Donald Trump es absolutamente imprevisible. Antes de 2016 había tenido el éxito y el dinero. En los últimos cuatro años ha descubierto los placeres de ostentar el poder y, evidentemente, le ha gustado. De ahí que, tras su derrota del mes de noviembre, haya intentado, por todos los medios y utilizando todas las argucias posibles, incumplir con la voluntad del pueblo americano para mantenerse otros cuatro años más en la Casa Blanca.

A pesar de que haya aceptado su derrota electoral tras el intento de golpe de Estado alentado por él, sus últimas declaraciones han activado las alarmas tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata.

En un mensaje en Twitter, Trump ha afirmado que «Los 75.000.000 de grandes patriotas estadounidenses que votaron por mí, AMERICA FIRST, y hacen que América sea grande otra vez, tendrán una voz gigante en el futuro. ¡No serán irrespetados ni tratados injustamente de ninguna forma o modo!». 

Evidentemente, esta es la forma que Trump ha tenido de anunciar a todo el pueblo americano que su salida de la Casa Blanca es temporal, que volverá a intentar alcanzar el poder.

No era algo que haya tomado desprevenida a la clase política de los Estados Unidos. Trump tiene la capacidad económica y las relaciones suficientes para conseguir financiación de cara a las elecciones de 2024 y, sobre todo, tiene a una importante masa de votantes que creen en él y en su mensaje populista. El problema que tienen tanto demócratas como republicanos es que esos votantes fieles al trumpismo se encuentran en ambos lados, sobre todo porque las formaciones políticas norteamericanas carecen de la base que sí tienen las europeas: la ideología. De ahí que flutúen los resultados de unas elecciones a otras. Y Trump lo sabe, por eso su mensaje es claro: intentará volver a través del Partido Republicano o por sus propios medios.

Fuentes del Partido Demócrata en Florida consultadas por Diario16 confirman que si Donald Trump se presentara en 2024 ellos podrían perder varios millones de votos en importantes condados industriales del país que, tradicionalmente, han sido fieles a los demócratas. Por otro lado, y en referencia a la población latina de Florida, las mismas fuentes afirman que Trump podría recibir varios millones de votos de la emigración cubana o venezolana por la política de mano dura mantenida en los últimos cuatro años.

El lado republicano sería, evidentemente, el que más sufriría, sobre todo por el voto de las zonas rurales y de los Estados del centro y sur del país, además de por la división interna que el propio Trump ha provocado. El pasado miércoles, el hijo de Donald Trump dijo a los manifestantes que se encontraban al lado de la Casa Blanca que «Este ya no es su Partido Republicano. Este es el Partido Republicano de Donald Trump».

Estas declaraciones, junto a los enfrentamientos con senadores y congresistas que ha tenido a lo largo de estos cuatro años y la toma del Capitolio, han llevado a los principales líderes republicanos a renunciar a Trump: «No podemos seguir teniendo una industria indignante que alimente todo esto. La mejor manera de apagar este tipo de incendio en un basurero es privarlo de oxígeno. Y el oxígeno es atención. No podemos prestarle atención», dijo un representante republicano de Iowa, algo que fue corroborado por el propio Comité Nacional Republicano en Florida: «La gente se está volviendo loca. En repetidas ocasiones, lo que escuché una y otra vez fue que el presidente es responsable de la pérdida en Georgia y el presidente es responsable de lo que sucedió ayer. Bien puede significar que no tendrá el mismo poder para hacer reyes», afirmó un miembro del Comité en declaraciones al Washington Post.

En el Partido Republicano parece que el repudio a Trump es definitivo, sobre todo porque la maquinaria electoral americana no para y, tras la pérdida de la mayoría en el Senado, los republicanos esperaban recuperar parte de lo perdido en los últimos dos años en las elecciones de mitad de mandato de 2022. Sin embargo, los hechos del 6 de enero, el intento de golpe de Estado alentado por Trump, han provocado una brecha definitiva que cierra las puertas a que sea el candidato republicano en 2024.

Por tanto, el único camino de cumplir con lo que ha prometido a sus votantes es presentarse a la Presidencia de los Estados por medio de un nuevo partido político o como independiente, tal y como hicieron otros magnates en el pasado, sin mucho éxito, por cierto. No obstante, Trump tiene capacidad para, no sólo quitar votos, sino para restar una parte importante de la financiación de las campañas a ambos partidos. Por eso, el temor tras sus declaraciones va aumentando, aunque, tal vez, el tiempo sea el que baje el suflé y, definitivamente, Donald Trump se convierta en un mal sueño.  

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