“René Crevel era una de esas espirales de helecho que solo se despliegan a orillas de los torrentes claros, agitados y leordanescos de los viveros ideológicos. Después de Crevel, nadie ha discutido seriamente del materialismo dialéctico, ni del materialismo mecanicista, ni de nada”. Quien así describe al que la historia considera el surrealista más rebelde es otro compañero de corriente histórica que hizo de su universo onírico fuente constante de inspiración. Salvador Dalí presenta así al escritor francés en el prefacio que acompaña a la edición de La muerte difícil, publicada por El Paseo.

Es la primera vez que la novela de referencia de Crevel ve la luz en español, en una traducción a cargo de Julio Monteverde, que también se ha encargado de la introducción y las notas. Publicada originariamente en 1926, antes de que Crevel se vinculará completamente con el movimiento surrealista, esta novela de tintes poéticos y aires desesperados, provocó una honda conmoción en la sociedad francesa de la época por el crudo retrato de la juventud que salió de la Primera Guerra Mundial.

Crevel, perteneciente a la alta burguesía parisina, muestra en esta novela de referencia para posteriores generaciones de escritores un tratamiento descarnado y sin concesiones de la rebeldía juvenil, los ambientes más radicales de la bohemia de aquellos años locos en el París de entreguerras y también un abierto tratamiento de la homosexualidad sin tapujos.

La muerte difícil narra una historia de amor nada convencional basada en un triángulo amoroso entre un homosexual toxicómano, un arrogante norteamericano y su amiga

La trama de La muerte difícil narra el triángulo amoroso que protagoniza un homosexual toxicómano con un arrogante americano y su amiga. Asediado por un asfixiante ambiente doméstico burgués, reflejado de manera ejemplar por el enfrentamiento del protagonista con su madre, la novela toca todos los aspectos contra los que rebelarse contra la vigente sociedad burguesa del momento.

El traductor de esta primera edición en español reflexiona sobre el rastro autobiográfico que deja esta torrencial novela: “El lector hará mal en asumir a pies juntillas la realidad de todos los personajes y situaciones, ya que con frecuencia no son más que pretextos para acomodar un poco mejor el paso de los ríos de lava que atraviesan estas páginas llenas de deseo, pasión y vergüenza, y que supusieron, como no podía ser de otra forma, todo un escándalo cuando se publicaron en 1926”.

La mítica Gala, musa de Dalí dijo de Crevel: “Ya no se hacen muchachos como él”

Crevel, de condición abiertamente bisexual, encabezó el giro que el movimiento surrealista dio hacia el marxismo, aunque siempre poniéndolo a buen recaudo de las imposiciones provenientes de Moscú. Después de unos años veinte muy fructíferos literariamente hablando, cuando apenas contaba veintitantos años, sucesivos contratiempos amorosos, ideológicos y de salud, Crevel decidió poner fin a su corta existencia cuando contaba apenas 35 años. Como sentenció la mítica Gala, musa de Dalí: “Ya no se hacen muchachos como él”.

En un texto escrito por el propio Crevel a modo de nota autobiográfica, incluido en la primera edición de Mi cuerpo y yo, apuntaba: “No ha viajado al Tíbet, ni a Groenlandia, ni siquiera a América, pero los viajes que no ha llevado a cabo en la superficie, ha intentado hacerlos en las profundidades. Así, puede jactarse de conocer bien ciertas calles y ciertos hoteles de día y de noche”.

 

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