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Quién lo iba a decir, que amanecería por fin 2022

Domingo Sanz
Nacido 1951, Madrid. Casado. Dos hijos y tres nietos. Cursando el antiguo Preu, asesinato de Enrique Ruano y la canción de Maria del Mar Bonet. Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973 y de la mili en 1975. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. De 1996 hasta 2016, gerente empresa propia de informática educativa: pipoclub.com Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015.
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Quién lo iba a decir, el reloj que derrota el tiempo perdido trayendo un número nuevo, pero con el mismo ojo para seguir viendo el cielo al que no subirán los abusadores de tantos pequeños con la cruz armada bajo la sotana, ni los obispos que se niegan a investigarlos, aunque lo mande el Vaticano. ¡¡Que se entreguen los primeros, si los hubo, los obispos que abusaron!!

Quién lo iba a decir, y si usted no quiere que esto le siga doliendo, deje de leer, pues las verdades que vienen serán todas desagradables.

Pero no las ilusiones.

Quién lo iba a decir, hablando de los niños que fueron los que hoy son viejos, saber de ellos que, además, les contaron en el colegio que los republicanos fueron los culpables de aquel golpe de Estado y de la sangre derramada. Y que haya millones que se lo sigan creyendo.

Y quién lo iba a decir, dentro de quince años hará un siglo, que muchos profesores sigan sin atreverse a contar a sus alumnos la España del siglo veinte, con miles de asesinados por los franquistas y el cuento de los reyes, tan inviolables como indecentes.

Quién lo iba a decir, que vivamos en la monarquía que restauró durante su dictadura el militar que sí organizó y ejecutó el golpe de Estado, aunque para disfrazarla la colocaran con mentiras en una nueva ley de leyes en medio de una confusión reinante y amenazada llamada “Transición”.

“De la ley a ley”, quién lo iba a decir, para que se salvaran los criminales. Que todos se salvaron y, los que quisieron, siguieron mandando.

Y quién lo iba a decir, del primer rey de esa monarquía así restaurada, que nos contaron el cuento de que paró otro golpe de Estado, aunque ahora sabemos que aquello fue el teatro de intrigas que organizó para acabar con un presidente elegido en las urnas, pero que se le escapaba de las manos.

Quién lo iba a decir, de aquel militar golpista, asesino, dictador y restaurador de la monarquía, que dijera que estaba dispuesto a matar a trece millones, que eran entonces “la mitad de los españoles”. Y que claro, para que no le pasara nada tuvo que ganar la guerra, costara lo que costara.

Y quién lo iba a decir, que más de ochenta años después nos íbamos a enterar que otros altos militares, porque quien lo ha sido en España lo sigue siendo para siempre, compartieran en sus redes privadas que “hay que ejecutar a 26 millones de hijos de puta”, más de la mitad de los españoles de hoy, como subiendo la apuesta, y no les haya pasado nada. Ni a quien lo dijo, ni a quienes, sabiéndolo, no lo denunciaron ante la justicia.

Y quién lo iba a decir que, en cambio, a un cantante desarmado, como todos los cantantes, por rapear amenazas en vacío y llamar al rey ladrón por su nombre, haya tenido que exiliarse para no entrar en la cárcel.

Quién lo iba a decir, tantas elecciones tergiversando la voluntad popular con dinero ilegal entregado bajo cuerda a ciertos políticos importantes, pero que a quien le terminan quitando el acta de diputado sea a uno al que un solo policía, armado con una ley a la que llaman “mordaza” y que sigue recortando libertades, acusó de haberle dado una patada hace siete años durante una manifestación contra un desahucio.

Quién lo iba a decir, que con la excusa de esa patada sentenciada el socio “socialista” y grande de un gobierno iba a humillar al socio “15M” y pequeño. Y que el socio pequeño se dejaría humillar por el socio grande, señora Yolanda Díaz.

Quién lo iba a decir, que le pregunten con mascarilla a la ministra Robles por qué sí a siete mil personas en la Puerta del Sol del Reino de España para escuchar unas campanadas, mientras en otras capitales lo prohíben todo, y que ella responda tirando balones fuera con lo de la “distancia”, como si los riesgos y los muertos por contagio fueran los mismos en medio de la masa que en una plaza vacía.

Que nadie se hubiera quitado la vida por una juerga de menos ni a ti, Robles, te hubiera pasado nada por decir algo en contra de Ayuso.

Quién lo iba a decir, que escuchemos en la radio a redactores desaconsejando las reuniones para evitar contagios, pero también anuncios que convocan a divertirnos reunidos, como ese “copia y pega” de la Lotería Nacional para ludópatas baratos versión ONCE, con el “vente con nosotros a la casa que he alquilado en el campo y el cupón se lo enviamos a tu madre con el taxi de mi hermano”. Aquí ya no manda ni quién paga, o todo es un engaño.

Y quién lo iba a decir, tantos muertos asesinados yaciendo aún bajo el suelo que pisamos, alas en el cielo contra el miedo que lo intenta de nuevo.

Quién lo iba a decir, que termino ya porque me dicen que estoy loco. Han descubierto que escribo siempre las mismas palabras, pero cambiándolas de sitio.

Quién lo iba a decir 2022. Dejadme soñar con este número nuevo, como si fuera el año en el que las amenazas cayeron derrotadas y regresaron las vidas que rompieron los malditos.

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