La escritora Sara Mesa consolida su impecable trayectoria literaria con ‘Un amor’ tras los éxitos de ‘Cara de pan’ y ‘Mala letra’. Foto: Lídia Lahuerta.

Aún es pronto para constatar si Un amor (Anagrama), la nueva novela de Sara Mesa (Madrid, 1976), es el trabajo catártico que servirá para catapultarla definitivamente como una de las escritoras de referencia del panorama literario nacional, pero sin duda los elogios unánimes recibidos hacen prever que la autora de Cara de pan o Mala letra está situada ya por méritos propios en un Olimpo selecto de nuevos autores con mucho que decir aún. El artículo indeterminado del título es una clara declaración de intenciones de una novela subyugante, incómoda por momentos, desasosegante… Los adjetivos no paran de brotar para calificar la historia de Nat, una joven traductora que recala en un lugar perdido de la mano de los dioses para encontrar y encontrarse, para perder y perderse, y para muchas más cosas que el lector deberá descubrir en 185 páginas repletas de intensidad.

La crítica se afana en hallar el adjetivo adecuado para el nuevo tipo de realismo que usted imprime a su obra en general: extraño, de los bordes… ¿inquietante quizá? ¿incómodo tal vez? ¿áspero?… ¿Nos ayuda un poco a ello?

A mí tampoco me resulta fácil… Voy a echar mano de unas palabras de Manuel Hidalgo, muy perspicaces, que dicen que mi narrativa pone el foco en lo real para fraguar un clima irreal, pero que también puede entenderse de manera contraria: un camino que va de lo irreal a lo real.

“Siempre me han atraído los espacios cerrados en los que se produce una convivencia forzada, espacios ‘artificiales”

Sorprende de entrada que el título elegido para su novela sea precisamente “Un amor”. El lector en absoluto podrá hacerse una idea sobre qué historia contienen sus 185 páginas si se atiene a él. Aunque sí, puede que eso sea realmente el amor. ¿Lo es? ¿por qué?

La novela contiene un tipo de amor, por así decirlo, pero también otras muchas formas de relación humana. Es un título tramposo a propósito al poner el acento en una palabra tan ambivalente como esa. Lo que ocurre en la historia podría ser calificado de amor por algunos personajes, otros considerarían que no lo es en absoluto y ¿los lectores? Me llegan interpretaciones muy diferentes…

Ambienta su historia en un escenario rural, aislado, agobiante, falto de intimidad y anonimato. Pero perfectamente podría ocurrir en un entorno urbano. ¿Tan importante es el continente para el contenido de sus novelas o relatos?

Sí, claro, lo es, creo que en términos generales los espacios son determinantes en casi todas las narraciones, porque condicionan las relaciones que los personajes establecen entre ellos. Siempre me han atraído los espacios cerrados en los que se produce una convivencia forzada, espacios “artificiales”. En otros libros míos han aparecido internados, residencias de ancianos, el refugio de un parque entre unos setos… Es en esa línea donde creo que hay que enmarcar el escenario de Un amor, no en la línea de la llamada, a menudo de forma muy simplista, literatura rural.

Existe una tendencia en la literatura actual que recoge el deseo de muchas personas asqueadas de su vida urbana aburguesada. En general, sus protagonistas buscan en ese retiro un cierto Parnaso inexistente que en absoluto es el propósito de su mujer protagonista. En cierto sentido, ¿ha querido alejar su novela de ese lugar común al que llegan otros autores?

Ni siquiera pensé en ese planteamiento, ni para recrearlo ni para contradecirlo. El tópico narrativo al que yo recurro tiene más que ver con esa premisa clásica de la llegada del intruso a una comunidad desconocida y los procesos de adaptación o rechazo. Ya desde el principio se ve que si la protagonista ha llegado a esa pedanía es porque no tenía dinero para irse a un sitio mejor. Ella no representa, precisamente, la “vida urbana aburguesada”.

Desde el principio se palpa que Nat, la protagonista, es probable que no halle aquello que busca en ese entorno rural que ha elegido para pasar sus días sin saber por qué. ¿En ningún momento se plantea dar en su novela una oportunidad a la esperanza?

Pienso que Un amor es una novela oscura, incluso dura en algunos momentos, pero no desesperanzadora. Todo el dolor que aparece tiene algún sentido. Hay una revelación final, ambigua pero llena de luz.

Un amor es una novela oscura, incluso dura en algunos momentos, pero no desesperanzadora”

El sorprendente desencadenante catártico de Un amor, al igual que sucede en su anterior Cara de pan, lleva al extremo situaciones cotidianas que conducen al lector a cuestionarse principios existenciales básicos. ¿El secreto está en hacerle preguntas sin buscar necesariamente explicaciones concretas?

En parte sí. El texto se articula a través de multitud de preguntas, de hecho. La protagonista se interroga a sí misma acerca de lo que ocurre, de lo que debe hacer. Mi intención era que los lectores la acompañen en ese camino. Que se vean incluso en la misma encrucijada en la que ella está y se pongan en su lugar: ¿qué haría yo, de ser ella?

En el atosigante ambiente que los personajes crean en ese entorno cerrado se enarbola la bandera del chismorreo para hacerlo aún más irrespirable si cabe para la recién llegada. ¿Es imposible luchar contra esta irracional forma de actuar cargada de prejuicios morales?

Yo no sé si es posible o no. Lo que sí sé es que tenemos que pararnos no a detectar estas conductas en los demás, sino en nosotros mismos. Pararnos y pensar: cuando digo esto o aquello sobre estas o tales personas, ¿quién está hablando a través de mí, con mi consentimiento? ¿Tengo un pensamiento propio o solo estoy actuando de altavoz? Reproducimos prejuicios y clichés constantemente. Es más sencillo verlos en los demás que en nosotros mismos.

Una enigmática frase lleva implícita la condena para Nat: “el tiempo es el castigo”. A partir de este momento, su descenso a los infiernos ya parece irremediable. ¿No hay posibilidad de redención?

Sí, claro que la hay, siempre la hay. Si no la hubiera, ni siquiera tendría sentido escribir. ¿Para qué retratar solo lo oscuro? Se trata de buscar esa redención mediante el mismo relato.

Imagino que en esa capacidad innata que tiene con su literatura para crear ambientes angustiosos en lo cotidiano habrá encontrado en el confinamiento domiciliario inspiración de sobra. ¿Es así?

Bueno, mi recurrencia por escribir sobre espacios cerrados ya era suficientemente fuerte como para añadirle más inspiración, jaja. Pero es curioso: en EEUU se ha publicado ahora Cuatro por cuatro, que aquí salió en 2013, y allí se está interpretando como un análisis de la actualidad de la pandemia… antes de la pandemia. Siempre leemos los textos desde el lugar y el momento que ocupamos. No sé si es bueno o malo, pero es inevitable.

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