Si no fuera porque es verdad resulta francamente difícil de entender, e incluso chusco, que un agricultor o un ganadero español paguen las consecuencias de los subsidios nacionales y comunitarios al consorcio Airbus, así como los bajos intereses de la financiación concedida tanto por gobiernos nacionales como comunitarios. Según Washington, estas políticas han perjudicado gravemente al principal fabricante aeronáutico de su país, BOEING, y le han provocado la pérdida de numerosas ventas de sus aeronaves. En concreto la Organización Mundial de Comercio (OMC) estableció que EEUU perdió 7.500 millones de dólares (6.900 M€) en ventas. Lo que no dicen es que BOEING ha visto casi liquidada su lista de pedidos porque sus aviones, simplemente, se caen.

La consecuencia de todo esto para España es que, como se sabe, nuestro aceite de oliva, queso, naranjas, cerezas, mejillones y el jamón o el vino han sido penalizados con aranceles especiales desde el 18 de octubre y que suponen un incremento del 25%.

La cosa es especialmente grave ya que Estados Unidos es el primer exportador de alimentos y bebidas de origen español, 1.728 millones de ventas en 2018, lo que le convierte en mercado estratégico.

A propósito de todo esto, Miguel Blanco, Secretario General de COAG, manifestó: “Resulta totalmente injusto y desproporcionado que, una vez más, el sector agrario sea el pagano de una guerra comercial de la UE que no tiene nada que ver con el campo español. Exigimos a las autoridades comunitarias y al gobierno español que protejan los intereses de nuestra agricultura con una solución rápida y equilibrada para evitar que este conflicto acabe pasando un nueva y costosa factura a nuestros agricultores y ganaderos”.

Mientras que para Mauricio García de Quevedo, director general de Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), “esta política arancelaria, cuyo único objetivo es causar el mayor daño económico y político posible a Europa, encierra a la industria de alimentación y bebidas dentro de esta guerra comercial con la consecuente pérdida de competitividad para las empresas españolas frente a otros operadores internacionales y la repercusión negativa en el empleo nacional”.

Y no hablamos tan solo de agricultores y ganaderos ya que la inmensa cadena de las exportaciones de origen agropecuario la integran otros eslabones tales como son la distribución, el transporte o la industria de alimentación y bebidas.

¡Qué bonito es el amor!

En este marco, China y Estados Unidos han anunciado que dejan de pelearse y que vuelven a ser amiguitos.

Previamente Donald Trump, cuyo lema es «American First», incluyó en agosto de 2018 a China en la lista de países manipuladores de sus divisas con el objetivo, según el citado mandatario, de reducir el impacto que sus aranceles habrían podido causar a la economía del país oriental. El propio Fondo Monetario Internacional (FMI) ya dijo entonces que no existían evidencias de manipulación. Desde este alto organismo internacional se señaló entonces que el debilitamiento de la moneda nacional china, el Yuan, más bien podría haberse visto afectada por debilitamiento de la economía de aquel país fruto de la desaceleración económica.

Además, economistas y analistas llamaron la atención sobre el hecho de que esta medida fuera anunciada al público a través de un comunicado de prensa y no mediante un informe, como era norma.

Las consecuencias de ir a parar a lista negra fueron incremento de los aranceles, represalias y amenazas.

Un paso más para convertir a Estados Unidos no solo la primera nación, sino la única. ¿Aislada?

Sorpresivamente, el pasado lunes 17 de enero el Tesoro informaba, esta vez mediante informe, que Estados Unidos levantaba el arresto comercial y arancelario impuesto al gigante oriental y que, consecuentemente, procedían ambos países a firmar un acuerdo en el cual lo más significativo es que China se compromete a aumentar las importaciones desde Estados Unidos en 200.000 millones de dólares en dos años, en bienes y servicios.

Nada se dijo acerca de las causas que motivaron, según Washington, la imposición de la penalización y si éstas habrían desaparecido lo que hubiera propiciado el acuerdo. Y, en el fondo, que más da, porque no parece que esto origine algún quebradero de cabeza a alguien que lleva como lema el que su país sea el primero. Pero, ¿en qué?

Cómo acertadamente han manifestado el líder de COAG y el máximo responsable de FIAB se hace pagar a los agricultores y ganaderos españoles y altísimo precio por algo que escapa totalmente de sus responsabilidad e incluso de su propia comprensión.

La competencia para estos sectores en nuestro país es fortísima porque viene de la propia Unión Europea pero ahora, y cada vez más, del norte y sur África e incrementándose sin parar la proveniente de América, central y sur.

Ahora que tanto se habla de la “España vaciada” valdría la pena centrar un poco la capacidad de reflexión de nuestros políticos y volvieran la vista al campo y comprobar que España se vacía porque, entre otras cosas, cada vez es más difícil vivir allí.

Es un problema político, social y económico. Y también humano.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre