Las dictaduras del capital no tienen ningún tipo de humanidad. Lo vemos a diario y se comprueba con las estrategias aplicadas durante décadas que han llevado al ser humano a convertirse en un ente individual olvidándose de su conciencia colectiva. El capitalismo, para protegerse de la reacción de la sociedad ante sus atrocidades, ha conseguido que el individualismo debilite a las clases medias y trabajadoras, puesto que una colectividad unida no hubiera aceptado, por ejemplo, la aprobación de las leyes austericidas o de la reforma laboral. Todo ello, evidentemente, sustentado con la precariedad que genera dependencia absoluta de los abusos.

La pandemia del Covid19 está mostrando la cara real y cruel del capitalismo. Todo ello, además, con la complicidad de los representantes del pueblo de todos los signos políticos. «No se puede parar la economía» gritan desde los foros cómplices de las dictaduras del capital mientras cada día mueren miles de personas en todo el mundo. Estos fallecidos no son más que las víctimas de los nuevos sacrificios humanos en los que una cama de UCI se convierte en altar ritual donde la muerte es el peaje que pagar para salvar las cuentas de explotación.

La vida humana ha perdido su carácter unívoco en favor de los intereses de las dictaduras del capital. Da igual que la protección de la vida sea un derecho humano porque el destino de las personas ya no se dirige desde la voluntad de los pueblos sino desde los lujosos despachos de Wall Street, la City londinense, la plaza de Paradeplatz o el Paseo de la Castellana.

«Hay que convivir con el virus» dicen algunos gobernantes o representantes políticos que, en realidad, se convierten en los testaferros de los intereses de las multinacionales. Esa expresión es el eufemismo más cruel porque esconde una realidad inhumana: llevar al pueblo a una especie de corredor de la muerte en el que convivir con el virus supone poner la vida en peligro.

Ahora se habla de que hay que salvar la campaña de Navidad, la gran orgía del consumismo compulsivo en la que las dictaduras capitalistas ponen grandes esperanzas año tras año. No hay vacuna, no hay tratamiento médico para curar el Covid19 y, sin embargo, se insta a trabajadores y trabajadoras, a las personas mayores, a los niños y niñas, a llevar una vida normal en un escenario que no lo es. Dámaso Alonso escribió que «Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres». Eso es lo que va a ocurrir y los intereses económicos van a transformar la metáfora en realidad.

Sin embargo, el incremento de muertes se está relativizando. Los 300 fallecidos diarios que en el mes de abril eran un escándalo, ahora se llevan hacia el escenario de la normalidad de la curva de la segunda ola. Cada muerte es un fracaso de la sociedad, por más que, para las dictaduras de capital, sea un precio asumible para que la rueda de la economía no se pare.

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2 Comentarios

  1. No sé donde leí que el covid pondrá en evidencia que el capitalismo es incapaz de proteger a la ciudadanía hasta en las áreas metropolitanas, y ya no digamos en las periféricas (África – América Latina, Sud-Asia). Ahora bien, esta pandemia pondrá en evidencia la barbarie capitalista, pero no la derrotará si los parias de la Tierra no se revolucionan,

  2. Hacia años que no veia un articulo con tanta DEMAGOGIA INSULTANTE….ademas de no tener ni idea de lo que es la Economia de un pais….ni las graves consecuencias que se avecinan

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