Después de un año sin saber de su paradero, tras haber sido designado Senador, como parte del acuerdo de paz que significó el fin la guerrilla de las Farc-Ep, sin llegar a asumir en el Congreso de la República y haberse ausentado del espacio de reunión de ex combatientes de Miravalle, en Caquetá, al sur del país, reapareció Iván Márquez, y lo hizo anunciando un indeseado, aunque no inesperado, resurgir de la otrora guerrilla desmovilizada (https://youtu.be/GQNMQxTV46o).

Si bien pretende presentarse como un grupo disidente, descontento con la aplicación de los Acuerdos de Paz firmado entre las partes hace ya casi tres años, presenta mucho más de acciones de autosupervivencia que de movimiento armado. En materia de alcances, de avances y retrocesos del Acuerdo que según el instituto Kroc (https://kroc.nd.edu/research/peace-processes-accords/pam-colombia/), único autorizado oficialmente para hacerle seguimiento a lo pactado, resaltó que a febrero de este año, el 69% de los compromisos estaban en proceso de implementación, de esos, el 23% se ha implementado completamente, mientras que un 12% se terminaran de implementar en el tiempo estipulado. Todo un reto en consolidar la paz.

El renacer como disidencia armada, presenta una serie de curiosidades. La mayor de ellas, es que ya no se proponen la conquista del poder a través de las armas sino que ‘Una nueva modalidad operativa conocerá el Estado. Solo responderemos a la ofensiva’, o sea que si el Estado no los persigue, sólo es cuestión de tiempo su propia extinción, aunque paso seguido anuncian que ‘Buscaremos coordinar esfuerzos con la guerrilla del Eln’, con el objetivo de golpear a la ‘clase dominante y oligárquica del país que tanto le ha hecho al proceso de paz’, en una vetusta y pasada de moda ideológica

Rápidamente el ex líder de las Farc Rodrigo Londoño, salió a minimizar el impacto del anuncio de su ex lugarteniente y afirmó que ‘Cualquiera siente vergüenza, nosotros lo aprendimos, a cumplir lo que se pacta, a cumplir la palabra empeñada, sentimos vergüenza, le pido disculpas al pueblo colombiano y a la comunidad internacional’ y remarcó, trazando una gruesa línea entre ambos sectores, que ‘Aquí estamos la gran mayoría, estamos los mejores’. En clara alusión al 90% de la base armada que aún se encuentra dentro del proceso, y entre ellos, aproximadamente el 75% está convencido que fue una buena decisión la reincorporación.

Aunque fueron los ex negociadores del gobierno Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo quienes pusieron los puntos sobre las íes al dejar en claro que parte de la responsabilidad es del propio gobierno colombiano por ‘sus ataques permanentes al proceso y los riesgos de desestabilización jurídica’ lo que llevó ‘a varios comandantes (de las FARC) a tomar decisiones equivocadas’, y que por ello ‘El Gobierno debe asumir con decisión y con criterio de Estado el liderazgo del proceso de paz y dejar de actuar con criterio de partido, como lo ha hecho hasta la fecha’.

Este accionar de Márquez, Santrich, el Paisa y un puñado más de combatientes, hieren el proceso de paz, aunque no de muerte. El volumen político y la capacidad de acción aparecen como limitadas y lo que se presenta como una decisión política parece tener más con volver a las fuentes que de política propiamente dicho. Los comandantes guerrilleros pretenden resucitar la guerrilla porque eso es lo que han hecho toda su vida y es lo que mejor saben hacer, en consecuencia, hay que quitar argumentos a su accionar para que queden en evidencia sus fines.

Lo que parece tan sencillo es más complejo de lo que aparenta, puesto que el anuncio del comienzo de ‘la segunda Marquetalia’ da argumentos a quienes, desde el gobierno, pretenden acabar con los procesos de paz y de paso, dar un nuevo aire a la derecha colombiana en una coyuntura de elecciones regionales en el país.

Es responsabilidad de todos los colombianos así como de la comunidad internacional, el no escuchar los cantos de sirena de uno y otro lado, y seguir trabajando por una paz duradera y sólida en todo el territorio del país. Mucho se avanzó y no es momento de tirar todo por la borda. Queda mucho por hacer.

Si bien, lo manifestó en una nota periodística el director del partido de las Farc Rodrigo Londoño, es preferible un mal Acuerdo de paz, que una buena guerra.

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