Para el psicólogo y escritor Gabriel J. Martin no hay mejor manera para liberarse de la homofobia interiorizada que a golpe de lectura. Por eso le ha cogido gusto y tras publicar El ciclo del amor marica y Quiérete mucho, maricón vuelve a la carga por tercer año consecutivo con Sobrevivir al ambiente un libro que a modo de brújula usa el humor y la ironía para mostrar el ambiente gay. “En él explico, de la mano de las divertidas ilustraciones de Sebas Martin, que los prejuicios sobre el ambiente convierten en arriesgado un viaje que, en realidad, puede resultar sumamente gratificante”, explica a Diario 16.

“Los techos de cristal para los homosexuales son más frecuentes en partidos de derechas con influencia de la Iglesia pero que no son inexistentes en el resto de partidos”

Y es que si su último título anima a algo es a ponerse las pilas y salir del armario. “La homofobia interiorizada está, precisamente, detrás de esos prejuicios que nos arruinarán ese viaje tan gratificante. Además, el armario te impide sentir la compañía. ¿Cuál es la diferencia entre un amigo íntimo y un simple conocido? Que, con el amigo íntimo, compartes intimidades. Si tú no compartes tu intimidad con nadie, siempre sentirás que te encuentras rodeado de simples conocidos ¿y cómo se siente alguien a quien solo rodean simples conocidos? Profundamente solo. Por eso es tan importante desprenderse del armario. Es una cuestión de salud psicológica, de poder sentir el vínculo con los demás.

 

¿Cuáles consideras que son los kilómetros más difíciles de recorrer: el de dar el primer paso y reconocerse públicamente o el de esperar la respuesta de los otros?

El primer paso, el de aceptar la propia homosexualidad, es el de la inteligencia emocional: sé que mis sentimientos sexuales y románticos están dirigidos a otros hombres, eso me convierte en gay. Para la mayoría de personas es más fácil esto que esperar la respuesta de los otros. El miedo a la falta de aprobación, especialmente por parte de la familia, es un pavor que generalmente cuesta muchísimo soportar.

 

¿El colectivo aún es un gran desconocido por la sociedad en general y por los propios homosexuales?

Sí… ¡sí! Sin duda: sí. Los prejuicios y estereotipos pesan demasiado. Los entiendo, todos tenemos estereotipos sobre otros grupos sociales, es imposible conocer en profundidad a todos los grupos que conforman una sociedad diversa. Pero eso no puede impedir que nos acerquemos a los demás con ánimo de aprender de ellos y mucho menos justificar explicaciones distorsionadas por el estereotipo. Pongo el ejemplo de la salud sexual y de algo que he oído de forma literal como es la afirmación de que “los gais lo que quieren es follar sin preocuparse de nada”.

Cualquier sexólogo te diría que es humano que alguien quiera concentrarse en el disfrute de su sexualidad y, sin embargo, se nos sigue acusando de “despreocupados” si demandamos alternativas de prevención que sean más compatibles con el disfrute. Y sí: también muchos homosexuales siguen atrapados en esa visión simplificadora y estereotipada cuando deberíamos ser los primeros en entender que tenemos derecho a una sexualidad relajada.

 

¿Pesan demasiado los prejuicios de lo que es ser gay? ¿Los prejuicios se curan viajando?

En algunos casos los prejuicios pesan demasiado y acarrean consecuencias graves. A la mayoría de la gente que he conocido, sí que se les ha curado viajando y acercándose a una realidad que desconocían hasta entonces pero otros son (siguiendo la analogía) tan pueblerinos, que ni con viajes se curan. En fin: hay gente que está en este mundo para que en el mundo haya de todo.

 

En ese mapa reírse es el mejor antídoto. ¿Todos están preparados para reírse?

Obviamente no todo el mundo. El humor es una estrategia de inteligencia emocional pero se la considera poco seria (cuando es de las más eficaces). Los estados emocionales intensos de ansiedad (o vergüenza) nos distorsionan el pensamiento, impiden que podamos valorar las cosas objetivamente. Si pretendemos recobrar la objetividad, necesitamos generar una emoción antagónica, como la alegría, que apacigüe esa ansiedad (o vergüenza). Por eso el sentido del humor devuelve las cosas a su verdadera dimensión. Si todos supiéramos reírnos de la vida, seríamos mucho más objetivos. Por eso comenzamos el libro con una cita de Groucho: “No te tomes la vida demasiado en serio, no vas a salir vivo de ella”. Eso sí, obviamente me refiero a situaciones cotidiana, ante un drama humano no cabe sentido del humor sino tiempo para procesar el duelo. Pero pasear por el mundo gay no es ningún drama desde luego. Así que riamos.

 

¿Cuántos lectores te han pedido que devuelvas el dinero por estar descontentos con tu libro?

(Risas) ¡Spoiler! Al comienzo del libro advierto “Si eres un marica resentido o carente de sentido del humor, no sigas leyendo. Mejor pide en tu librería que te devuelva el dinero porque no serás capaz de captar ni la ironía ni el sarcasmo con el que lo hemos escrito (e ilustrado) y te enfadarás mucho con esta lectura. Evítate el mal rato”. Lo hago porque estamos en un momento en que la gente busca excusas para enfadarse casi por todo. De momento no se me ha quejado nadie sino todo lo contrario: la mayoría me ha dicho que encuentra “Sobrevivir al ambiente” lleno de verdades. La mayoría de la gente es maravillosa!

 

Criticas determinado asociacionismo militante y político ¿La política heteropatriarcal se preocupa y ocupa de vosotros como os merecéis u os tiene olvidados?

En realidad no es mi crítica, recojo lo que me cuentan los hombres gais que empiezan a moverse por el mundo asociativo. Pero es cierto que observo preocupado como algunos tacticismos políticos pueden llegar a bloquear iniciativas parlamentarias que serían buenas para todos los LGTB. Me inquieta que seamos fichas en ese tablero cuando los derechos humanos deberían estar por encima de cualquier juego entre partidos. Y sí, algunas políticas son heterocéntricas, como las antes mencionadas sobre la salud sexual, porque pretenden ofrecernos a nosotros medidas que están hechas “a la medida de ellos” y que, por tal razón, a nosotros se nos quedan cortas. También es heterocentrismo pensar que todos los colectivos funcionamos con los parámetros de la mayoría heterosexual y no querer aceptar nuestros propios baremos sobre el sexo, la pareja, etc.

 

¿Qué me dices de las redes sociales y de los maricones con vocación de porteras?

Las redes son un reto para todos, están modificando nuestros patrones comunicativos sin que la mayoría sepamos, explícitamente, qué es lo que hace que un mensaje funcione y otro no. Por eso nos sentimos tan perdidos cuando no conseguimos nuestro objetivo al usarlas. Sabemos que algo va mal pero no el qué. Y eso nos tiene desconcertados. A muchos gais les supone un malestar profundo que, cada vez más, la única forma de comunicarse con otros gais sea a través de estas redes que apenas saben manejar.

Aquí tenemos un problema pero también en el hecho de que las redes estén pobladas de personajes que trolean, mienten y enredan y que son capaces de amargarle la experiencia en redes a los demás. En el libro también explico que el ambiente es tan reducido que todos acabamos sabiéndonos la vida de todos y que no todo el mundo sabe llevarlo bien, especialmente cuando hemos sufrido las intromisiones en nuestra vida privada desde que éramos pequeños. No nos queda otra que acostumbrarnos a que todo Maricalandia sepa de nuestra vida ¡y tomárnoslo con humor!

 

Como tú dices ser “maricón no te hace ni bueno ni listo”. ¡Lo mismo que ser hetero, bi, trans.. ¿no?

Una frase que suelo emplear y que ya explicaba allá en “Quiérete mucho, maricón”. Se refiere a que el hecho de ser gay no presupone nada sobre la inteligencia ni la bondad de nadie así que no deberíamos sorprendernos por encontrar malvados o gilipollas (o ambas cosas a la vez) cuando nos relacionemos con otros hombres homosexuales, ¿por qué pensar que solo porque el otro sea gay va a ser buena persona o inteligente? En el ambiente te vas a encontrar de todo ¡no te enfades porque “de todo” incluya gente que no te gusta!

 

¿Cuál es la pos verdad del mundo gay?

¿Sólo una?, ¡encuentro tantas! Pero por resumir te diré que encuentro dos grandes posverdades: la que han creado los que nos miran con prejuicio y la que hemos creado nosotros mismos. Los que nos miran con prejuicio insisten en la promiscuidad. Ni somos más promiscuos que los heterosexuales jóvenes ni todo lo que nos sucede se explica por la promiscuidad. La soledad no se explica por la promiscuidad, la vulnerabilidad a las infecciones de transmisión sexual no se explica por la promiscuidad, la volatilidad de las relaciones afectivas no se explica por la promiscuidad pero los homófobos lo pretenden así. Y luego está la posverdad del sentimiento comunitario. No existe ese sentimiento. Y no sé de quién es la responsabilidad: si de los homófobos, si de la homofobia interiorizada, si de la desmovilización colectiva, o si es responsabilidad del siglo XXI y su foco en el individualismo. Pero que nadie venga al ambiente buscando comunidad. Encontrará amigos, muy buenos por cierto, pero no comunidad. Aunque de puertas para afuera hayamos sido capaces de hacer parecer que lo somos. Es la queja de muchos: falta sentimiento comunitario.

 

¡Mójate y dime un gay de renombre al que admiras y otro al que detestes!

Federico García Lorca al que me une el origen granadino y que a mi bisabuelo lo fusilaron en el mismo barranco que a él. Por Lorca siento una admiración sin final. Si no lo hubiesen asesinado, él hubiera sido el primer hombre de nuestra historia en hacer pública ¡y reivindicar! su homosexualidad… eso hubiera tenido un efecto revolucionario (Ian Gibson, Caballo azul de mi locura). Un personaje como él hubiera sido capaz de provocar un Stonewall en España treinta años antes de Stonewall. ¿Alguien a quien detesto? A algún cardenal que no acepta su propia homosexualidad y se dedica a lanzar soflamas contra el resto de homosexuales. Sí, exacto, ése cardenal en el que estás pensando.

 

¿Qué es mejor ser gay en el PP o en Podemos?

¿Sabes que esta es la pregunta más difícil de todas porque la respuesta está llena de matices? Intentaré ser sucinto: puesto que un gay puede nacer en cualquier clase social, vas a encontrar gais de todas las ideologías políticas porque los hay con todo tipo de intereses y condicionantes socioeconómicos. Cuando yo mismo he preguntado sobre ser gay y votar derecha, he obtenido respuestas bien elaboradas en muchos casos: “que un partido aprobase la ley del matrimonio no lo convierte mágicamente en el partido más eficiente de la historia para siempre jamás”, “a veces es más necesario priorizar el funcionamiento económico”, “los ultraconservadores no nos representan a todos los votantes de centro-derecha”… como ves son varias las formas de explicar el voto de un gay por un partido que se opuso al matrimonio homosexual en el parlamento. Pero si me preguntas sobre ser político y gay imagino que debe ser complicado asumir las contradicciones de pertenecer a un partido que lo mismo va al Orgullo que vota en contra de una ley LGTB. Te hago un matiz, si tu pregunta fuese “¿qué es más fácil…?” te contestaría que, hoy por hoy, los techos de cristal para los homosexuales son más frecuentes en partidos de derechas con influencia de la Iglesia pero que no son inexistentes en el resto de partidos.

 

¿Hay que dejar entonces de politizar la homosexualidad?

Pues ya que estamos con el tema político y andamos de confesiones, te confieso que a mí personalmente me haría muy feliz que dejásemos atrás la politización. Tanto la de negarse por sistema a profundizar en las leyes LGTB como la de utilizar lo LGTB para mostrar que el oponente es conservador. Muchas personas LGTB sufren cuando se ven utilizadas para rascar votos. La próxima generación agradecerá muchísimo que les dejemos este tema resuelto y que la diversidad sexual deje de ser uno de esos asuntos por los que pelean los partidos políticos. La LGTB es una cuestión de Derechos Humanos y estos derechos deberían darse por sentado en cualquier programa electoral. Y punto.

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