ADHRB recomendamos prudencia. Es muy fácil pasar por moderno y reformista cuando se está alejado de la toma de decisiones. El tiempo dirá si Salman Bin Hamad es realmente un rara avis con ansias regeneradoras o un producto del marketing político. De momento, lo que se sabe es que Salman ha sido acusado por corrupción, por uso indebido de fondos públicos y por intentar blanquear las violaciones de derechos humanos de Bahrein a través de la compra del Córdoba CF.

Husain Abdulla, presidente de la ONG Americans for Democracy and Human Rights in Bahrein (ADHRB) ha declarado a este medio que «Salman bin Hamad Al Jalifa es el oficial más corrupto no sólo del Gobierno bahreiní, sino también de todos los Al Jalifa. El nombramiento de Salman como Primer Ministro siendo este ya el Príncipe Heredero es una estrategia para consolidar el poder y para que la dinastía de los Al Jalifa ejerzan un control total sobre Bahrein. Salman estaba y está en control de más de mil millones de dólares que ha recibido de Kuwait, Arabia Saudí y de los EAU como paquetes de ayuda para asistir a la economía aliada de Bahréin. Aunque la tasa de corrupción durante la gestión de Salman ha aumentado de manera exuberante, no existe ningún tipo de mecanismo de transparencia o de rendición de cuentas en la gestión de estos fondos. Salman también ha usado fondos públicos no sólo para enriquecerse personalmente, sino que también para adquirir clubs de fútbol en Córdoba y en París para blanquear el realmente perturbante historial de violaciones de derechos humanos de Bahréin».

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