¿No parece desmesuradamente revelador que ningún noticiario de primera línea, hablo de la 1, Telecinco, Antena 3, Cuatro y la Sexta si se quiere, que ninguna estrella del periodismo, ningún Prats, Piqueras, Cantero (tan guapo él), no es revelador, decía, que en todos estos meses ya no hayan abierto una puertecita, una tímida rendija solo, a otro punto de vista que no sea el Oficialísimo de la aceptación, la obediencia, el miedo, con sus ideas de responsabilidad, humanidad, generosidad y respeto? ¿Cómo es posible que se aplauda la actitud “ejemplar”, dicen, de una juventud sumisa y domada, cuando, histórica y fisiológicamente, la adolescencia ha sido sinónimo de contestación y pataleo? ¿Me estáis contando, Señores Cantero, Piqueras y compañía, que todo lo que no comulgue con los Decretos Express, las Fuerzas y Cuerpos y la voz oficial de la Sanidad puede considerarse como alta traición? ¿Me estáis vendiendo que usar mascarilla y quedarse en casa constituyen en sí acciones de alto heroísmo? ¡Pues qué fácil me lo ponéis! Heroico sería abandonar la lectura de la pantallita y dedicar un solo día, media hora en todos estos meses, a visibilizar alguna de las miles de contra informaciones circulantes por vuestra queridísima “red”.

Mirad, señores lectores de discursos oficiales. Hoy me he visto acompañando al súper a una persona catalogada como de altísimo riesgo; persona que, según el pensamiento único vecinal y oficial, “no tendría que ir de compras”; una persona, con más agallas e inteligencia que todos vosotros, por qué no decirlo, que se ha bajado la mascarilla porque, literalmente, no-podía-más. Esta persona, a su edad y tras numerosas batallas vitales, tiene que oír las consignas de rigor en esta locura desorganizada y caótica en la que vosotros, grandísimos profesionales de la desinformación, habéis venido colaborando como soldaditos fieles al régimen. ¿Os lo explico en el siguiente párrafo?

Esto es romper el equilibrio de la naturaleza, y prohibir el baño en el mar, y fumigar, besugos anormales, Zahara de los Atunes, y rociar con lejía media España, instaurar a golpe de multa una “nueva normalidad” (qué huevos), vender la idea de que la mascarilla y el teletrabajo “llegan para quedarse”, rastrear “positivos” y sus contactos, obligar, prohibir, censurar, mentir suciamente y lavarse las manos cincuenta veces al día. Todo esto es romper el equilibrio natural de la raza humana, la cual se ha mantenido a flote hasta ahora comiendo en la basura, destripándose en las trincheras, pariendo en ruinas y ascensores, emborrachándose en burdeles, discotecas, aparcamientos, y volviendo al trabajo al día siguiente, como si nada.

Habéis encontrado un filón, está más que claro. El tema estrella y la noticia, el morbo y el sensacionalismo infinitos os han sido regalados por mediación del Santísimo Espíritu Científico del Gran Lobby. Pero estáis jugando con fuego, y vais a caer igualmente: la naturaleza de vuestra profesión se tambalea, carcomida por el virus de la parcialidad.

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