-Buenos días Marisol. Es usted Bailaora y copropietaria junto a Antonia Moya de “Las Tablas” un tablao en el centro de Madrid con una propuesta muy alejada de lo que podría esperarse de un tablao. ¿Dónde ha quedado la decoración usual del flamenco? No he visto ni una peineta, ni un toro, ni un traje de faralaes.

Buenos días Raúl. Cuando abrimos este tablao hace diecisiete años, queríamos un lugar fresco y minimalista, en donde el flamenco se viera y se sintiera en el escenario y no en la decoración. Queremos alejarnos de esa asociación de ideas del toro y el flamenco (yo soy anti taurina). Por otra parte, no hace falta ponerte volantes para bailar flamenco, puede ser complementario, pero no necesario.

-De hecho, observar su tablao es casi como ver un local neoyorquino de copas de moda, incluyendo el logo de diseño. ¿Este enfoque tan “Laico” del flamenco y tan alejado de los patrones habituales le ha generado problemas o incomprensión por parte de la comunidad flamenca?

No nos ha generado problemas, aunque es verdad que algunas personas se sorprenden al entrar y no encontrarse con lo típico/tópico de un tablao.  Como para gustos los colores, dentro de la comunidad flamenca hay artistas que se identifican mucho con este estilo y seguro que a otros les hará falta el toro y el lunar.

-Igualmente, en el imaginario colectivo, el flamenco está indisolublemente unido a la cultura gitana, usted es paya. ¿Encuentra animadversión o dificultades por su condición? ¿Le hace esto interpretar el flamenco de una forma diferente?

Bueno yo creo que todas nuestras condiciones, nuestros orígenes, nuestra historia y nuestras vivencias nos hacen interpretar no solo el flamenco sino la vida o cualquier otra expresión artística de una manera diferente.  Por otra parte, no encuentro dificultades por no ser gitana.

– ¿Cómo llega una mujer como usted, que proviene de una familia alejada del flamenco y sin tradición alguna, a convertirse en una profesional del baile con treinta años de carrera en su cuerpo? ¿Qué la cautivo tanto de este arte?

Yo empecé mis estudios en Costa Rica, hice la carrera de danza en la Universidad Nacional. Cuando terminé la carrera, sabía que me quería dedicar al flamenco. Había visto la trilogía de Saura, y me fascinó, en esa época no era tan fácil tener acceso a tanta música y tantos vídeos como lo tenemos ahora, todo lo que nos llegaba lo disfrutábamos muchísimo. Descubrí a Paco de Lucía, Camarón, el baile, y decidí mudarme a Madrid para emprender la aventura del Flamenco.

– ¿Cómo ha sido su carrera? Imagino que no le fue sencillo arrancar y que, en tantos años, habrá conocido todo tipo de escenarios y ambientes.

Durante los primeros años en Madrid aprendí de todos los maestros, me pasaba el día entero en Amor de Dios, estudiando con tod@s y aprendiendo de tod@s, ¡fue una de las épocas más bonitas! Empecé a bailar en El Calentito, que dirigía Blanca Li, y era el lugar donde íbamos a probar y poner en práctica nuestros aprendizajes.

Luego me salió mi primer trabajo en México, en un tablao que dirigía Mercedes Amaya (sobrina de Carmen Amaya) Nos fuimos un grupo de artistas amigos y amigas a trabajar allí. Fue otra de mis mejores épocas, aprendí muchísimo de lo que es trabajar en un tablao, fue un regalo de la vida haber podido trabajar con La Wini (Mercedes Amaya) y haber aprendido tanto de este oficio con ella.

En esa época combiné mis dos pasiones: el flamenco y la aventura.  Una de las bailaoras con las que iba era amante de los deportes de montaña y durante esos años combiné el tablao con la escalada y con los viajes en bici. De hecho, fui con un contrato de cuatro meses y me quedé cuatro años. Entre contrato y contrato me montaba una aventura. Recorrí en bici 1.500 km desde el sur de Canadá hasta San Francisco, Subí los volcanes de México, y como me junté con escaladores profesionales, hice la caminata por el Glaciar del Baltoro al campo base del G2.

Después de cuatro años viví un tiempo en Granada, trabajé en una producción del Amor Brujo que dirigía Manolo Marín, y luego me fui a Japón.

En Japón trabajé durante otros cuatro años (yendo y viniendo entre España y Japón) como profesora y como bailaora en diferentes ciudades, Osaka, Fukuoka y Tokio. En Madrid trabajé en casi todos los tablaos hasta que me quise asentar y nace la idea de montar uno.

– ¿Qué les pasa en Japón con el flamenco? tienen auténtica pasión por el.

La cultura japonesa no permite expresar emociones en el día a día. Hay mucha afición por el flamenco, la salsa y el tango, que son expresiones artísticas en donde hay que sacar emociones fuera. Yo pienso que tienen la necesidad de expresar emociones, pero como su cultura no se los permite, lo hacen a través de lo que sí está socialmente aceptado, como son las clases de flamenco. Es una sociedad muy perseverante, disciplinada y estudiosa, y cuando algo les apasiona lo hacen muy bien y con mucha dedicación. Personalmente Japón me ha aportado mucho, me ha dado mucho trabajo y he aprendido mucho enseñando.

– ¿Quiénes son para usted los referentes históricos y actuales sin los cuales no se puede entender el flamenco y que todo el mundo debería conocer para entenderlo y disfrutarlo?

A mí personalmente me ha marcado Carmen Amaya, Paco de Lucía, Anica la Piriñaca, Camarón, el Borrico de Jerez.… pero entiendo que a cada persona le puede marcar de manera diferente otros artistas y que cada uno puede tener su referente.

-Volvamos a su tablao flamenco. ¿Cómo definirían su propuesta? ¿Qué puede uno encontrar en Las Tablas?

Siempre pensé que me gustaría rescatar todo lo bueno que había vivido trabajando en otros tablaos y mejorar todo lo que no me había parecido tan bueno. Cuando abrimos el tablao, uno de nuestros objetivos era quitar esa idea casposa que en ocasiones tiene el público español hacia el flamenco. Aunque el flamenco es Patrimonio inmaterial de la humanidad, muchas veces en España no se le reconoce como se merece y sin embargo cuando viajas te das cuenta de lo respetado y apreciado que es en el extranjero. Queríamos así atraer al público nacional y acompañarles a descubrir este arte.  También otro objetivo era crear un ambiente de respeto por parte del público y personal de sala hacia lo que ocurre en el escenario, evitando ruidos y distracciones. Para nosotras era también muy importante la selección de artistas, la puesta en escena, construir un amplio escenario, tener luces y un técnico especializado. Damos cabida a artistas que quieren presentar nuevas propuestas. Cuidamos la programación, pero sobre todo creo que cuando eres empresaria y artista cuidas mucho más de todos estos detalles.

-Imagino que debe de ser todo un reto dirigir un espacio abierto al público durante una pandemia mundial. Si no fuera posible continuar con el tablao ¿A qué se dedicaría? ¿Entendería la vida sin dedicarse al flamenco?

¡Y tanto! Ha sido y sigue siendo muy duro. Después de diecisiete años y de sacar adelante un proyecto con toda la ilusión del mundo esto ha sido muy duro. Se nos vino todo abajo en un segundo. Ya en enero y febrero empezamos a ver consecuencias de lo que sería la pandemia cuando nos empezaban a cancelar reservas de grupos que teníamos previstas para primavera y así un mail detrás de otro, nos quedamos sin reservas, luego en marzo, cerramos con el estado de alarma, tuvimos el tablao cerrado ocho meses, con cero ingresos y con todos los gastos fijos como alquileres, suministros, etc. Tuvimos que volver a endeudarnos para intentar salvar el negocio.

Para poder ir trabajando en algo solicitamos un permiso de terraza, pero nos fue denegado. El motivo: “las obras de Plaza España”

Hicimos un intento de apertura a finales de noviembre y durante diciembre, por supuesto la programación no era como antes de la pandemia todos los días y dos pases diarios. Tuvimos que reabrir con cautela, solamente fines de semana y un solo pase. Hay que tener en cuenta la restricción al 50% en el aforo, la distancia de seguridad, (que hace reducir aún más el aforo), tuvimos que bajar al 50% el precio de la entrada. Teniendo en cuenta la falta de turismo provocada por la pandemia, las obras de Plaza España y la difícil situación, hemos vuelto a cerrar durante enero y febrero, pero con idea de intentar abrir nuevamente en marzo.

No sé a qué me dedicaría si no fuera posible continuar con el tablao, pero la vida sigue y todo cambia, sería duro, pero habría que pasar página y seguir adelante. En los últimos años descubrí el trapecio volante y me enganché mucho a esta actividad así que lo mismo me dedico a bailar por los aires…

– Así que pretenden reabrir en breve. ¿Aprovecharan la situación para renovar parte de la propuesta?

Queremos abrir el 26 de febrero, tener una programación de flamenco, pero también tener más actividades diversas como cine, conciertos, cabaret, etc. Adaptarnos a lo que vaya ocurriendo y a las nuevas formas de hacer las cosas. En estos momentos es muy difícil hacer planes, hay que ir día a día porque dependemos de muchos factores externos como la evolución del Cóvid, el toque de queda, las restricciones… Así que vamos día a día, como todo en estos momentos.

-Muchas personas vemos el flamenco con suspicacia y como parte de una cultura vetusta y desfasada que retrotrae a una España de charanga y pandereta

¿Qué nos diría? ¿Tiene algo que aportar el flamenco en una sociedad tecnológica y moderna o es simplemente una manifestación cultural a extinguir?

Yo invitaría a la gente a descubrir el flamenco, hemos querido quitar esa imagen casposa que arrastra y hasta ahora lo hemos conseguido. El público se va sorprendido y emocionado.

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1 Comentario

  1. La reflexión final de Raúl Peña, de cómo ve él el flamenco, deja con la boca abierta.
    Hay que reconocer que no le falta sinceridad. Porque una cosa es ser ignorante y otra admitirlo públicamente.

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