La militancia política en España, probablemente relegada a un segundo plano, supuso en el siglo anterior un factor de primer orden en los diversos procesos históricos que vivió el país. Como ejemplo, la militancia en la transición se movilizó en torno a los movimientos sociales, llevando a los partidos reivindicaciones que se pedían desde entornos más amplios que las camarillas de los partidos. En la Guerra civil no fue menos importante, en este caso la militancia se movilizó por las armas para apoyar a uno y otro bando en el conflicto, llevando a la vez reivindicaciones sociales y políticas a las altas esferas políticas.

La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Qué importancia tiene la militancia hoy en día en nuestro país? ¿Sirve de algo militar en un partido político?

Desde fuera de los propios partidos se tiene una visión que equipara la militancia a una especie de sectarismo inútil que solo sirve para que los integrantes de estas agrupaciones crezcan en el seno del partido, quizá tenga esto de verdad pues hay claros ejemplos que podrían apoyar esta visión, aunque también hay una gran parte incierta, ya que, en muchos casos, incluso altos cargos de los partidos son personas que anteriormente a su presencia en la vida pública, tenían una vida prácticamente anónima con una carrera laboral alejada de estos espacios.

La visión de la militancia como una especie de carrera laboral está muy arraigada en una parte de nuestra sociedad, se ve claramente en la visión de la política como un simple corporativismo inútil que no pretende responder a los intereses de la sociedad sino a los suyos propios.

Dicho esto, las propias formaciones políticas deberían promover el espíritu crítico en sus militantes, esto es algo que en la actualidad no es promovido ni por las formaciones más recientes, en las que se ve a una masa de militantes sin capacidad crítica alguna, los cuales solo saben repetir cuatro argumentos recibidos desde la dirección general de los partidos sin ni siquiera plantear que, en algunas ocasiones, los políticos o las cúpulas de los partidos se equivocan.

La militancia no es solo tener un carnet, si fuera así yo creo que no formaría parte de ella, los partidos son maravillosos, ni las cosas son blancas o negras, si todo se redujera a esto todo sería muy simple. Podríamos hablar de la militancia en torno a los partidos de derechas, pero prefiero no hablar de lo que no se, así que me centraré en hablar de los partidos escorados más a la izquierda, que son realmente los que pueden ser de mayor interés.

Es cierto que Podemos trajo el modelo asambleario consigo, algo que aumentó la participación en volumen y forma de la militancia. Este modelo no fue copiado al uso por el Partido Socialista, sin embargo, si provocó que, con la llegada de Pedro Sánchez, se le hicieran más consultas a la militancia. ¿Es esto suficiente?

No lo creo, es cierto que es un avance, aunque si queremos un modelo de militancia renovada, esta debe ser promovida o bien por los propios partidos, o por las agrupaciones locales de estos partidos. Estas deberían estar estrechamente ligadas a los movimientos sociales y al activismo. Esto es algo que debería inculcarse, en mi opinión, a cada afiliado. Esta tarea será ardua para la organización o agrupación que quiera acometerla, aunque la transformación de las “Casas del Pueblo” en “Casas del Pueblo y la Cultura Critica” vale la pena.

Esto claramente no es favorable a ningún partido, pues tendería a crear disensiones que, podrían ser vistas como desfavorables a sus intereses como estructura. Por supuesto, donde hay desventajas también habría todo lo contrario, quizá de esta forma se dejaría de ver desde una parte de la sociedad la militancia política como algo inservible.

Lo que esta claro es que se necesitan más militantes comprometidos y menos papagayos que solo sepan repetir el discurso oficial.

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