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Lunes, 4 de septiembre.

Este es ya un casi lunes. Digo lo del casi porque muchos comenzamos ya a retomar rutinas, de esas que casi habíamos empezado a echar de menos. El colegio a punto de comenzar. Y el moreno todavía dura.

Si ha estado usted medio desconectado, salvo el atentado, es posible que no haya prestado (mucha) atención a las noticias del verano. Si ha sido así, no se ha perdido gran cosa. Eso si, quizás sea necesario que le contextualice un poco, porque muy probablemente ha notado usted que las noticias hablan prácticamente de Puigdemont, Cataluña y la consulta. De poco más. Ni siquiera de Venezuela, y eso que hace unos días pillaron a Lillian Tinttori con 2oo millones de bolívares en el maletero de su coche (han tenido que escribir artículos para explicar a cuánto equivalen esos millones). No se ha comentado que al ser «pillada» («traspiés» decía ayer una columna de El país) primero dijo que con este dinero iba a pagar la hospitalización de su abuelita de 100 años (algunos aseguran que la abuelita murió hace dos); después dijo que iban a destinarse para niños sin recursos. Bueno, que de esto, como le digo, prácticamente nadie ha hablado. Como tampoco del dinero que parece ser tenía el PP en Venezuela. Eso no importa.

Por cierto, tengo que preguntarle, mi querido lector (y mi querida lectora), si ha visto usted a Santiago Maldonado. Llevo un mes ya sin saber de él, y estoy preocupada. Me gustaría encontrarle con vida. Seguramente usted, si ha desconectado en vacaciones -o como si no lo hubiera hecho porque nadie dice nada del asunto- no sepa que hace un mes Santiago desapareció en Argentina. Estaba en tierras propiedad de Benetton (sí, la marca de ropa y de anuncios guays con negros, chinos, árabes,albinos y pelirrojos), donde habitan Mapuches (después de más de 10.000 años) y precisamente, por defender los derechos de éstos, que están siendo masacrados para que dejen las tierras libres, tuvo que hacer frente a la policía federal que acudió a la concentración. Desde el momento en que la policía comenzó a «cargar», nadie más supo de Santiago. Al día siguiente, Ariel, su amigo, llamó al teléfono de Maldonado y alguien contestó. Contestó y colgó. No era Santiago y quien quiera que fuese, apagó el teléfono para siempre. Ni rastro de Santiago. Y por lo que parece el Gobierno de Macri no tiene mucha intención de mover todo lo posible para que aparezca. Hay quien ya piensa que a la policía se le fue la fuerza de las manos, y ahora tratan de mirar hacia otro lado… Hoy han entregado firmas pidiendo que aparezca.

Bueno, no quiero abrumarle, que acaba usted de llegar. Busque información, o mire usted uno de los últimos conciertos de Pablo Milanés, que pregunta por Santiago también.

De lo que seguro que sí se ha enterado es de que el pasado 17 de agosto hubo un atentado en las Ramblas de Barcelona. Que a día de hoy ya van 16 asesinados y más de 150 heridos. Todo eso lo sabe. Después de aquél dolor y de las felicitaciones entre todos los responsables por la tarea de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, se desató el caos. Un periódico de Cataluña, de supuesto corte progresista (El Periódico) hizo pública una presunta «nota» que la CIA había enviado a los Mossos advirtiéndoles del atentado en Las Ramblas. Provocó una avalancha de comentarios. Hasta Asange, el de wikileaks, pidió la dimisión de Enric Hernández (director de El Periódico) por las múltiples evidencias que mostraban ser una nota totalmente falsa, que además, estaba tan mal escrita en inglés, que parecía una burda manipulación.

Rueda de prensa del Consejero de Interior y del portavoz de los Mossos donde dejaban claro todo lo sucedido (que la nota no era de la CIA, que estuvieron en todo momento coordinados con las FFCCSSEE, y que lo que daba a entender El Periódico era una auténtica barbaridad). Hemos estado casi una semana con este auténtico follón, con nueva nota publicada (reconociendo previamente que la primera no era la «original»), una pseudoconfirmación de EEUU (no de la CIA) del envío de la advertencia a CITCO… todo esto mientras los del Partido Popular no decían ni mu. Bueno, si, Eloy, Diputado por Zaragoza, se despachó a gusto en las redes y luego le tocó disculparse. Pero los demás, chitón. Incluso Soraya, que es la responsable del CNI, esto es: de la «inteligencia» que es el único organismo legitimado para establecer contacto con la CIA. Nada.

Pero los medios de comunicación, sin embargo, no han parado de publicar de todo. De todo lo imaginable quiero decir. Editoriales auténticamente aberrantes. Informaciones sesgadas y manipuladas. Declaraciones sacadas de contexto absolutamente. Políticos llamando a periodistas y prometiéndoles «suculenta mierda» (cito textualmente) que sería suficiente para inundarlo todo durante las dos próximas semanas. Sí, se lo resumo: hemos vivido el comienzo de una auténtica guerra sucia contra Cataluña. 

Podría contarle que a Rajoy le sentaron la semana pasada en el Congreso de los Diputados para comparecer por el caso Gürtel. Podría contarle que tuvo un buen enganchó con Margarita Robles. Un duelo con puñal afilado. Pero esto dio igual porque por la noche, en las tertulias; durante el día, en los informativos, en todas partes, se hablaba de Cataluña. Bueno, debo ser sincera: por la mañana, durante la comparecencia del Presidente, todas las cadenas de televisión retransmitieron íntegro o en parte lo que sucedía. Bueno, debo ser más sincera: todas menos Televisión Española. Que justamente en las preguntas de Pablo Iglesias tuvo que interrumpir la emisión para informar al pueblo español de lo que estaba aconteciendo precisamente en ese mismo instante en Buñuel. Si, durante la tomatina. Estoy segura de que usted entiende que Iglesias tuvo la mala suerte de ir a morderle los tobillos a Rajoy justo en el mayor apogeo de tomates. Supo Rajoy intervenir en buena hora para que toda España pudiera verle hablar sin decir nada.Bueno, he dicho que iba a ser muy sincera: si dijo, si. Tuvo la desfachatez de no hablar absolutamente nada de Gúrtel ni de Bárcenas ni de la financiación ilegal del PP, pero sí atacó a Robles por testificar en el caso Lasa y Zabala, y el impensable cuajo de terminar su intervención haciendo un mitin presumiendo de los «logros obtenidos» durante su gobierno. Olé por Mariano.

Bueno, todo eso pasó pero nadie lo dijo. Porque había que hablar de Cataluña. De los Mossos, del inepto de Trapero, que ademas tiene apellido charnego (por favor nótese mi ironía). Había que hablar de lo que Puigdemont no había hecho, y de paso, sacudir a Colau. Porque ahora son como esos sacos de boxeo de la feria: cuantos más golpes les des, más puntos recibes en alguna parte. Yo al menos así lo siento cuando tengo que comentar sobre la actualidad política. Es imposible no encontrarme con nadie que abiertamente me diga algo medianamente ponderado. Todo está cargado de odio y absoluta irracionalidad. Gente que apela al artículo 155 y que jamás se han leído. Fanáticos que se encabronan porque otros quieran sacar unas urnas a la calle. Insultos. Burradas. Pero aquí la Fiscalía no actúa.

Una auténtica batalla que está cada día más enconada. Le aviso: prepárese para observar durante los próximos días cosas que jamás vio. Manipulaciones increíbles, acusaciones nefastas. A medida que se acerque el 1 de octubre, siéntese y contemple.

Por lo demás, decirle que Corea del Norte y Estados Unidos llevan todo el verano tonteando (en Canarias andan midiendo las consecuencias). Que en Cuenca han echado a un bombero por hacer crítica polítíica (teniendo una oposición aprobada). Que Juana Rivas ha tenido que entregar a sus hijos a su padre y que ahora, usted lo verá, este maltratados es tratado por algunos medios de comunicación como si fuera un oso amoroso. 

Podemos ha recibido también estos días por negarse a firmar el pacto Antiyihadista (no se lo he contado, pero después de los atentados Rajoy puso sobre la mesa un documento de absoluta efectividad para acabar con los terroristas islamistas: cambiar el Código Penal para endurecer penas, someternos a todos a mayor control en las comunicaciones… sí, apretarnos las tuercas a todos los que somos inocentes por si a caso. Todo muy lógico cuando quieres acabar con fanáticos a los que el Código Penal de nuestro país les viene importando menos que un comino. Y es que se cree Rajoy que cuatro malnacidos que son capaces de alquilar una furgoneta y arrasar por La Rambla, marcharse a Cambrills hasta los dientes de cuchillos (previa organización en una casa de un auténtico arsenal para hacernos explotar por los aires), dispuestos y orgullosos de morir por la causa, van a tener algún tipo de miramiento a un Código Penal que jamás van a cumplir. Todo muy lógico. 

Los de Pablo Iglesias le dijeron a Rajoy que quizás esa no era la manera más eficaz de luchar contra el terrorismo islamista. Que quizás sería interesante analizar quién los financia, quién les entrega armas y a quién le venden petróleo. Mas que nada para asegurarnos de que con nuestras armas no están después matándonos. Y que con nuestro dinero no estamos financiando a esta tropa de miserables. Esa era la razón para acudir al pacto como observadores: porque quieren apoyar al Estado, pero quieren más. Bueno, pues han recibido por todas partes, porque las noticias solamente se han preocupado de contar que «Podemos y unos cuantos antisistema más, no van a firmar el pacto antiyihadista porque apoyan a los terroristas». Y cosas así de estupendas.

Sí, del tono de lo que suele decir Carlos Herrera, el gracioso de la COPE. Pues ese señor, que suele insultarnos a todos los que tenemos la más mínima idea de justicia social, reparto de la riqueza e igualdad de oportunidades, a ese, Carlos Herrera negocia su regreso a TVE con un programa de debate … (los de la tomatina, si).

Yo, que le deseo buenas noches, le propongo que piense en diálogo, coordinación, respeto, y solidaridad con todas las víctimas de todos los países. Y que lleguemos a darnos cuenta de que en algunos lugares del mundo, esos a los que nuestros telediarios llaman «rebeldes de la oposición», son los mismos que aquí llamamos «terroristas islamistas asesinos». Que los miles de refugiados que buscan un lugar donde descansar (y a los que nuestro gobierno cierra la puerta), huyen de atentados como el nuestro en Las Ramblas. La única diferencia es que ellos comenzaron a sufrirlos a diario.

Buenas noches. Y no se olvide de Santiago.

Mañana más, y esperemos que mejor.

 

 

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