Antonio Medina descubre los fosfatos de Bucraa el año 1948 en la entonces África Occidental Española (AOE). Una década más tarde, el Gobierno español decide explotar esa mina, a cielo abierto, con el apoyo de tecnología alemana puntera. Tal trascendente decisión le acompañan un intento  programa de desarrollo frustrado,  y de repoblación de  pequeños centros residenciales, fundados por oficiales del Ejército español, como inicios de ciudades. Se emprende  una política que objetiva asentar a una población,  mayoritariamente beduina, en esas incipientes urbes en medio de la nada. En aquella época El Aaiún era la “ciudad” más poblada, con unos quince mil habitantes. Hoy en día sobrepasa los trescientos mil.

Uno de los más ilustres y sabios y programáticos jeques del desierto, EL M.M, lanza el grito al aire, y espeta: “cerrad ese agujero que  matará a nuestros hijos”. Sus palabras se las llevará el viento en ese momento, pero la historia retiene esa verdad tan meridiana. Surge la guerra, en medio del desierto, y mueren gentes de todos lados, mucha gente.

Es así como brotan  incipientes  movimientos de diferentes signos. Se convierte ese territorio en un tablero de luchas, y de fichas dependientes, entre la nebulosa, de la extinta Unión Soviética, Argelia, Cuba y otros, y  los Estados Unidos de América, Marruecos y sus aliados. Eso da lugar al nacimiento del Polisario, como brazo armado del socialismo armado en el desierto. Este establece su estrategia, convalidada por Argelia, en una serie de errores, que le costarían la pérdida de cerca de cuarenta y cinco años,  acostado, sin horizonte, en un pequeño trocito del territorio argelino. Allí se ensaña todo horror sin nombre.

Fundamenta su existencia en una batería, mal fundada, y lejos de la realidad. Se convierte en un partido político militar a la antigua usanza comunista. Niega  todo  tipo de disidencia, o de  opinión que no sea la suya. Su objetivo es crear una red internacional de gentes solidarias, que mayoritariamente, y con mis respetos más absolutos, no pueden distinguir entre un saharaui y un no saharaui. Su planteamiento descabellado  lo apoyan  académicos, activistas de salón, carentes de medios para distinguir entre uno y otro, y estos siguen  casi embobados por  esos bellos eslóganes, cantos de sirena, en medio del desierto, propios de la república de la  Isla de Utopía de Tomás  Moro.

Así, el Polisario crea su pueblo a su medida. Olvida delimitar sus fronteras y composición. Se atavía con el hasaní como dialecto, hablado en muchos lugares del desierto, y su arabismo no demostrado. Se crea su propia  diferencia distintiva,  de su “etnia”, que la propia ONU no  pudo determinar. Empero, sigue con su estrategia para marcar su  saharauidad, prestándose a un gentilicio confuso, propio de habitantes  de todo el Sahara, es decir, casi nueve millones de kilómetros cuadrados.

Lo dicho supone el  primer error cometido por parte de esa organización dirigida, esencialmente, por ciudadanos marroquíes, argelinos y mauritanos. Eso sí, casi todos tienen raíces tribales, de algunas de las tribus, que parte de ellas se asientan, en la ex provincia española número 53.

El segundo error consiste en el rechazo de la oferta de las autoridades españolas a finales del año 1974, para complementar el otro partido saharaui, el PUNS, y participar en una autonomía bajo la tutela  del Estado español. Nadie, por el momento, pudo explicar la pérdida de esa valiosa oportunidad.

El tercer error se produce cuando el propio Jatri Jumani, presidente de la Asamblea General del Sahara, en compañía del alcalde de El Aaiún, Bachir Abidin, se desplaza en persona a Ain Bintili  (puesto fronterizo) para parlamentar con el uali Sayed, secretario general del Polisario. Y le invita a negociar con los españoles. Y en respuesta, el uali  desenfunda su pistola, dispara un tiro al  techo de la jaima (carpa), y  grita: “con las armas arrebataremos la libertad”. El presidente de la Asamblea se levanta de la reunión y  le replica: “adelante con ella “ (refiriéndose al Sahara) .

Recordemos que la Asamblea General del Sahara era el único órgano representativo de los saharauis españoles habitantes del territorio. Es asimismo  un órgano electo democráticamente, a pesar del sistema franquista imperante en esos momentos.

Para paliar el fracaso de adhesión de la Asamblea General a su proyecto, el Polisario monta una cuantas carpas  en Bir lehlu, pequeña localidad fronteriza con Mauritania. Se organiza allí una pequeña reunión entre el uali, secretario general, con  un grupo de  chejs o representantes, que no pasan de la treintena, de un total de ciento dos miembros de la Asamblea General. Al final del encuentro, se da cuenta a la opinión pública de la disolución de  la Asamblea general. Lo cual no es verídico ni legal. Los allí reunidos solo son una escasa minoría . Simple. Este pequeño grupo de cheijs  se une al Polisario.

Tal reunión es explotada a lo máximo y pregonada, a los cuatro vientos, como un acto “grandioso” que  simboliza  “la unidad nacional”, llamada del 12 de octubre. Una unidad de saharauis que nunca tuvo lugar, a lo largo de su historia, y menos en tiempos turbulentos como esos. No es por azar ni por inocencia la coincidencia de esa estafa con el día de la Hispanidad española. Esa Hispanidad que nunca han querido reconocer.

De todos modos, la opinión internacional  asiste a una usurpación de representatividad de los saharauis sin percatarse de ello. Y el Polisario se proclama “representante único y legitimo del pueblo saharaui”. Se emprendeN campañas financiadas por Argelia y  Libia para  incrustar en las mentes de la gente su verdad: que todos los saharauis están en la Hamada de Tindouf.

Desde entonces el Polisario martilla el mundo con los mismos eslóganes. El es el “bueno”, Marruecos, el “malo”. Interpreta, a su modo, las  leyes internacionales, pretende que  están a su favor. Lo hace creer a muchas personas, impresionadas por esa perfecta y altisonante y nueva terminología revolucionaria,  que voltea a la verdad, y el significado real de esas leyes.  Es un medio muy eficaz para dominar y mantener en su órbita esas personas,  en mayoría analfabetas e iletradas, asustadas, afincadas eternamente en los campos de Tindouf .

Así se ha creado un mito embaucador que en realidad no es como aparenta. Tal estrategia descansa sobre una serie de objetivos que pretenden ocultar  o velar unas serie de verdades:

En primer lugar, la mayoría de los miembros de la dirección principal de Polisario no son del territorio disputado. Y ninguna revolución en el mundo ni pueblo triunfa con una dirección foránea al lugar pretendido. Las guerras no se ganan, y menos con una dirección dependiente, que desconoce la verdadera situación en la pretendida patria. Aquí, a mi modo de ver, es  donde fracasa el plan argelino para contravenir las políticas marroquíes en el territorio.

En segundo lugar, la primera acción llevada  por ese grupo, apoyado por Argelia,  es la práctica del terrorismo hacia los propios saharauis y los canarios, en concreto contra los oriundos de la ciudad de El Aaiún y Dajla. Algunos incluso fueron enterrados vivos como Hamdi Busaula, o fueron fusilados sin llegar los dieciséis años, como fue el caso de Ahmed el Bugarfaui, alias Tauri ( a cuya memoria dediqué un  poema), o desnucado como Uld Baali, raptado de la localidad de Ejderia. Yo mismo en persona conocí  la prisión en zulos cavados en territorios argelinos, y dos atentados de muerte. Y sigo hasta hoy en día recibiendo amenazas y campañas en los medios para vapulearme. Ese es el arma de preferencia para “convencer” a los disidentes o librepensadores. Los torturados, desaparecidos o fusilados sobrepasan cientos de víctimas. Los “amigos del pueblo saharaui” no los  mencionan. Miran a otro lado. Denuncian solo a Marruecos y el “bueno” por su ideología se merece el respeto y protección. Los activistas pro derechos humanos que reciben premios tampoco los mencionan. Un mutismo total.

En ese sentido niñas llevadas  a España en  viajes para sensibilizar a los españoles en los famosos programas  veraniegos, “vacaciones para la paz”, son acogidas, educadas con el todo el cariño del mundo, por generosas familias españolas con toda la buena voluntad del mundo.  Cuando esas niñas alcanzan la  mayoría de edad  son retenidas o raptadas en contra de su voluntad, en esos campos en nombre de la tradición. Son ciudadanas españolas o residentes victimas de practicas mafiosas y contrarias a la supuesta liberación de la mujer saharaui.

En tercer lugar esos campos de Tindouf, convertidos en fondo de comercio,  generan una riqueza enorme a esa cúpula vitalicia, a lo largo de más de cuarenta y cinco años en el poder, sin ser molestados o cuestionados por nadie. Por lo cual mientras se mantienen esos campos allí nunca se resolverá el problema, sobre todo humanitario. Son la vaca lechera para toda una red de personas y organizaciones. Es por ello por lo que a la cúpula del Polisario y sus familiares les favorece esa situación y mantienen,   impunemente, el derecho de las personas a desplazarse e  incluso a opinar. Para ello logaran parapetar esos  esos campos con muros militares argelinos, para que la gente no huya de esos campos. Todos allí están militarizados por la fuerza.  A nivel internacional esas personas sin derechos ni identidades  son presentados como refugiados. En efecto algunos son refugiados, pero no los de Tindouf (ciudad argelina por ejemplo); esos están en su país. Y no son refugiados.

Esa encerrona no va con la camada y esposas de los dirigentes. Ellos ni van a la guerra ni viven en los campos. Están en las mejores capitales del mundo, terminando sus carreras y disfrutando  a cuerpo de rey de la “causa”. 

En cuarto lugar, la mezcla de ciudadanos de los países limítrofes con oriundos  del Sahara en disputa crea un problema sin precedentes para la comunidad internacional. Lo cual convierte el problema en un gravísimo problema magrebí . Esa situación anómala provocó la sospecha de Javier Pérez de Cuellar, secretario general de la ONU en su momento, en un aparte con el difunto y presidente vitalicio, nacido en la ciudad marroquí de Marrakech,  Mohamed Abdel Aziz. Este, incapaz de articular una sola consonante en  español, confirma la sospecha del mandatario de la ONU, que se pregunta: ¿Cómo es que no domina el español, el líder máximo de una  organización independentista, que aclama una  región dominada por España durante casi un siglo?  

Ese mismo interrogante, en parte,  es lo que provoca que la ONU recurra a la operación de identificación con el ánimo de avanzar soluciones y fijar un cuerpo electoral. Por desgracia, la ONU no logra determinar el  deseado cuerpo electoral, capaz de  decidir  en un hipotético referéndum el destino del territorio.  Dicha consulta se convierte, adrede, en campo  de batalla y en un medio para no hallar solución inmediata a tan espinoso diferendo.

El responsable de la indeterminación de ese cuerpo electoral es el Polisario. ¿Por qué? Si en 1981, ante la OUA,  presenta con su valedor Argelia un memorando alegando que los saharauis son 750.000 personas y no 74.000, como arroja el ultimo censo español en el año 1974, una década después, cuando se emprende la operación de identificación por parte de la MINURSO, el Polisario entorpece el recuento y se limita solo a las personas censadas en ese censo español de 1974. Es decir, escasas  diez mil personas, entre ellas la dirección del Polisario y sus familiares y allegados. 

Con la excluyente medida, el Polisario no reconoce otras 350.000 personas, caracterizadas por pertenecer a las mismas tribus, con las mismas condiciones que muchos de los propios dirigentes, sobre todo las archivadas en con las letras de H41 y 42 en dicho censo español. Pura miopía y exclusión racial.

El garrafal error del manejo del  censo a su antojo, con el evidente propósito de ganar ese referéndum, cierra definitivamente el paso a toda consulta popular a través de un referéndum de autodeterminación.

En quinto lugar, el año 1991, después de una  cruenta guerra de quince largos años, con la consiguiente pérdida de cerca del  setenta por ciento de sus efectivos, sin ningún avance positivo, el Polisario hinca las rodillas y firma, bajo los auspicios de la ONU,  los acuerdos de paz  con Marruecos, sin nada a cambio. Otro error de principiantes sin nombre. Cuando se da cuenta de su error, sigue en la intransigencia y retorna a la única arma que domina perfectamente, la de la propaganda, como siempre en todas partes. Recurre a otra la farsa de las  tierras liberadas. Se refiere a un 20 por ciento del territorio más allá del muro de  defensa, contemplado en el acuerdo militar número 1, como zonas desmilitarizas, firmado por el propio Polisario.  En esa letanía  ya lleva treinta años sin ningún avance. Parole, Parole, como dice la canción. Nada más.

En sexto lugar, a nivel internacional el Polisario, como fruto de la desaparecida guerra fría, está cada vez más de capa caída. Son menos cada vez los Estados que han reconocido la republica virtual del Polisario. Esos  reconocimientos son un medio eficaz para propagar que el Polisario es victorioso. La realidad es otra. España, como ex potencia administradora, nunca reconoce  al Polisario oficialmente, a pesar de las ingentes cantidades de dinero amasadas en nombre de los campamentos de Tindouf.

Ningún país europeo, hasta el momento,  reconoce oficialmente al Polisario. En las sesiones de la ONU, los  “embajadores” del Polisario asisten  como peticionarios al igual que  cualquier ciudadano del mundo. En Ginebra pasa lo mismo. La única organización que les reconoce es la UA, aunque ese reconocimiento tiene los días contados. Solo habría que leer, con detenimiento, el apoyo del presidente de África del Sur, durante la ultima cumbre de la UA,  a la resolución 693,  de la cumbre de esa organización en Nuakchot (Mauritania) y que deja en manos el dossier del Sahara a la ONU. Eso lo dice todo. El pragmatismo político de los Estados es mucho más fuerte que las ideologías,  que solo sirven para cantar himnos alegres y cantar victorias inexistentes.

Incluso muchos de los dirigentes y cuadros del Polisario sensatos tienen la certeza de que nunca habrá un Estado fallido en ese territorio. Es un sueño que se desvanece, poco a poco, a medida que la geopolítica muestra sus fauces y el pragmatismo ocupa espacio. Alguien dijo que la política es el arte de lo posible. La historia lo demuestra.

En séptimo lugar, por desgracia, el Polisario, en su afán de crear un nacionalismo a su medida, nunca, en sus plegarias y arengas diarias, en loor a sus mártires, aboga por la paz ni invierte en la paz. Esos jóvenes están preparados  para la guerra, siempre la guerra. Son más de cuatro décadas cimentando una mentalidad intransigente de guerra. Y ello es muy peligroso porque podría ser un problema de estabilidad en la región si no se toman las medidas necesarias para encaminar la furia de esos jóvenes, adiestrados para un solo objetivo, al que están convencidos en conseguirlo por las armas. Se necesita obrar por una cultura de paz.

En octavo lugar, el 10 de diciembre de 2020, Estados Unidos proclama abiertamente y sin equívoco su reconocimiento de la soberanía del Reino de Marruecos sobre el Sahara Occidental. Subraya cómo las administraciones norteamericanas precedentes apoyan inequívocamente la propuesta de autonomía como la “única vía de una solución justa  y duradera” al diferendo del Sahara Occidental. Mas claro no puede ser.

Léase entre líneas: si Argelia y el Polisario no aprovechan esta ocasión, lo más probable que de aquí en adelante, puede que el asunto de ese territorio, en la Cuarta Comisión de la ONU, pase al epígrafe siete. Entonces eso convierte las futuras resoluciones en obligatorias. Y cuando eso ocurra, no creo que el Polisario pueda declarar la guerra  a los EEUU, ni Argelia pueda dejar de reconocerlos.

Nos pesa y nos duele el sufrimiento que padecen esas personas, en esos campos, durante toda ese eternidad. Ellos no son culpables de la manifiesta  ineficiencia de ese geriátrico de dirigentes, impuestos por los militares argelinos, y por la miseria. Esas personas allí víctimas no pueden moverse; esos jóvenes apátridas sin futuro. No tienen posibilidades. No siquiera gozan del  derecho de refugiados para que pueden moverse como les conviene.

El único responsable real de ese crimen contra la humanidad es el Estado argelino, por permitir y avalar esos atropellos y abusos en su propio  territorio. Los estados son los responsables de todas las políticas que se aplican en sus territorios. Toda esa penuria, todos esos crímenes cometidos por  el Polisario pesan sobre las espaldas de Argelia. Los responsables de eso algún día serán trasladados ante un juzgado solvente. De eso no cabe duda. Y muchos de nosotros, victimas o familiares de tales, lo estamos esperando. Seguimos atentos a la aplicación de la justicia. Y si escapan a la justicia humana, seguro que a la divina les espera.

Esta es una oportunidad de paz para todos. Se debe de aprovechar y no insultar al futuro. Ese  gigantesco paso dado por los EEUU en este sentido dará paso, a su vez, a grandes cambios en la región y abrirá nuevas vías para el desarrollo y la estabilidad. Con toda probabilidad, abrirá la región al capital financiero e industrial. Impulsará más rápido la modernización del territorio y acelerará el desarrollo ya emprendido por el Estado marroquí en compañía de  una democracia ciudadana, donde todos salimos ganando. De esta manera podremos edificar una región magrebí saludable y solidaria, además de un entorno africano mejor,  y  el mundo occidental se beneficiará de esa paz y desarrollo y estabilidad. Concretamente, las islas  Canarias tendrán las espaldas bien  salvaguardas. Win-Win, por emplear la expresión inglesa. Es el verdadero sentido del cambio de paradigma.

Todos sabemos que toda solución a un diferendo, en el momento en que estamos, que no reciba el aval de los Estados Unidos, por mucho que les pese a algunos, no prosperará. Se sabe también que para ganar la batalla al terrorismo y hallar soluciones correctas a las migraciones hay que pasar por una paz duradera en el Magreb y un desarrollo viable en beneficio de todos.

Por último, con lo ocurrido en las últimas fechas se pone fin al discurso aprendido. Se emprende el camino real de la reconciliación entre todos y a favor de todos. Las armas deben callar para siempre, como se debe descartar todo tipo de exclusión al otro. Aquí cabemos todos. Marhaba.

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2 Comentarios

  1. ¿Por qué razón todos los artículos de opinión de este periódico que tratan la cuestión del Sáhara Occidental son promarroquíes o anti-polisario? Es realmente sospechoso. Poco a poco, la imagen que tenía de Diario16 se me va cayendo. Plagios de artículos que he denunciado personalmente y que nadie se ha dignado a responder, siquiera sea por una ética de mínimos… y ahora esto. Lamentable.

  2. Si te fijas en los artículos de prensa española el 99,9% reflejan posiciones pro polisario. No te quejes por uno solo que refleje una postura contraria: se llama diversidad de opinión y prensa libre. Máxime cuando el artículo está escrito por un saharaui del ex-Sahara español y ex-miembro fundador del Polisario.

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