Facultad de ciencias politicas de la universidad complutense de Madrid.

Recuerdo como si no hubieran pasado veinte años -que alguno más ha pasado- mi primera clase de mi primer curso de la carrera de ciencias políticas, y lo que me grabaron a fuego desde ese minuto uno.  “La política va del poder, del poder en todas sus formas y expresiones, de mucho poder y de poco poder… pero, ante todo, perdonen que me repita, del poder”

Y el poder es la capacidad o la facultad de hacer determinada cosa. “Algo” que puede ser tan enorme como decidir la vida de millones de personas, o tan pequeño como decidir que se come hoy o que no en casa.

La política es la forma en la que se decidió llamar a un montón de cosas “Que pasan” en el mundo y la sociedad que acaban a la postre haciendo que alguien o algunos tengan o no tengan ese poder. Así se la llamo, al igual que se llamó tenis al deporte de las raquetas, como podía haberse llamado igual de alguna otra manera.

Es decir, las cosas ya pasaban, y a fuerza de observarlas, estudiarlas y analizarlas se intenta explicar cómo funciona, predecir qué puede pasar, y elucubrar sobre los porqués de las cosas. La política no inventa nada, al igual que la biología no crea seres vivos…los explica y analiza.

A la ciencia que estudia todo eso y todo lo que se engloba bajo esa etiqueta se la llamo Política. Y para entender de qué trata es imprescindible estudiar cómo se establecen las relaciones de Poder entre dos o más seres humanos. Allá donde haya más de una persona ya hay política. Porque entre ellas se establecen relaciones de poder que determinan si se llevan bien o mal, como desarrollan la negociación, el consenso, el disenso, si hay dominación, si hay autoridad, si hay o no hay obediencia, si se quieren cambiar las cosas, si se quiere que todo siga igual, si preferimos ir al cine o ir de vacaciones. Si las decisiones las toma uno u otro, o a la vez, o si depende del día…

El poder no es, o no es solamente, algo que uno tiene o no tiene y que está localizado en los aparatos del estado y las instituciones. El poder al igual que la fuerza de los Jedis en Star Wars está en todo. Lo impregna todo, cada interacción humana y social.

Cuando charlo en un bar con una amiga lo mucho que me gusta o que me disgusta una liga de futbol con dos o tres equipos punterisimos y un abismo a su espalda. Y si sería mejor así o asá, estoy hablando de como se articulan las relaciones de poder en la liga de futbol entre el Madrid y el Barcelona con la federación y con el resto de equipos. Si preferiría un sistema como los Drafts estadounidenses que tiende a igualar la competición, estoy hablando de unas normas que reglamentan y cambian los equilibrios de poder. De un modelo que se opone a otro que dice que es mejor tener solo un equipo o dos más fuertes porque así es más fácil que luego compitan fuera por la champìons…y así hasta el infinito. Al hablar de esto estoy hablando de política. Y estamos influyendo además de a nuestro interlocutor a la persona que está sentada en la mesa de al lado (A una conveniente distancia social de seguridad en estos tiempos) que nos escucha y cuya opinión sobre algunos asuntos…puede cambiar…o se puede hacer preguntas… estamos además afectando a un tercero que, a su vez, quizás, luego influya a otros.

El poder y la política pues, son cosas mucho más amplias que los gobiernos y los partidos políticos. Que son una parte de la política. Qué duda cabe que, por su propia naturaleza, son las que tienen mayor capacidad –mayor poder- para afectar en positivo o negativo a la vida de millones y millones de seres humanos. Y por supuesto una enorme importancia.

Cuando hablamos de política, hablamos de como se articulan todas, absolutamente todas, las relaciones de poder en una sociedad, y es complejo ya lo creo, conocer esos mecanismos. Porque el ser humano en su conjunto no es la suma de sus individualidades. Porque los seres humanos en sociedad se comportan de manera diferente que solos o en grupos pequeños. Porque la Psicología, que me ayuda a entender por qué tú haces las cosas así, no es lo mismo que la sociología, que me ayuda a entender por qué la sociedad hace las cosas que hace.

La suma de la influencia de 100 personas que influyen cada una 1 unidad no es 100. Según las circunstancias puede ser 5… ó 5000. Cuando se interactúa en sociedad, las reglas del juego son otras.

Solemos llamar política al sublimado ultimo de todas estas articulaciones de poder minúsculas (y otras mucho más grandes) que son los gobiernos, formados por candidatos agrupados normalmente en partidos políticos.  Pero esto no es “La política” esto es la expresión y la articulación de la misma en un sistema político.  En España en este sistema político concreto que es muy diferente al de digamos EEUU o Francia, por poner dos ejemplos cualesquiera de sistemas políticos muy diferentes al nuestro.

Al igual que meditar sobre cómo deberían o no de ser las cosas, y si está bien o mal que haya democracia, o dictaduras, o democracias de este corte o aquel, es filosofía política. Una parte más de la Política con mayúsculas que lo engloba y estudia todo. Tanto la filosofía política como los sistemas políticos como la geopolítica como el comportamiento de tu comunidad de vecinos a la hora de poner o no el ascensor están ahí dentro.

Que en España en concreto gobierne una persona de un partido u otro, que como decía es lo que usualmente se entiende como “la política”, depende de millones y millones de micro acciones políticas y micro poderes concatenados e interactuando. De millones de charlas gestos y opiniones. De protestas o halagos, de artículos a favor o en contra, de manifestaciones, de debates, de ilusiones, de decepciones, de condicionantes particulares de cada cual, de las relaciones entre grupos de poder empresarial o grupos mediáticos y de millones y millones de variables. No todas igual de importantes ni todas con el mismo peso. Pero todas importan algo a la política porque todas suman o restan.

Y todo lo que cada cual hace o deja de hacer cada día de su vida, influye, aunque sea minúsculamente, y es política. Muy a menudo se escucha la expresión “Yo paso de la política”. Y bien, tu podrás pasar de ella, pero ella…no pasa de ti desde luego. Decir que se pasa de la política es como decir que se pasa de la fuerza de la gravedad. Un poco absurdo.

Obviamente lo que se quiere decir en esos casos es que paso de los partidos políticos. Pero esa misma frase en si misma ya es política, ya trasmite algo, ya da una opinión sobre como son o debieran ser o no ser las cosas y genera su microgramo de influencia que a la postre con el resto de granos de arena… da o quita poder a unos u otros partidos políticos.

Así que cuando a veces alguien me pregunta al entrar en ciertas honduras conversacionales ¿Pero realmente entonces qué es la política? Yo no puedo evitar cierta pedantería y tomarme la licencia poética -nunca mejor dicho- de responder “¿Qué es la política dices, mientras clavas tu pupila en mi pupila, que es la política y tú me lo preguntas, la política eres tú” 

Lo sepas…o no lo sepas.

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