Las primeras impresiones obtenidas procedentes de las delegaciones de algunos estados participantes, con posterioridad a los discursos de los dos mandatarios, no han podido ser más incrédulas respecto a una eventual contribución y posteriores compromisos de disposición en la hoy aparente lejanía para la salvación del planeta.

Finalizada la intervención de Antonio Guterres, podía distinguirse entre algunos asistentes a la sesión plenaria, rostros estupefactos ante el montante pronunciado por el Secretario General, asumido probablemente como una adversidad, similar a la ya conocida climatología existente.

Hemos charlado con delegaciones de gran importancia, política como económica, en la que hemos observado cierto desánimo, solicitándonos omitir nombres y estados.

Es decir, se ha impuesto una especie de compás de silencio hasta que el tema comience otra nueva etapa de carácter principalmente económico, ya que las reuniones entre técnicos especializados y científicos se suceden a diario y a todas horas, con la exposición pormenorizada por parte de los estados afectados.

En esta sesión plenaria, han participado igualmente la ministra para la transición ecológica en funciones, Teresa Ribera, junto con su homóloga chilena, Carolina Schmidt, y  otras personalidades.

Difícil calendario pues, antes de la próxima Cop -26 en la ciudad Escocesa de Glasgow el próximo 2020.

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