Más de 90 masacres se han cometido desde el regreso del uribismo al poder en Colombia, hechos violentos que se suman al asesinato sistemático de líderes rurales, ambientalistas y reinsertados del proceso de paz, han sumergido nuevamente a este hermoso país caribeño en un baño de sangre.

Cerrando el año 2020, en plena pandemia, un nuevo comunicado de las Águilas Negras declaró abiertamente su tendencia pro uribista, hecho que ya se venía notando en anteriores ocasionales con oraciones donde mencionaban, “nuestro gobierno”, “nuestro presidente”, etc.

Alarmante en todo sentido, dado que las organizaciones criminales que tienen sometido al país y cuyos integrantes han expresado esta ideología, como La Terraza, la Oficina de Envigado, Los Rastrojos, Los Urabeños, las Autodefensas Gaitanistas y Las Águilas Negras comparten un mismo origen, el narcotráfico.

¿De dónde vienen las Águilas Negras?

Los libros de historia de Colombia, especialmente los que tratan sobre la violencia partidista, señalan que “Águila Negra” era un reconocido sicario del servicio de inteligencia F2 adscrito a la policía que se desenvolvía en los santanderes colombianos.

Al parecer este icono inspirador ayudó a los fundadores de los grupos sicariales para definir su nombre y su accionar.

Esta multiplicidad de brazos armados simpatizantes de los derroteros ideológicos del uribismo, no tienen otro origen que los grupos paramilitares que no se desarmaron y continúan consolidando su actuar en las zonas con alta presencia militar del país.

La simpatía hacia esta línea ideológica por parte de las organizaciones armadas que se financian con el narcotráfico no es nueva, han acompañado a Álvaro Uribe desde sus inicios en la política.

Sus propios líderes abiertamente reconocieron aportes a las campañas de Álvaro Uribe, no solo con dinero, sino con acciones armadas coercionando a la ciudadanía para votar a favor de su candidato. Acciones dentro de las cuales, narrado por ellos mismos, se establecían filtros con hombres armados cercanos a los puestos de votación en connivencia con ejército y policía.

La retoma del país

Si bien estos grupos armados del narcotráfico bajaron un poco su perfil durante el proceso de paz, lo cierto es que el regreso del uribismo los ha empoderado.

Abiertamente han dejado sus mensajes como lo hicieran el pasado 19 de octubre cuando marcaron con sus insignias 68 municipios en 30 departamentos del país, con una nueva ventaja, ahora los acompaña el Cartel Sinaloa.

Sus panfletos de amenazas no dejan por fuera a ningún sector de la sociedad, salvo, por supuesto, a los seguidores de su misma ideología.

Profesores, periodistas, campesinos, líderes ambientales o en general cualquiera que determinen les puede ser opositor.

Un secreto a plena vista

Hoy estas organizaciones expresan sus posturas sin el menor sonrojo y lo pueden hacer con la mayor tranquilidad y desparpajo, esa misma ideología tiene sometidos los órganos de control, en una especie de situación en donde la democracia y la justicia en Colombia están temporal y parcialmente suspendidas.

En Colombia ya no hay separación de poderes, todos están bajo seguidores del mismo movimiento que prepara además la judicialización de las cortes, el último rincón de la democracia que queda ante la pasividad ciudadana.

Los señalamientos contra el Centro Democrático de estar detrás de las acciones de estos grupos del narcotráfico que comparten su ideología son frecuentes, sin embargo las investigaciones al respecto al parecer duermen el sueño de los justos en los organismos de control.

Sobre cómo el cartel de Medellín se apropió de la fuerza pública

En Colombia para nadie es un secreto que durante la guerra de carteles de los años 80 y 90 Pablo Escobar asumió el control de una parte del ejército y el Cartel de Cali una parte de la policía.

De allí que al entregarse el capo del Cartel de Medellín pusiera como condición que la guardia fuera del ejército. Entre tanto los cumpleaños de la familia Orejuela en Cali, eran vigilados con cordones de seguridad por la policía en los alrededores del Hotel Dann.

Al morir Pablo Escobar y ser desmantelado el Cartel de Cali, no fueron pocos los miembros de la fuerza pública que quedaron encabezando microestructuras de narcotráfico, en un escenario en donde años más tarde el desastroso gobierno de Andrés Pastrana permitió el vertiginoso ascenso del candidato propuesto por el Clan Ochoa del Cartel de Medellín.

De allí en adelante el asunto fue aliarse o ser sometido, volverse millonario con las oportunidades del renaciente Cartel de Medellín (Aparentemente con un acuerdo político con la DEA) o ser asesinado por sus propios compañeros al ser declarado “sapo”.

A hoy, los miembros de la fuerza pública aliados del narcotráfico y participes de sus acciones paramilitares, se dan el lujo incluso de hacer purgas internas en las instituciones que los cobijan, ejército y policía principalmente para expulsar, amenazar y en algunos casos asesinar a cuyos miembros demuestren algún tipo de resistencia frente a su actuar delictivo.

Amenazas y asesinatos:

Es frecuente que los panfletos amenazantes de las Águilas Negras circulen después de declaraciones de miembros del gobierno, de su partido político o de su líder máximo.

De hecho bajo el mismo esquema de la mafia de los años 60 en Indonesia, han generado comunicados anunciando el exterminio de quienes consideren opositores o “comunistas”, que de acuerdo a lo que plantean, les da igual.

Las valientes organizaciones criminales de esta ideología se dedican principalmente al asesinato de civiles desarmados, de mujeres, de ancianos, de padres y madres delante de sus hijos y de jóvenes.

Estos últimos con especial saña, desde los dos primeros periodos de Uribe, diera la impresión que estas organizaciones quisieran acabar fundamentalmente a la próxima generación de colombianos, a quienes su guía ideológica denomina “juventudes far”, pero que no tienen nada de eso, son simplemente civiles, campesinos desarmados, profesores o población desplazada a quienes ya le han robado casi todo.

Estos héroes del narcotráfico, exterminan familias enteras, primero un hijo, después los papás, luego los hermanos y luego la esposa y el resto de hijos, si quedan.

La campaña de exterminio llevada a cabo por estas organizaciones armadas y su enfoque ideológico ya superaría los cientos de miles de colombianos, e incluye todo tipo de prácticas, con tal de someter cualquier obstáculo que entorpezca lo que planearon para su llegada al poder desde el mismo seno del Clan Ochoa en lo que podríamos denominar el Cartel de Medellín Nueva Generación.

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