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Felipe González en el cuarenta congreso de los socialistas  recordó a Jules Winnfield, personaje interpretado por Samuel L. Jackson en la magistral película Pulp Fiction. Igual que Felipe, sin venir a cuento, se pone a hablar de la Transición y del llamado “Régimen del 78” que surgió de ella, y se deshace en alabanzas a una y a otro y a sí mismo, sin darse cuenta que las alabanzas a uno mismo suenan siempre a falso. Y Felipe suena a falso como una moneda de madera o un billete de papel de estraza. A Jules Winnfield le da por recitar una y otra vez un pasaje de La Biblia que ha memorizado y que, según él, es muy revelador. El pasaje es el de Ezequiel 25:17 y dice, resumiendo: “El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos” (….)  “y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos”.

Hace unos pocos días, Felipe, que no para un momento de intervenir en  muchos sitios, todos ellos tan conservadores como él mismo, dando razones y explicaciones no pedidas de cuando ejercía la actividad política, y sin perder ocasión alguna de arremeter contra cualquier cosa que huela, aunque sea muy poco, a izquierdas, intervino en una comida seguida de un coloquio en el Círculo Ecuestre de Barcelona, un exclusivo y exquisito club deportivo y social para las personalidades más influyentes y destacadas de la sociedad barcelonesa. Le acompañó en el coloquio Miguel Roca, uno de los padres de La Constitución, amigo y abogado del rey emérito que, recordemos, le encomendó personalmente la defensa de su hija, la infanta Cristina, por la cosilla aquélla del Instituto Noós, del que su marido Iñaki Urdangarín era presidente y al que Tribunal Supremo condenó el 12 de Junio de 2018 a 5 años y 10 meses de prisión. Al socio de Urdangarín le cayó una condena muy parecida y a Jaume Matas algo menos. La infanta Cristina, como no podía ser de otra manera, fue absuelta. Y lo fue porque no sabía nada de las cosas de su marido. Y como no sabía nada pues no sabía nada, y ya está. Algunos, seguramente rojos irredentos, quién sino, dijeron que la Infanta se hizo la tonta y la desmemoriada. Pero todos sabíamos que aunque hubiera hablado y reconocido su participación en aquella sociedad para sacar cuartos a incautos, no habría ido a prisión. Aquí lo de “la justicia es igual para todos y nadie está por encima de la ley” como ya dijo el emérito en uno de sus más celebrados monólogos humorísticos de las nochebuenas, no es verdad y eso lo sabemos todos como sabemos que el sol sale todos los días.

En su reunión con grandes banqueros, grandes empresarios, nobles, financieros y millonarios en general del Círculo Ecuestre de Barcelona, Felipe no se junta con otra gente, no va a ir a deprimentes salones de barrio obrero pintados de gotelé con arañones en el techo, y va ponerse a hablar de la causa, una causa para él más acabada que la polka, de los trabajadores. No se va a juntar con delegados sindicales y obreros y obreras a granel a los que seguramente les huele el aliento a cerveza barata y a patatas bravas recalentadas, y posiblemente también les canten las axilas que disimulan con Varon Dandy caducado. Quizás en otro tiempo Felipe pisó sedes locales del partido y otros salones parecidos a los del viejo Oeste en pequeños pueblos, incluso hasta locales de Asociaciones de vecinos de la periferia de la grandes urbes, pero eso fue hace siglos. Ahora Felipe solo asiste a actos de gente fina en salones enmaderados donde los pasos enmudecen sobre las alfombras de la Real Fábrica, donde huele a perfume caro y los caballeros y las señoras visten elegantes trajes a medida. Ellos van siempre con el mentón recién rasurado y bañado en after shave de marca, y ellas perfectamente maquilladas con el tinte rubio perfecto, sin asomo de raíz canosa por ninguna parte. Y todos lucen un moreno perfecto, un moreno de yate como el propio González, y no un moreno proletario trabajado en medio de la arena de una playa atestada, tirados y tiradas en desvencijadas tumbonas compradas en los chinos. 

Seguramente, y de esto hace ya muchos años, hubo un día en que Felipe se dio cuenta que solo se rodeaba de grandes empresarios, presidentes de grandes bancos, financieros y millonarios en general, gentes todas ellas que llevan viviendo en la opulencia desde hace muchas generaciones, que se enriquecieron antes de los tiempos  de la dictadura, y también durante ella, y se han seguido enriqueciendo, como siempre, durante la democracia. Ellos no distinguen muy bien una dictadura de una democracia porque a partir de un determinado número de ceros en la cuenta corriente, sin olvidar las cuentas en Suiza, patria querida, solo se percibe bienestar. Un bienestar y una libertad de verdad, no la triste libertad de tomar una caña en una terracilla que decía la insufrible Ayuso, ni menos aún el bienestar del llamado Estado del Bienestar, que estas mismos señoras y señores que detentan el poder real, el poder verdadero, tienen ya prácticamente demolido, de hecho, de él ya apenas quedan algunos arranques de muralla, columnas y sillares desperdigados por el suelo entre montones de escombros.

En la portada del diario El País del pasado domingo 17 de octubre, Felipe da un abrazo de oso a Pedro Sánchez después de años de desencuentros donde Felipe ha criticado mucho más y a veces de manera brutal e inmisericorde, como suelen ser sus formas con los que no se postran ante él, al gobierno de Sánchez y a su partido que al PP o a Vox, oponiéndose a todo, a cualquier mejora para la clase trabajadora como es la derogación de lo más lesivo de la Reforma Laboral, la subida del salario mínimo y cualquier otra cosa que pueda perjudicar aunque sea levemente, haciendo caer unos céntimos de sus sagrados beneficios y dividendos, a sus ya viejos amigos, grandes banqueros, grandes empresarios, financieros y millonarios en general.

Convendría saber qué opinión le merece a la gente de la calle, a los que llegan a fin de mes con la lengua fuera, a los que son bombardeados casi a diario con dolorosas facturas, como las de la luz y demás, un expresidente de un gobierno socialista, aunque llamarse socialista ha sido otra más, y no de las más gordas, de sus muchas mentiras, que se ha hecho millonario gracias a la política y a sus contactos y su gran trabajo, su gran vocación, que no es otra que la de ayudar a los poderosos, con el emérito al frente del que dice que se le está vulnerando su derecho a la presunción de inocencia. Si es inocente, algo harto dudoso habida cuenta de la interminable retahíla de evidencias que obran en su contra, debería salir de su dorado escondite y defender esa  inocencia. Dar un valiente paso al frente y, poniendo como testigo al pueblo al que representó durante tantos años y al que, por lo tanto, debe una explicación de su  inadmisible proceder, presentarse ante la justicia con las pruebas de que es inocente de todo lo que se le acusa. Pero todos sabemos que eso nunca va a ocurrir. Y nunca veremos en este país ni a él ni a ninguno de su familia ante ningún tribunal, aunque vivamos los 969 años que, según La Biblia, vivió Matusalén.

Felipe supo convencer con su labia de charlatán de feria a millones de españoles, en su inmensa mayoría clase trabajadora, para que le votaran, y una vez en el poder se puso a cuidar los intereses, no de los que le habían votado creyendo en sus promesas, sino de los poderosos que no necesitan ayuda alguna ni nunca  la han necesitado porque se defienden muy bien solos, aunque no les ha venido mal que un político de tanto renombre como él haya estado en su bando y les defienda de forma permanente con la furia de un mastín cuando ve acercarse a los que no son de la casa. Qué opinión merece el que defiende a ultranza a un régimen, el llamado del 78, obsesionado por tapar los millonarios negocios, millonarias comisiones, millonarias cuentas en Suiza y paraísos fiscales de medio mundo, testaferros, amantes y más amantes…etc. Y todo este vergonzoso asunto del rey emérito que está dejando la imagen del país a la altura de la  de un país africano de segunda fila, un rey emérito del que un día sí y otro también se conocen nuevas y todavía más bochornosas  noticias. La última de ellas la dio el excomisario Villarejo, esa garganta profunda cuya boca tiene las proporciones de una caldera volcánica, cuando dijo que al emérito, sin que se diera cuenta, eso sí, le inyectaron hormonas femeninas para rebajarle un poco la líbido y así evitar que su desatada furia de toro en celo causara al Estado más problemas de los que ya estaba causando, que no eran pocos ni livianos. Y este hombre, el emérito, ha sido el que ha representado a este país a lo largo de tantas décadas. No hace falta decir que su blindaje contra todo, un blindaje fabricado a medida y con los mejores materiales por el llamado “Régimen del 78” funciona como el primer día, y como ejemplo de ello puede decirse que el Tribunal Constitucional no ha admitido el recurso que IU y el PCE interpusieron en su día contra la decisión del Tribunal Supremo de no admitir a trámite la querella interpuesta por estos dos mismos partidos pidiendo abrir una investigación penal sobre las finanzas del emérito. Como aquí la justicia es la que es, los dos partidos  llevarán el caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, también conocido como Tribunal de Estrasburgo.

Tapando todo esto y muchas cosas más, tapar y tapar ha sido y sigue siendo la gran obsesión  del llamado “Régimen del 78”, se está poniendo cada vez más en evidencia, y esto hace que cada vez sean más las personas que creen que si la justicia no es igual para todos y no todos somos iguales ante la ley, mal camino llevamos. Todavía Felipe, que dice ser de los “ últimos de Filipinas” que reivindican a ese “Régimen del 78” como lo mejor que le ha pasado a España en las últimas centurias y del que, por supuesto, está muy orgulloso, puede rectificar y no tomar a sus compatriotas, a los muchos millones que un día creyeron en él y le votaron, por imbéciles.

Mucho nos tememos que González nunca será  capaz de rectificar como hace Jules Winnfield / Samuel L. Jackson en la escena final de la película cuando le dice a Ringo, un delincuente de medio pelo interpretado por Tim Roth: “Llevo años diciendo esta mierda” (se refiere a la cita de La Biblia) (…) No había pensado mucho en lo que significaba. Ahora se me ocurre que tal vez vez significa que tú eres el hombre malo, y yo el hombre recto, y que el señor 9 mm es el pastor que protege mi recto culo en el valle de la oscuridad. O será tal vez que tú eres el hombre recto, y yo soy el pastor, y que este mundo es injusto y egoísta. Me gustaría eso, pero ese rollo no es la verdad. La verdad es que tú eres el débil y yo soy la tiranía de los hombres malos. Pero me esfuerzo, Ringo, me esfuerzo con toda intensidad por ser el pastor”.

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