La inclusión del Perú en el imperio español significó también la aparición de las ciudades y de empresarios especializados en diversas áreas económicas, como la minería, el comercio y la agricultura. 

La agricultura creció en extensas unidades de producción, conocidas como “haciendas”, explotadas por una mano de obra que combinaba la esclavitud negra con la servidumbre indígena. 

El Estado virreinal desplegó, a su vez, una política tributaria, que al tiempo que procuraba maximizar la recaudación fiscal, terminó difundiéndose el uso de la moneda y el intercambio comercial más allá de las poblaciones de blancos y mestizos.

Un testigo de la época,  Polo de Ondegardo, quien fue corregidor del Cusco, estimaba que la producción de coca se había incrementado unas 50 veces respecto a la cultivada antes de 1532. 

La coca —como el cacao en la época inicial de Nueva España— funcionaba como una moneda para los indios y era un vehículo que permitía la extracción de plata. 

Las fortunas más grandes de la región del Cusco  se apoyaban en la coca. Los indios la pagaban con el mineral que sacaban de las minas; era una mercancía que obtenía directamente plata. La  coca era la “piedra-imán con que se les sacaba a los indios el dinero y el ganado”.

Los productos que salen  de los socavones, del mar o  de las tierras, tras duras jornadas de mineros, pescadores o campesinos seguirán hasta el fin de estos mundos dejando lágrimas y  pobreza.

Pues hay una gama importante de procesadores que le dan ese valor agregado a la quinua y, generalmente, le venden a los exportadores mientras no tengan experiencia de comercio exterior. 

Algunos de ellos están entrando en líneas de transformación de la quinua para un mercado local todavía incipiente y que podría ir creciendo si se concreta alianzas estratégicas adecuadas (programa  sociales  muy transparentes, restaurantes, hoteles, centros hospitalarios, etc. 

Las empresas más grandes y tecnológicamente desarrolladas, generalmente procesan materias primas e insumos importados (trigo, soya, etc.), los cuales se han impuesto en las canastas de consumo de los países productores (harinas, aceites, conservas de alimentos, etc.).

Si procesan algunos productos de origen nacional es para la exportación (café, cacao, y productos agrícolas de la costa) y, principalmente, en sus estados primarios (para exportarlos como insumos, muy rara vez como productos finales).

La Unesco en profusa bibliografía señala la falta de cadenas de valor desarrolladas en alimentos, que implica una seria deficiencia tecnológica que repercute en la escasa cultura industrial y de recursos de equipamiento y maquinarias afecta todos los productos que potencialmente tienen valiosas perspectivas por sus propiedades nutraceúticas y biofuncionales. 

Quinua mezclada. Una de las opciones más populares entre estos compradores es la quinua mezclada con diferentes verduras y alimentos deshidratados que solo requieren agua caliente, presentadas en bolsas y contenedores plásticos para un reciclaje fácil.

Por ejemplo, en el supermercado Walmart, uno de los más grandes de los EEUU, vende quinua Ready to Eat (RTE) – comida preparada – de 7.9 onzas por US$ 24 (seis unidades). Ofrecen una gran variedad de opciones para el consumidor, mayormente basados en quinua como el contenido principal y mezclado con verduras como alcachofa, pimiento asado, jalapeño, mango y pesto de albahaca.

El considerable incremento de las conocidas “Private Labels” o marcas privadas y de las comidas preparadas “Ready to Eat” en Estados Unidos se presenta como una gran oportunidad de exportación para las industrias del Sur.

El consumidor de hoy en día no sólo requiere una opción rápida, sino también nutritiva. En ese sentido, se espera un futuro para los exportadores que combinen la conveniencia de las comidas RTE con los beneficios saludables. Las marcas privadas en el rubro de alimentos han alcanzado casi el 25% de las ventas unitarias realizadas durante el último año, revelan múltiples publicaciones del comercio.

En los últimos años los  alimentos de marca privada en las grandes cadenas de Estados Unidos gozan de  su confianza en la calidad, precio y garantía de sus productos.

Volvemos a la quinua que posee proteínas y aminoácidos como la metionina, fenilanina, treonina, triftófano y valina, y contiene casi el doble de lisina respecto a otros granos y cereales. Además,  vitaminas del complejo B, vitaminas C y E, tiamina, riboflavina y un alto contenido de potasio y fósforo, y lisina en la proteína de la quinua. 

No contiene gluten, siendo considerado un alimento nutritivo y medicinal (nutraceútico). Este grano andino ha sido catalogado como un alimento único, un superalimento, por organizaciones internacionales como la FAO y la OMS, por su alto contenido nutricional. 

El entusiasta mensaje, olvida a los productores, quienes transitan en la soledad del campo, invadido por alimentos procesados.

Por ejemplo, el  envase de Vida Quinua, con el sello de producto original –  un  cuarto de kg  cuesta US $6.00  en   un supermercado de  Lima.

Y la cadena seguirá funcionando para exclusivo  beneficio de capitales de exportación y la secular marginalidad del agricultor, que se profundiza con pandemias que obligan  el cambio  de las reglas del orden convencional  por otro que se preocupe  de la Humanidad. Este sistema es aplicado a una larga gama  de productos, y la dependencia integral  se hace más evidente…

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