Un hombre prudente en sus declaraciones, un marqués como Vicente del Bosque, afirmó recientemente en una entrevista que «patriotismo es pagar los impuestos en España». En tan pocas palabras no se puede tener tanta razón. El problema está en que los que se autodenominan poseedores de todas las esencias patrias son, precisamente, los que están arruinando al país por su falta de responsabilidad fiscal. Patriotismo de salón, de pulserita y de cacerola.

La patria está formada por todos y cada uno de los hombres y mujeres que conforman el país. Esa es la patria, repito, LA PATRIA, la misma por la que la Guardia Civil lo da todo, y no sólo porque lo ponga en las puertas de los cuarteles, sino por su servicio a la ciudadanía, a la patria. Todo ello, por supuesto, sin contar con los mandos que aún quedan que añoran otros tiempos en los que la patria sólo era una, grande y libre.

La petición de donaciones de aceite y leche que arrancó el rey Felipe a los nobles, aristócratas y Grandes de España no es más que el remedo de otras épocas en las que las «familias bien» hacían su caridad para pasar una pátina de dignidad a sus conciencias. No puedo olvidar que durante la posguerra en muchos pueblos y ciudades a los niños se les daba un mendrugo de pan, un trozo de queso, extraño, y un vaso de leche en polvo de los americanos. Esto es lo que ha hecho usted, su majestad, con la limosnita de los nobles.

Para hacer algo que sea útil para todo el pueblo no tenía más que haber seguido las palabras de Vicente del Bosque y haberse reunido con las grandes fortunas de este país para que fueran de verdad patriotas y no sacaran del país más de 25.000 millones de euros para no tener que pagar impuestos. Ese dinero supone más de una cuarta parte del presupuesto anual para el sistema sanitario a quien usted ha concedido el Premio Princesa de Asturias por su esfuerzo y su sacrificio en la lucha contra la pandemia. Debería saber que, para el personal sanitario de este país lo prioritario es disponer de recursos para poder cuidarnos a todos, a usted, a mí y al resto de los compatriotas (hayan nacido aquí o no) y esos recursos sólo se pueden conseguir si el Estado dispone de la capacidad para poder acceder a ellos sin necesitar de la beneficencia de los ricos. Para conseguir eso, que España pueda cubrir las necesidades del sistema sanitario se necesita que sus fortunas conseguidas en nuestra Patria se que queden en nuestra Patria.

Lo mismo podría decirle, majestad, respecto a las grandes empresas. ¿Por qué no pidió responsabilidad patriótica a las sociedades del IBEX35 para que no aplicaran despidos masivos, recortes y que paguen los impuestos que por sus fortunas y beneficios les corresponden, sin ningún tipo de prebenda? ¿Por qué no les ha pedido que para ellos sería un orgullo y una satisfacción aportar al pueblo lo que éste les está dando?

Cómo no, no se me podía olvidar todo lo referido al rey emérito. La misma responsabilidad con la patria que le pido para con las grandes fortunas y empresas de este país se la aplico a su señor padre. El Toisón de Oro no significa nada si no se da ejemplo porque es una distinción que premia la honorabilidad, méritos y buena conducta de sus receptores. Según las investigaciones judiciales en curso, tanto en Suiza como en España, Juan Carlos de Borbón pudo haber cobrado comisiones de diferentes proyectos de infraestructuras liderados por empresas españolas, por no hablar del canon que presuntamente recibió de cada barril de petróleo que se importaba de Arabia Saudí. La fortuna del rey emérito se calcula por encima de los 5.000 millones de euros por los que, supuestamente, tampoco ha pagado los impuestos que le corresponderían. Todo un ejemplo de patriotismo valga la ironía en un tema tan serio. Por tanto, majestad, con todo el respeto le digo que menos bollos, leche  y aceite y más dignidad porque es lo que el pueblo español necesita en estos momentos tan duros que está viviendo y que va a vivir en el futuro más cercano, ante la incertidumbre de no tener certezas de lo que va ocurrir en el corto plazo, son soluciones reales que cimenten la prosperidad de la patria, es decir, de todos y cada uno de los hombres y mujeres que viven en este país. En esas condiciones, majestad, ¡por España, todo por España!

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