Raül Romeva es un claro ejemplo de lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos años de gobiernos de Mariano Rajoy. Lo que le ha pasado a él, su evolución política, su radicalización si se quiere, es la historia de miles de catalanes que desconectaron de España, un Estado que veían demasiado lejano y distante. Hasta 2010, Romeva era un “federalista” convencido, “no un independentista”, según declaró él mismo ante los magistrados del Tribunal Supremo que conocen del juicio al ‘procés’. Sin embargo, algo le llevó a dar el paso al frente. “Y esto me pasó a mí y le pasó a mucha gente. ¿Por qué? Tiene que ver con la sentencia del Tribunal Constitucional que rechazó el Estatut”, sentenció. Según Romeva, el Constitucional es un órgano judicial “altamente politizado” que emitió una sentencia “dramática”. Esa resolución supuso una “ruptura emocional” para miles de catalanes. “Fue el inicio de la desafección y tuvimos la sensación de que allí se había roto algo muy serio. Estábamos ante la ruptura del pacto constitucional del año 78”, declaró el ex consejero de Asuntos Exteriores, Relaciones Institucionales y Transparencia.

Romeva es el ejemplo en carne y hueso, la prueba de cargo definitiva y fehaciente de que las políticas de Rajoy respecto a Cataluña fueron un desastre histórico para España. Su declaración pone en evidencia la táctica del silencio que practicó el presidente gallego, su mirar para otro lado, su esconder la cabeza debajo del ala y su nefasta costumbre de dejar que los problemas se pudrieran, maduraran y cayeran por su propio peso. Romeva es la prueba definitiva de lo que ya intuíamos en este país: que Rajoy, con sus recursos judiciales contra el Estatut y sus boicots a los productos catalanes fue una prodigiosa máquina de fabricar independentistas. “El pacto fue roto de forma unilateral por el Tribunal Constitucional, hubo recusaciones de magistrados progresistas, el presidente era militante del PP, todo generó un gran desconcierto. Teníamos que reconstruir ese pacto a partir del diálogo y la negociación. Nunca ha habido animadversión a nada ni a nadie, solo un apelo a la democracia, a la libertad y a la dignidad. Yo dije que me bajaba de ese barco y me subía a otro, el de la República catalana que defendía los valores democráticos en los que creo”, dijo Romeva.

El exconseller aseguró ante los magistrados de la Sala que la intención del Govern fue la de dialogar, negociar, la única fórmula para reconstruir el pacto que se había roto tras la histórica sentencia del TC. “Las relaciones basadas en la represión son tóxicas y suelen fracasar”, añade Romeva. Para el líder soberanista procesado, las acusaciones en el juicio del ‘procés’ hacen un relato que obvia lo fundamental: la sentencia del Tribunal Constitucional afectó a las emociones de mucha gente en Cataluña. “Si eso no se entiende, no se entiende lo que está pasando. Hoy hay 72 diputados que defienden la independencia cuando hace 10 o 15 años solo eran un puñado”, concluye Romeva con rotundidad.

El caso catalán es “paradigmático”, según el acusado de la “rebelión” que a juicio de la Fiscalía supuso el ‘procés’. Tras la sentencia del Constitucional, “miles de personas empiezan a movilizarse de forma espontánea, cívica y pacífica, para que las autoridades escuchen lo que es un clamor. Hicimos hasta veinte intentos formales para establecer ese diálogo, pidiendo afrontar lo que era una cuestión trascendental para sus vidas”. Según Romeva, “quienes rompen España son aquellos que niegan el carácter plurinacional del Estado más plurinacional que hay en Europa. Afirmo que el ‘procés’, el derecho de autodeterminación, no va en contra de la Constitución española”.

“Me considero un preso político”, aseguró el acusado. Romeva, que se presentó ante el tribunal como experto en cultura de la paz, se mostró dispuesto a declarar solo a preguntas de su abogado, tal como hizo Oriol Junqueras. “Todas las veces que me he presentado a las elecciones, tanto con Iniciativa como en Junts Pel Sí, siempre he defendido el derecho a la autodeterminación por la vía pacífica”, alegó. “Este derecho evoluciona, es cierto que nació en casos de descolonización de países, pero hoy se puede aceptar en casos en que se ha intentado todo antes, cuando se ha intentado todo de otra forma sin posibilidad de avance. No hay ningún tratado internacional que prohíba este derecho y en la Constitución tampoco hay ningún artículo”, afirmó.

Romeva se refirió al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, que establece que los pueblos tienen derecho a decidir su futuro. “España ha firmado ese tratado, luego España incorpora este tratado a su ordenamiento jurídico. Para quien piensa que el derecho a la autodeterminación es una quimera solo un dato: ha habido 106 referéndums; 54 se han producido a partir de 1991; de estos, 26 se han hecho sin el consentimiento del Estado matriz y el resto con el consentimiento. De ninguna manera es algo anecdótico. Esto no es una utopía sino algo perfectamente factible y que además no está prohibido por ningún texto jurídico internacional ni europeo”.

Romeva se definió como “demócrata, republicano y europeísta” y dijo defender “un proyecto europeo basado en las libertades, en la no discriminación por razones de edad, etnia, sexo, credo religioso… Creo en la igualdad y en la fraternidad”. Para Romeva, cuando defiende la República catalana lo hace porque también defiende a aquellas personas que comparten el proyecto en otras partes de España. “Hoy nos encontramos en el banquillo de los acusados quienes defendemos estos valores democráticos, mientras los que amenazan estos valores están en el estrado”, dijo en referencia a Vox, que ejerce la acusación popular en el juicio. “Y esto es un hecho preocupante que debería inquietar no solo a los independentistas sino a los demócratas, porque es difícil concebir tal paradoja”. Así concluyó su discurso Romeva, un converso, un independentista fabricado por la derecha española ciega, sorda y muda. Esa derecha que representó los años infaustos de Mariano Rajoy en los que se gestó el terremoto.

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