Durante las últimas meses la lucha ideológica ha ido adquiriendo tintes hasta hoy insospechados, de las aceras se pasó a los balcones y de los balcones, en una nueva normalidad, volvió a las calles. Hasta hace apenas unas semanas la ideología rebosaba en algunas terrazas, a un lado en los barrios de adinerados banderas rojas y gualdas con crespones negros, siguiendo el mandato de partidos de de la derecha y caceroladas contra el gobierno. Al otro y de forma espontánea, banderas tricolores, tanto de la II República como de la Castilla comunera, sábanas blancas, o sonoros aplausos y caceroladas, pero en este caso contra la monarquía tras uno de sus últimos escándalos en plena pandemia o como protesta por una mayor dotación de recursos a la sanidad pública.

Tras esta oleada de ¨balconing político¨ (podríamos denominarlo así) en las últimas semanas, las distitnas facciones del régimen del 78, en su vertiente zurda y diestra, así como su buró mediática, tocarón corneta y unos por acción y otros por omisión nos pretendieron situar en un escenario donde solo el régimen pudiera salir favorecido. O el gobierno o la extrema derecha, algo que dejaba entrever un cierto aroma a esa primera transición que, como todos saben, fue modélica y en la que nunca se vivió una coacción que obligó a ciertos sectores a decantarse por la Constitución/ el Régimen del 78 ante el ruido de sables. Constitución que, por cierto, nunca fue avalada en ciertos territorios, como curiosidad.

Sin embargo, la memoria y la experiencia popular acumulada esta para algo e hizo, que allí dónde el régimen monárquico pretendió mostrarse y mostrar su constitución como garante de democracia frente a una derecha elitista bien agitada y espoleada por los medios de comunicación, y protegida, ¿Cuántas identificaciones o propuestas de sanciones ha habido en estas manifestaciones en los barrios acaudalados, señor Marlaska?, la respuesta popular fuera un éxito. Como siempre, serían los barrios y pueblos de tradición obrera y popular en Castilla los que encabezarían la misma, Vallekas, Vicálvaro, Alcorcón o Carabanchel. En un inicio estas concentraciones sirvieron para frenar al fascismo pero pronto la realidad mostró que la lucha antifascista también es parte de la lucha contra el régimen monárquico heredero del franquismo. Así lo pueden atestiguar los/as vecinos de Vallekas que vieron como eran coaccionados/as en su respuesta a la irrisoria concentración de VOX( menos de una decena de personas) con la llegada de anti-disturbios, más tarde lo harían las de Vicalvaro siendo identificadas por la policía del gobierno de Pedro Sánchez, las de Moratalaz comprobando como la UIP escoltaba a un nutrido grupo de fascistas o las personas detenidas en estos paseos populares antifascistas.

Estos paseos saludables tanto física como democráticamente han ido evidenciado a través de sus lemas, como los de Vallekas exigiendo la derogación de la ley mordaza, la abolición del coronavirus (en un sentido polisémico), las dimisiones de Ayuso y de Marlaska, el apoyo al comercio local, a las trabajadoras que estan sufriendo los ERES y ERTES, o una mayor dotación de recursos sanitarios, que lejos de lo que nos pretendían hacer creer en un primer momento la contradicción, y por ende la lucha, que sigue estando pendiente de resolver no es entre el turnismo político sino entre monarquía del 78 o democracia, entre una vida digna para las clases populares o una vida de miseria de estas al ocaso de la brillante de los adinerados del barrio de Salamanca. ¿Acaso alguno/a avezado/a lector creería que se puede ganar un partido si las reglas las dicta el equipo rival?. ¿O quizás habría que cambiar estas para que todos los proyectos políticos fueran materialziables si existe voluntad popular?.

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