Tengo once años, me gusta jugar a videojuegos y al futbol.

Me preocupa el medio ambiente porque hay mucha gente que muere por el cambio climático por tanta contaminación. Y si seguimos así a quien más nos pasará será a los niños de mi edad.

Me gustaría que esto se acabase.

Al principio pensé que esto era un virus normal que no nos haría nada. Cuando vi que aumentaba el nivel de afectados y muertos pensé que era como una gripe, pero dijeron que no, que es peor. Yo sigo pensando que no es mucho peor que la gripe, lo que pasa es que no tenemos vacuna ni cura y se propaga mucho más, así que se ha puesto mucha gente enferma al mismo tiempo y para eso no estábamos preparados.

Cuando ví que niños y jóvenes de algunos países no iban a sus clases pensé que ojalá me pasase eso a mí. Y me pasó. Pero me arrepiento de haberlo pensado. Ahora estoy en casa, me aburro y estoy harto de mis deberes porque tengo un montón de trabajo. La primera semana mi tutora iba enviando los deberes a mis padres así que me crearon una cuenta de email y ahora por lo menos me lo envían todo junto, con las tareas que hay que hacer durante toda la semana de cada asignatura y el día que hay que entregarlas. Pero son demasiadas. Todavía me queda hacer una melodía (no sé con qué instrumento) para enviar grabada al profesor de música y me quedan un montón de ejercicios de mates, naturales, lengua e inglés. Lo de sociales ya lo he terminado, mi madre me pudo ayudar a entender las diferencias entre el gótico y el románico mientras tenía una videoconferencia con su jefe, que también tiene tres hijas y no le importaba que yo estuviera al lado con el otro ordenador (y ahora sé que Pedraza, el pueblo donde vive mi tío Sergio, tiene un montón de edificios románicos).

Al menos la semana pasada, que estuve en casa de mi padre, pude terminar todo a tiempo para que él hiciera una foto de los ejercicios y enviarlos en 4 emails a Mayte. Pero claro, para entregarlo en su momento el jueves me pasé todo el día trabajando y me perdí la video llamada a la abuela que mi hermano y yo hacemos todos los días a las ocho, después de salir a aplaudir a la terraza. Cada día elegimos un tema para dibujar y estamos una hora juntos mientras hablamos y vamos dibujando cada uno lo suyo. A veces es entretenido y a veces se hace un poco pesado, pero mi madre nos ha dicho que así ayudamos a la abuela a pasar mejor el confinamiento y la entretenemos un poco (aunque mi madre me acaba de confesar que le ha dicho lo mismo a la abuela de nosotros). Pero bueno, la llamamos todos los días, que ya lleva cuatro semanas sin salir de casa. Aunque esté con Pepe y salgan todos los días al balcón a cantar ópera, vean series y lo pasen bien juntos, seguro que tienen que estar deseando salir a la calle, pero ¿quién no?

Yo también quiero salir. Echo de menos el recreo, el fútbol, ver a mis amigos. ¡Y correr! El otro día solo quería salir a la calle para poder subir y bajar mi calle corriendo dos o tres veces. Por eso ayer mi madre me dejó salir a tirar la basura siempre que fuera con guantes, mascarilla y un trapo con agua y lejía para tocar el tirador de la puerta, el telefonillo y los cubos de la basura. Me sentí un poco liberado cuando bajé, hasta que me crucé con un señor que iba sin guantes ni mascarilla que me dijo “¡Aparta niño, un metro de distancia!”. Cuando me dijo eso pensé que era una mala persona, porque si yo llevo mascarilla no puedo contagiarle de nada y sin embargo él no llevaba ninguna protección. Pero qué le voy a hacer.

De todos modos, me da igual poder salir a la calle si no puedo ver a ningún amigo. Aunque ahora tengo más tiempo para video juegos (y para estar con la familia) y hablo con ellos, no es lo mismo que verlos de verdad. Quiero ver a mis amigos, quiero poder salir a jugar al fútbol y correr y hasta quiero volver al colegio.

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