La familia de los escritores Pere Calders y Avel·lí Artís Gener Tisner (la misma familia, porque son cuñados) recalará en México en 1939 iniciando otra de esas tristes historias de exilio. Su cicerone, que con el tiempo acabará convirtiéndose en uno de los mejores amigos de Calders, será Juan Rulfo. En 1955 los dos decidirán publicar lo que han ido trabajando en esos años de amistad. Calders publicará las Cròniques de la veritat oculta. Rulfo publicará Pedro Páramo.

Con estas obras nace el Realismo Mágico.

Rulfo caerá en el pozo del alcoholismo. Ya no va a salir de él. Calders seguirá publicando a buen ritmo durante toda su vida. En 1962 regresará a España para establecerse en Barcelona, donde entrará a trabajar en la editorial Montaner y Simón, ubicada en ese bellísimo edificio que ahora es la sede de la Fundación Tàpies. Su compañero de trabajo va a ser otro escritor veintinueve años más joven, Jesús Moncada. Su obra, fortísimamente influenciada por Calders, va a convertir su pueblo natal, Mequinensa, y por extensión las Tierras del Ebro, en la Macondo catalana: ahí están los libros de cuentos El Cafè de la Granota y Calaveres atònites(1) o novelas como Camí de Sirga (que probablemente hubiese valido un premio Nobel de no haberlo impedido la prematura muerte del escritor) para atestiguarlo.

Nua arquitectures(2) me citaron en las ruinas del poblado de Castellet de Banyoles, edificado en la cima de una loma por los íberos como punto de control del tráfico fluvial del Ebro, en esas fechas navegable hasta más allá de Zaragoza. Las historias que me contaron son Realismo Mágico. Historias sobre vikingos que subían a saquear Zaragoza. Historias sobre el mismo río, en constante movimiento hasta el punto que los dos pueblos a nuestros pies, El Ginestar y Benissanet, son pueblos de ribera de los que el río se ha marchado, desplazándose centenares de metros a medida que el curso se ha ido meandrizando.

Benissanet fue destruido durante la Batalla del Ebro y reconstruido por el Ministerio de Regiones Devastadas(3). Su realidad social, como la de buena parte de esta región, es dura: en las últimas décadas ha perdido el 60& de su población. Su economía principal es agrícola, principalmente árboles frutales que hay que recoger a toda prisa para que la cosecha no se pierda. En estas circunstancias la asistencia de los vehículos agrícolas es clave y el garaje que lo hace posible, los talleres Gon-Gar(4), que emplea a unas dieciséis personas, una de las fuerzas vivas de la ciudad. El modelo de negocio es claro: la maquinaria agrícola, sometida a mucho desgaste (un montón de piezas móviles) debe de ser reparada muy rápidamente en época de cosecha. El taller no vale por lo que vende, sino por lo que es capaz reparar. Ha ido creciendo a partir de un patio interior de manzana que sirve de aparcamiento y que da tanto a una serie de naves donde se trabajan, almacenan, venden y reparan toda clase de artilugios, y donde también vive la familia propietaria(5): un ejemplo claro de arquitectura incremental. Nua arquitectures fueron comisionados para ampliar estos talleres.

Lo que han hecho es una obra de Realismo Mágico.

Es un edificio bello. Bello y bien integrado, proyectado y construido a base de positivizar cualquier inconveniente que pudiese presentar el encargo. De entrada la propia parcela, en medio del pueblo, una parcela irregular producida a base de ir sumando parcelas concebidas para otros usos como el de vivienda, usos que imponen ritmos de fachada diferentes, ritmos estructurales diferentes, profundidades edificables diferentes.

La decisión inicial estuvo motivada por el presupuesto. Todo tenía que ser lo más barato posible. Así, los cerramientos se resuelven en enormes bloques de termoarcilla (más barata que el bloque de hormigón y con una cierta capacidad de aislamiento térmico) y la estructura a base de perfiles metálicos soldados que van formando cubiertas a dos aguas que van cayendo en altura conforme se acercan a los vecinos.

Los arquitectos no se han limitado a construir una ampliación: han construido la pieza necesaria para que todo el resto de la intervención funcione mejor. Por su disposición geométrica esta ampliación, que integra una nave existente arruinada, era el lugar ideal donde colocar unas nuevas oficinas que posibilitasen el control de toda la tienda, lo que fue sugerido por los arquitectos y aceptado por los propietarios, que se han trasladado allí destinando las viejas oficinas a almacén. Por esta misma configuración la ampliación no tiene ni puerta de entrada ni entidad propia en el funcionamiento del taller. La puerta es el patio de manzana, y no se necesita otra. La nave es un accesorio (donde se ha construido, eso sí, una segunda puerta de entrada de maquinaria volcada directamente a la calle).

El sistema estructural libera la fachada del edificio de cualquier solicitud de carga. Ésta se ha ido modelando para la doble función de servir de escaparate de maquinaria y de entregar esta construcción al pueblo: la fachada se va ritmando en función del módulo de vivienda que urbanísticamente corresponde allí. Ritmo que sirve para ir pautando las futuras ampliaciones que va a necesitar el negocio.

La fachada es también (o sobre todo) un artefacto cultural. Benissanet, como casi todas las Tierras del Ebro, presenta gran cantidad de construcciones realizadas en ladrillo barato sin revestir, originando un mosaico urbano realmente curioso. Revestir una fachada, sobre todo si es de ladrillo barato, aumenta su duración y sus características al dejar el ladrillo protegido. Nua arquitectures quería dejar la fachada sin revestir. Los propietarios querían lo contrario: grandes superficies de revoco, pintura al interior para poder limpiar fácilmente la grasa. El diálogo entre estas voluntades ha creado un lienzo todavía más activo y sensible con el lugar. Sólo hay que prestar atención a la esquina para comprobarlo.

Los propietarios querían luz. Para conseguirla los arquitectos se han fijado en los refuerzos estructurales en forma de triángulo necesarios para que la cubierta no se pliegue. El refuerzo estructural se ha convertido en forma, la forma se ha revestido de policarbonato y convertido en lucernario para luego ser extrapolada intensivamente a cualquier elemento de la intervención que requiriese ser diseñado, desde las patas de las mesas a los tiradores de las puertas, dando al conjunto una gran gracia y coherencia.

A pocos minutos en coche de Benissanet se encuentran las bodegas cooperativas más bellas de Cataluña: Pinell de Brai y Gandesa. Cerca está también la de Falset. La construcción de estas bodegas no tuvo nada que ver con su propósito inicial de convertir en vino la producción de uva de los agricultores locales. Su enorme belleza tiene que ver con la dignidad que este encargo quería transmitir. Cuando el poeta Maragall las bautizó como Catedrales del Vino no andaba desencaminado: son la expresión colectiva de una voluntad de ser.

Los talleres Gon-Gar se ha construido con idéntico propósito. No se trata solo de una obra digna y funcional. Se trata de proveer de identidad y belleza al tejido de Benissanet. Pero ojo: no una identidad y una belleza impostadas, sino las que ya se encuentran en el lugar: más una belleza revelada que una belleza inventada.

Lo que los convierte en otra historia digna de ser contada cuando contemplemos la Cubeta de Móra desde Castellet de Banyoles.

 

Fotografías: Adrià Goula.

(1) Inolvidable ese cuento en que un señor sin cabeza viaja a Mequinensa para poder ser enterrado allí. Todos estos libros han sido traducidos (entre otros treinta o cuarenta idiomas, japonés y sueco incluidos) al español. No tenéis excusa.

(2) Estudio tarraconense formado por los arquitectos Maria Rius y Arnau y Ferran Tiñena.

(3) Que no funcionó mal. Me falta reconstruir la historia, pero lo cierto es que algunas (bastantes) actuaciones que realizó por la zona son estimables. Otras, como el puente de Tortosa diseñado desde Madrid con un error de cota como de tres metros respecto de la ciudad (si vais lo podréis apreciar fácilmente en esa rampa antinatural de acceso que tiene), son bastante más discutibles. Más Realismo Mágico.

(4) Este nombre tan molón es un apócope de González-García. Así de fácil.

(5) En esa tradición tan catalana del botiguer (el tendero), que más que una tienda gestiona una especie de centro cívico donde pasan mil historias.

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