Carolina Darias, ministra de Sanidad

Mala memoria tienen algunos políticos y especialmente los del PP que se han unido a las críticas de quienes reprochan a Carolina Darias no ser médico y aceptar liderar el Ministerio de Sanidad. Olvidan que, por ejemplo, Celia Villalobos ocupó también este cargo en el Gobierno de Aznar, igual que lo hizo Alfonso Alonso en la era Rajoy.

Solo cuatro ex ministros de Sanidad, la popular Ana Pastor y los socialistas Bernat Soria, Carmen Montón y María Luisa Carcedo eran licenciados en Medicina. Entre los restantes podemos contar un físico, una ingeniera Industrial, una funcionaria y varios sociólogos.

Pero da igual. Porque en el acoso y derribo al Gobierno de coalición todo vale. Así, organizaciones sanitarias conservadores como el Consejo General de Enfermería  demanda que, «en plena pandemia», este cargo fuese desempeñado «por un profesional sanitario». 

En la misma línea está la Organización Médica Colegial (OMC), que defiende que, en estos momentos, el Ministerio de Sanidad necesitaba «un perfil mucho más sanitario y de trinchera». 

Ambas organizaciones fueron menos críticas con que un ministro o ministra de Sanidad fuese médico o enfermero cuando gobierna el PP, aunque sí lo hicieron más tímidamente, eso sí, cuando se nombró a Alfonso Alonso. Ni siquiera en plena crisis del Ébola, con una Ana Mato sociólogo y politóloga. Pero claro, entonces el presidente del Gobierno era Mariano Rajoy.

A los colegios de médicos y enfermería les debió de parece Ana Mato, salpicada por la Gürtel, mucho más adecuada que Carolina Darias.

Ciudadanos

Desde Ciudadanos vuelven a no estar a la altura en este tema. Así el eurodiputado Luis Garicano lanzó un tuit en esta misma línea:

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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