“ La melancolía no es más que una recordación inconsciente»

(Gustave Flaubert)

 

Los españoles tenemos una constante melancolía por disfrutar plenamente de los derechos y obligaciones de la democracia constitucional que nos hemos dado. Ello, porque el caso Cloacas-Podemos es un indicador de una democracia degradada. Todos los esfuerzos por minimizarlo solamente ponen de relieve al statu quo que lo arbitra.

La Pavana era una danza procesional común en Europa durante el Siglo XVI. Era una danza antigua de movimiento lento y en compása binario y de carácter melancólico. A finales del siglo XVI Thoinot Arbeau y Thomas Morjey teorizaban sobre lo que es una pavana, ya que esta danza estaba empezado a ganar relevancia en las cortes. Arbeau la describirá como una música invariable, llegará a afirmar que: “La utilizaban los Reyes, príncipes y grandes señores para exhibirse…” (pavonearse) “… en las fiestas solemnes, con sus elegantes mantos y trajes de ceremonias; luego las reinas, princesas y grandes damas que los acompañaban”. Morley profundiza más señalando que es una pieza de carácter funerario.

España ha salido al escenario democrático desde las negras oscuridades del franquismo tras las garantías institucionales de una monarquía impulsada por el dictador, que parece estar por encima de la propia Constitución. Todas las anomalías derivadas de esa génesis han contaminado los soportes fácticos que la sostienen, más allá de los propios principios constitucionales. Reflexionando acerca de los acontecimientos, puede que se haya instalado en el pensamiento colectivo que este modo de pensar político sólo se haya concebido para preservar las prácticas de un poder económico cada vez más voraz, en lugar de ser un sistema que le ofrezca garantías a todos y cada uno de los ciudadanos. De tal modo, las instituciones de ese modelo existirían para preservar esos privilegios. Con grandilocuencias procuran ocultar sus comportamientos sospechados. Demasiadas banderas y poca Constitución. Pavanas.

Los ciudadanos debemos respetar y también hacer respetar los principios constitucionales o, le pese a quién le pese, la democracia española seguirá su imparable proceso de degradación. Es así que, para preservar los presuntos devaneos amorosos y de negocios de un monarca, hayamos quedado atrapados en las redes de los servicios de información del Estado o de sus organizaciones paralelas, con posibles extorsiones de por medio. La percepción de que todas las instituciones del Estado deben estar al servicio de esos fines mezquinos, puede perfectamente habernos traído hasta esta sucesión de escándalos a cuál más grave.

Que un presidente de gobierno, o alguno de sus ministros hayan asistido a la sede parlamentaria o a un tribunal como testigos y, a juzgar por los elementos disponibles, hayan negado impunemente sus responsabilidades en una trama de financiación corrupta, o en la deficiente gestión de sus carteras, resulta inverosímil. Tanto, como la propia condescendencia del tribunal en permitírselo. Pero, según algunos, sólo fue un episodio más derivado del caso Redondela. Del Caso Colza. Amianto. Yak. Metro Valencia. Caso Alvia. Caso Infanta. Entonces esas tramas sólo eran posibles si se daba la cobertura de una Justicia al menos complaciente y una prensa apropiadamente opaca. El Fiscal Anticorrupción con fondos en paraísos fiscales fue un caso paradigmático. Pero no el único. Magistrados y magistradas recusados que ascendieron para influir en las causas de corrupción no puede ignorarse. Hasta llegar a la increíble gestión que se ha hecho del Consejo General del Poder Judicial o de la crítica situación a la que están sometiendo al Tribunal Supremo en la cuestión catalana.

De todo ello, del afán por preservar sus privilegios de los colectivos económicos, religiosos, militares y políticos, toda la “casta” que sostiene al modelo, es buena muestra el escándalo del Caso Cloacas del Estado contra Podemos y su Secretario General Pablo Iglesias. Lo veían como un peligro. No contra los principios constitucionales. Simplemente contra sus fueros privilegiados.

Si debiésemos poner una banda sonora a este despropósito, esa es la Pavana “La Battaglia” de 1525. Es un perfecto ejemplo de pavana de tono triste o melancólico, o procesional, para ponerse un traje guerrero. Pavonearse ceremonialmente. Prevalecer del rito, en lugar de preservar la esencia.

Los responsables institucionales, y sólo ellos, han ido vaciando de contenido democrático al sistema que nos dimos luego de la desaparición física del Dictador. En su lugar nos llenan de pavoneos y exclamaciones y ritos y ceremonias. En tanto España se empobrece y la democracia se degrada.

Vota con la conciencia democrática de la que tienes derecho. Es una de las últimas oportunidades que te quedan.

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