Bastante antes de la revolución de octubre, en febrero de 1902, Vladimir Ilyich Ulianov, Lenin, publica el tratado político titulado ¿Qué hacer? Lo significativo del estudio son las aplicaciones prácticas al marxismo, las suyas, que terminarían con la incruenta masacre de los mencheviques. El marxismo, sobre el papel, es, a mi entender, la mejor teoría política que existe, pero de la misma guisa la única impracticable; la historia demuestra que conduce a la autarquía, y no la del proletariado. De ahí que sea socialdemócrata y que milite en el PSOE. Cierto periodista publicaba en el rotativo El Mundo que después de la baja de mi primo José María Múgica, hombre de una inteligencia política de primera, no quedaban Múgicas en el partido. El periodista en cuestión no leerá el presente digital, el único plenamente socialista de España, o carecerá de información o simplemente la mala leche, la de la insania agriada, le acompañará. En el PSOE quedan Múgicas, mi padre, un histórico, el refundador junto con Redondo, Castellanos, González y Guerra de la organización; y yo mismo.

¿Qué hacer? se estará formulando el Sr. Iglesias Turrión, alumno aventajado de Lenin, mientras contempla cómo su partido, Podemos, se ha ido al garete en Andalucía, y, a ojos vista, le sucederá lo mismo en las próximas autonómicas. Si ama a su partido, lo lógico en un hombre de convicciones, no mencionaría la enajenación de caminar hacia una república plurinacional, la bolivariana cuyo recorrido acaba en una dictadura a lo Maduro (ser de dudosa sesera), y debería apartarse de la primera línea e incluso dimitir, y pasar el testigo al Sr. Errejón, una de las clarividencias de la política española, esté en la formación que esté.

Del problema catalán, donde ya superan el número de ciudadan@s anti independentistas a sus gobernantes, ahora prefiero ni escribir.

Lo que está fatal es la nación, un termino, como aseguró mi primo José María, ni discutido ni discutible atañéndonos a una deontología sobre la libertad patria, en la que se basa y de la que emana nuestra Constitución. El gobierno de mi partido no logra una nueva ley laboral que elimine la bota empresarial: impone el 90% de los contratos precarios. Por mucho plan nacional que se proponga los niños pasan hambre que por fortuna cubren los colegios, hoy más, un acierto de Pedro Sánchez. Nuestros ancianos y pensionistas enfermos viven en unas condiciones indecentes; con la vergüenza del copago farmacéutico, a un enfermo coronario de edad se le marcha integra la pensión en medicamentos. Nuestros jóvenes, con suerte, cobran siete euros la hora. Nadie camina hacia un federalismo simétrico cuando existe una sistema autonómico asimétrico en prestaciones sociales, porque nuestros partidos políticos de izquierdas ignoran la manera de realizarlo, cuando en realidad habría que plagiar al modelo alemán.

Moramos en el desastre perpetuo. Hay una solución, o varias, para que nos tomen en serio, un verso del difunto cantautor extremeño, de la vieja guardia de la izquierda, Pablo Guerrero: A TOMAR LAS CALLES.

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