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Rafa Nadal, estrella del firmamento

Uno de los mejores deportistas de todos los tiempos logra el undécimo Roland Garros en una final donde demostró ante Dominic Thiem que esta competición lleva su nombre

María José Pintor
María José Pintor
Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco.
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análisis

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Rafa Nadal se reinventa así mismo como uno de los mejores deportistas de todos los tiempos y consigue el undécimo Roland Garros en una final donde demostró ante Dominic Thiem que esta competencia lleva el nombre del mallorquín.

El título, que le iguala con la australiana Margaret Court como la persona con más entorchados en un mismo ‘major’, le permitirá seguir como número uno una semana más y le estimulará para apretar a Roger Federer, que con 20 grandes comanda la clasificación histórica.

El mundo del tenis así, y después de sufrir un calambre en su mano bueno, se rinde ante Rafa Nadal que no pudo contener la emoción ni las lágrimas al recoger la copa que le convierte en estrella del firmamento.

Felicitaciones

La felicitación del presidente del Gobierno y del ministro de Cultura y Deporte no se ha hecho esperar.

Así, en sus respectivas cuentas de twiter Pedro Sánchez ha destacado que:

 

Algo más escueto, quizá porque sabe menos de Deporte, el ministro Màxim Huerta ha registrado:

https://twitter.com/maximhuerta/status/1005843249528037376?s=12

 

El juego

El rival de Rafa dijo que «tenía un plan» para derrotar a Nadal y pronto puso la hoja de ruta a funcionar. Abrió con la derecha, para finiquitar a media pista, ya fuera con el cuchillo del revés o con la propia derecha, que atizaba sin piedad. Sus primeros servicios corrieron a más de 220 kilómetros por hora y Nadal solo encontró cómo leerlos en el psicológico décimo juego, ese que divide a los hombres de los niños y a los aspirantes de los campeones. Thiem comenzó con una volea fácil errada y terminó el set al mandar lejos una derecha y con ella, muchas de sus posibilidades, ya que Nadal se llevó los 96 partidos en tierra a cinco sets cuando se apuntó la primera manga.

El número uno consiguió hacer mella en su moral y ahondó a partir de ahí. Le empezó a torturar mentalmente, le pasó bolas, le movió de lado a lado y esperó a que fuera el propio austríaco el que se autodestruyera. Gritó a su palco y se embarró en una pista en la que Nadal ya se deslizaba con total tranquilidad.

Solo un atisbo de redención llegó en el séptimo juego, cuando dispuso de una bola de ‘break’, que Nadal salvó para, a la postre, poner el 6-3 en el marcador que dejó muy de cara el partido.

La mentalidad del austríaco se derritió a medida que Nadal vio más cerca la meta. Algún espasmo esporádico en forma de saque directo o derecha a la línea salvó a Thiem de acabar con el sufrimiento antes. El azul resplandeciente de la camiseta del de Manacor se alineó con el color del cielo de París, que se dejó ver a ratos, cuando las nubes lo permitieron, y la aceleración definitiva llegó en el tercer parcial. El trofeo estaba listo para que Nadal lo mordiese y solo necesitó que Thiem hincase la rodilla para dar el mordisco final.

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