Igual que a nuestro poeta urbano Sabina le robaron el mes de abril, tengo la impresión de que a nosotros, a mí, nos robaron el “buen amor”. Somos ustedes y yo unos navegantes intrépidos en las mareas de la primavera, y digo intrépidos, porque nos proponemos sentir aun a sabiendas de que tenemos cercenadas las libertades más básicas para fecundar un buen amor, llámese amistad, familia o pasión. Es sabido que no podemos tocarnos, mucho menos besarnos, y si me apuran hasta respirarnos, porque no es posible olfatear ni el perfume sutil de los cuerpos a dos metros de distancia. Pero seguimos buscando la ola perfecta, bien que me pesen las caídas que indignamente me profirieron todas las olas que mi tabla romántica decidió coger. Y, aun así, yo intento encontrar el buen amor que tan preocupada me tiene. Bueno, a mí y a usted, que ya somos demasiados los corazones solos y muy pocos los corazones en compañía.

Nos prometieron ser amados desde niños: nuestras amorosas madres en su delicada y femenina forma de sentir nos leían cuentos maravillosos de príncipes y princesas y castillos encantados; el cine también nos invadió de amores imposibles fraguados bajo el sensual rito del baile, o las desnudas manos acariciando la arcilla derretida en el deseo, o el aroma del jabón y la cálida agua que le ayudaban a él a enjabonar la melena de ella en África. Pero el buen amor se distorsionó, y al hacernos maduros nos enseñó que queda relegado al estrés del trabajo, de la posesión, de lo material, de la infidelidad, del egoísmo, y finalmente de la pandemia. Si tras administrarnos la sustancia nociva que previene, nos dan suelta en los meses venideros, ¿cómo será el buen amor?

Ustedes no me conocen, escribo por primera vez una columna en este prestigioso medio que es Diario16; pero soy una mujer de esas que creen y sienten que el amor puede serlo todo, que invade todo, y alimenta el alma. Es por lo que, a mi modo de ver, sin olvidar que me robaron el buen amor de juventud, existen vacunas maravillosas para llegar al buen amor en la pandemia. Y si me lo permiten voy a resumírselas.

El buen amor comienza en usted, sí, en usted lector de este diario. Cada mañana abre los ojos, los suyos, respiran sus pulmones con plena consciencia y bosteza con una leve sonrisa, porque está vivo. Incluso tocando el espacio vacío de su cama, usted sabe que no está solo, tiene un alma que habita en usted y nunca le abandonará. El buen amor sigue a su lado en el café que saborea en el bar de la esquina, y que milagrosamente sigue abierto, y le atiende con una sonrisa que abraza y agradece que usted vuelva allí a tomar café. Como todos los días. Está en el compañero de trabajo que no es feliz en su matrimonio, gastando mal encare cuando se dirige a usted, pero que ahora, después de haber probado la soledad del teletrabajo, le parece el “tío más fenómeno del planeta”. El buen amor está en el periodista que diariamente le cuenta los contagios y fallecidos en nuestra piel de toro, aparentemente tranquilo y locuaz, pero consciente de que no tiene la única gran noticia que esperamos todos: “Terminó la pandemia”. El buen amor está en la comunión que harán nuestros hijos, sin fiestas orquestadas, incluso sin la familia más directa, esos abuelos que viven en otra comunidad y a quienes no se les permite viajar pese a estar vacunados. El buen amor, en fin, está en todo lo que vemos con nuestros ojos de amor, sin más. Porque no se le olvide, mi querido lector, que no es cómo ven el mundo los otros, si no cómo nuestro corazón mira a través de nuestros ojos.

Siempre suya.

6 Comentarios

  1. Desde la lejana Patagonia Argentina, mientras el otoño llega y con el, la tibieza de un sol remolón, me encuentro leyendo la primera carta de Cruz Galdón quién, dotada de una pluma exquisita, descubrí al leer su primer novela Yo Soy Ellas haciendo que, desde entonces, me haya convertido en un seguidor implacable de sus escritos pués están tejidos con Amor y enlazando las palabras sabiduría. Bien, muy bien por Ella, esa pequeña Mujer que hace realidad lo que nuestras almas necesitan en estos días extraños, ser acariciada con la calidéz poco habitual de una persona que alienta esperanzas. Felicitaciones Cambio 16 por esta iniciativa. Un abrazo a todos y, especialmente a Ella, Cruz Galdon.!!

  2. Envuelto en la tibieza del sol remolón que me ofrece el otoño nuevo, en la Patagonia Argentina, leo con avidéz la primera carta de Cruz Galdón, esa autora novel que descubrí al encontrarme con su obra «Yo Soy Ellas» y, desde entonces, ya convertido en un seguidor implacable del tejido de sus palabras, busco afanoso todo lo que Ella escribe porque leerla supone una caricia al alma en estos difíciles tiempos que nos tocan vivir. Bien, muy bien por Ella y por la acertada iniciativa de Cambio 16. Un abrazo fraterno y grande para todos, especialmente para la pequeña Cruz Galdon.

  3. Envuelto en la tibieza del sol remolón que me ofrece el otoño nuevo, en la Patagonia Argentina, leo con avidéz la primera carta de Cruz Galdón, esa autora novel que descubrí al encontrarme con su obra «Yo Soy Ellas» y, desde entonces, ya convertido en un seguidor implacable del tejido de sus palabras, busco afanoso todo lo que Ella escribe porque leerla supone una caricia al alma en estos difíciles tiempos que nos tocan vivir. Bien, muy bien por Ella y por la acertada iniciativa de Cambio 16.
    NHFreireUn abrazo fraterno y grande para todos, especialmente para la pequeña Cruz Galdon.

  4. Envuelto en la tibieza del sol remolón que me ofrece el otoño nuevo, en la Patagonia Argentina, leo con avidéz la primera carta de Cruz Galdón, esa autora novel que descubrí al encontrarme con su obra «Yo Soy Ellas» y, desde entonces, ya convertido en un seguidor implacable del tejido de sus palabras, busco afanoso todo lo que Ella escribe porque leerla supone una caricia al alma en estos difíciles tiempos que nos tocan vivir. Bien, muy bien por Ella y por la acertada iniciativa de Cambio 16. Un abrazo fraterno y grande para todos, especialmente para la pequeña Cruz Galdon.

  5. Qué forma tan bonita de hablar del Amor, como el buen Amor y además tocando temas tan actuales y reales sin necesidad de sumir al lector en pánico o angustia.
    Gracias Cruz Galdón por enseñarnos que se puede ver la vida desde otros ojos, como los tuyos que profundizan en el interior desde el corazón.

  6. Da gusto leer a Cruz Galdón. Sus escritos son un canto a la esperanza, son un mensaje de optimismo ante una situación como la que estamos viviendo por la pandemia. Solo desde el amor se pueden afrontar con éxito las adversidades. Como ella dice «el amor puede serlo todo e invade todo»

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre