Se puede luchar contra la oligarquía en los partidos. Si se quiere, se sabe como hacerlo.

Las leyes dictan que los partidos políticos deben de ser democráticos, y no os sorprenderá mucho, o quizas lo haga, si os digo que no lo son.

Hay mucha diferencia entre que algo sea democrático en lo formal, en la apariencia, o que algo sea realmente democrático.

Por poner otro ejemplo de algo que es de una manera en lo formal pero no lo es en la realidad usare un ejemplo tonto. La liga de futbol española es una competición donde en teoría puede ganar cualquiera, formalmente, nadie empieza con más puntos que nadie, nadie empieza ganando 1-0 los partidos, nadie va a contar con ventajas arbitrales y nadie sale al campo con menos de 11 jugadores. Es una competición en la que formalmente cualquiera puede ganar la liga (¡Vamos ese Cádiz!). La realidad, es otra.

Si prefieren un ejemplo más relacionado con la política, quedémonos con ese famoso grito de indignación ciudadana que recordaremos fácilmente “Le llaman democracia y no lo es Por más que lo sea en lo formal y nominal no lo es realmente. Por mucho que votemos y que votemos muy a menudo.

Pues a los partidos políticos les pasa igual. Por mucho que voten o que voten muy a menudo. Son casi por definición organismos que carecen de democracia interna. Y hace más de un siglo que alguien explico con pelos y señales por qué.  Fue Robert Michels, en su obra “De los partidos políticos” de 1911, cerca de 110 años ya, en la que enuncio la ley de hierro de la oligarquía. Es de hierro porque es inquebrantable. Y es de la oligarquía porque oligarquía es como se llama a una clase dirigente privilegiada que ostenta todo el poder. Que es lo que Michels explica que pasa en todos los partidos políticos.

La ciencia política, a lo que se dedicaba entre otras cosas el señor Michels, es una ciencia. Todas tienen sus propios mecanismos y herramientas. No es lo mismo la ingeniería aeroespacial que la biología que las matemáticas. Ni las ciencias humanísticas o sociales que otras. Pero todas en sus campos entre otras herramientas usan el estudio, la observación, postulan teorías, refutan ideas, sacan conclusiones y a veces estas conclusiones, a fuerza de observarlas cumplirse una y otra vez se convierten en leyes.

Algunas no “inventan” nada, ni “Descubren” nada. Tan solo explican. La ley de la gravedad ya estaba ahí mucho antes de que el ser humano empezara a andar a dos patas. Llega un momento en el que nuestro conocimiento es suficiente para entenderla, definirla y prever que pasara si hacemos esto o aquello.

La ley de hierro, que enseguida explico un poco por encima en que consiste, no solo aplica a los partidos políticos. Lo hace en general a casi cualquier organización social que no se organice de forma consciente teniendo en cuenta este axioma. Es decir, tal y como las hemos estructurado hasta ahora. Con fuertes jerarquías, concentraciones de poder etc. Por ejemplo, sindicatos, la iglesia, algunas asociaciones profesionales, patronales…

Y es así porque de lo que habla es del comportamiento del ser humano, y del comportamiento del ser humano cuando se asocia y se organiza, y los patrones que hemos observado miles y miles de veces. A la postre todas esas organizaciones de las que hemos hablado antes están conformadas por humanos.

Ahora bien, Michels lo que observaba en concreto eran los partidos y la política y en sus dinámicas, comportamientos y mecanismos que se repetían una y otra vez se fijo. Y llego a la conclusión de que los partidos políticos estaban dominados por unas pocas personas que forman una elite que tiene todo el poder real.  De lo que era casi –importante el casi– imposible escapar.

Largo seria explicar aquí todas esas dinámicas. Pero a vuelapluma podemos enunciar algunos argumentos principales de la ley sobre los que luego puede hacerse zoom con todo el detalle del mundo si se quiere. De hecho, se hace por parte de quienes estudian estas cosas y es conveniente que todo el mundo interesado en la politica lo haga tambien.

Para intentar gobernar un país y representar a millones y millones de personas confrontando con otros partidos que representan a millones y millones de personas tienes que tener una organización muy muy grande.

Cuanto más grandes se hacen las organizaciones, más burocráticas se vuelven. Por un lado, porque es necesario especializarse en tareas muy complicadas, y por otro lado, porque sus decisiones cada vez son más difíciles y además deben de tomarse más rápidamente. Lo que va convirtiendo a los partidos en “Maquinarias de guerra electorales”. Expresión que por cierto tiene más de un siglo. Esto provoca que los individuos que saben cómo tratar esos temas complejos, o que pueden abordarlos porque tienen un sueldo del partido para que se dediquen a ello toda su jornada laboral, se van volviendo imprescindibles, formando una primera elite de la que ya no es fácil prescindir. Esa Elite es seleccionada y pagada por quienes ostentan el poder en las organizaciones, que son quienes deciden a quien y como se promociona o contrata y a quien no. Con lo que se aseguran –conscientes del poder que van a tener– de que sean personas afines a ellos y que se ayuden mutuamente en la persecución de sus mutuos loables –o no– objetivos. A saber, mantenerse cada cual en sus posiciones y tener poder para, con las mejores intenciones del mundo o las peores, llevar a cabo lo que quieren que se haga.

Las elites no permanecen absolutamente estáticas. Porque la gente se hace mayor, se desvincula, el tiempo pasa, se dejan de perseguir los mismos objetivos que el resto de la elite, se cae en desgracia etc. Así pues, las elites se van renovando poco a poco cíclicamente, dando entrada a nuevos individuos en sustitución de los anteriores. Estos individuos pueden perfectamente pertenecer de inicio a la base popular, a la militancia, aunque pronto dejaran de serlo.

En momentos en los que las cosas vienen mal dadas, los resultados son malos o hay que enfrentar crisis, sea lo que sea lo que las ha generado, la brecha entre el lider y su elite dominante y la militancia puede ser tan grande que provoca el surgimiento de grupos que denuncian a la elite y se quejan de lo imperfecto del sistema democrático interno. Esos grupos están integrados por un número relativamente pequeño de militantes y se organizan en denuncia del poder establecido, lo que les hace ir poco a poco convirtiéndose en otra elite. Cuando alcanzan el poder normalmente no es de golpe, si no mezclándose poco a poco con la anterior oligarquía de la que pasan a ser parte.

Si llegan a ser parte de esa Elite y a tomar las decisiones lo hacen porque han ascendido dentro de la organización y por ello han alcanzado el estatus de élite separándose de la base a la que un día pertenecieron. Más tarde, otros grupos vendrán que denunciaran a estos y les acusaran de traición a los ideales que les hicieron nacer. En esta dinámica parte de ellos volverán a mezclarse con la elite existente y así perpetuamente hasta el infinito y más allá.

En ocasiones estos procesos pueden darse muy de golpe si se da el caso de que “Por Arriba” se genera un cambio de líder repentino, o un cambio de criterio político o simpatías súbito del propio lider. Por ejemplo, que un candidato inesperado se haga con la victoria en una elección interna, o que un líder asentado decida cambiar por completo todo su entorno y toda la elite existente por otra diferente por los motivos X. En esos casos la elite será sustituida casi en su totalidad por una nueva más pretoriana, más férrea si cabe, pues ha debido de enfrentarse y tendrá que seguir haciéndolo en el futuro con una antigua elite ya organizada y cohesionada, lo que planteara un escenario de lucha constante hasta que una de ellas sea expulsada o se escinda, pues raro es que se diluyan solas silenciosamente.

Hablaba antes de la dicotomía que se establece –falsa e interesada a mi entender, aunque no totalmente inexistente– entre eficiencia y democracia interna. Instalados en esa dicotomia, para que la organización sea eficiente necesita un liderazgo muy muy fuerte que la impulse y acorte las esquinas. El precio que se paga por un liderazgo que marque el tono y el ritmo así es menor democracia interna y mayor dependencia del lider. La propia psicología de las masas hace deseable el liderazgo. A los humanos en general nos es más cómodo y más fácil (Y oye, no hay nada de malo en ser un humano) que nos resuelvan los problemas y nos indiquen el camino. A veces no lo elegimos así, tenemos libre albedrio, pero la tendencia innegable en sociedad está ahí. Y a mayores y más complejos desafíos, más nos alivia.

Que nos resuelvan esa “papeleta” es algo que se agradece al líder y suele generar entre otros factores un culto a la personalidad del mismo. Lo que refuerza su posición de elite y la de aquellos que él ha seleccionado e incluido en su grupo de poder. A la postre las atribuciones de la militancia acaban siendo únicamente elegir, o mejor dicho refrendar de tanto en cuanto a ese lider o a quienes ese lider señala como adecuados.

Esos líderes o líder de los que hablamos, en las organizaciones jóvenes suelen surgir de una forma más o menos espontanea o por acontecimientos concretos más o menos excepcionales. A medida que las organizaciones crecen esos líderes van profesionalizándose y teniendo que atender a asuntos cada vez más y más complejos, para lo que van a tener que rodearse como decíamos antes cada vez de más profesionales a tiempo completo. Que  ya sabemos conforman un grupo privilegiado promovido por otro y que se complementaran y ayudaran a perpetuarse. Dicho en palabras del propio Michels “Cuanto más sólida se hace la estructura en el curso de la evolución de un partido político moderno, tanto más se marca la tendencia a reemplazar al líder de emergencia por un líder profesional. Toda organización partidaria que ha alcanzado un grado considerable de complicación necesita que haya cierto número de personas que dediquen toda su actividad al trabajo del partido”.

Esto produce un primer efecto inmediato que es el alejamiento absoluto del líder del resto de la militancia o cuadros medios de la formación. El líder pasa a estar rodeado de un pequeño grupo de empleados, colaboradores cercanos, personas de su confianza que ha elegido o incorporado a su núcleo por conveniencia, necesidad o negociación, que pasan a ser sus únicos ojos y oídos en la organización. Esto se agrava si se incluye, y dado el aislamiento es corriente, que el líder se rodee de gente con la que se tiene en el grupo relaciones personales o familiares, pues la confianza y lealtad antes que cualquier otra virtud pasa a ser el factor fundamental. Más importante que la capacidad, iniciativa, formación o cualquier otra consideración.

El líder ya solo conoce lo que ese grupo le cuenta. Y lo que ese grupo privilegiado le cuenta, tiende en general –cuando no lo hace de forma absoluta– a contar la mejor versión de sí mismo, y la peor versión de quien no está de acuerdo con ellos.

Esto genera que la visión que el líder tiene de su propia organización esté sesgada, y en ocasiones deformada. Teniendo un mal concepto de algunos integrantes o grupos. Lo que hará que estos vean sus posibilidades de crecer, aportar o influir en la organización mermadas por la desconfianza que en el líder y su entorno generan. Esto funciona a modo de profecía auto cumplida. Esos integrantes que quizás en un primer momento no tenían realmente ningún problema con el líder, ahora si empiezan a tenerlo pues notan esa merma de confianza y de posibilidad de aportar. Con lo que no tardaran en criticar los procesos internos y las dinámicas, lo que hará que el núcleo del líder pueda justificar los recelos que en su día manifestaron contra esas personas. Aumentando así su influencia y el buen criterio que la figura principal tiene de ellos, generando aun mayor dependencia.

Ya eran sus ojos y oídos, ahora, empiezan a ser también su opinión y su pensamiento. Y ya que fueron seleccionados en base a la lealtad y confianza lo que incluye relaciones familiares y personales, tienen también en buena parte su corazón.  Con lo que tenemos una organización donde el Líder y su núcleo dirigente cercano, sumado al equipo profesional que los anteriores eligen y promocionan, es la elite absoluta oligárquica a la que nadie puede ni podrá jamás hacer sombra.

Esta se ira renovando poco a poco con quienes la propia elite vaya decidiendo incorporar. Aunque siempre con un ojo vigilante a quienes quieran desplazarles de esa posición, ya pertenezcan a la militancia de base o a su propio grupo. Pues entre las propias elites hay rangos escalafones y cuotas de poder que están en constante renovación y lucha.

Esto a la postre, hace que el 90% de las energías y acciones de quines dirigen los partidos estén orientadas única y exclusivamente al mantenimiento de dicha posición de privilegio. Y explica muchas de las acciones, discursos o iniciativas que se llevan a cabo que a primera vista no nos son comprensibles pero que cuando se ven bajo esta óptica, tienen un sentido pleno e insoslayable. Todo se entiende de golpe.

Por eso La ley de hierro de la oligarquía de Michels es para un politólogo como para un astrofísico la gravedad, nada se entiende en su disciplina que no pase o esté afectado por ella. Todo lo que hacen las elites que deciden en un partido político. Es decir, lo que hace el partido político, esta con los dos ojos fijados en la lucha por permanecer o no en esa posición. Porque si no estás ahí, no estás en absoluto. Y porque no hay cabida para opiniones, influencia o capacidad de obrar si no eres parte del nucleo.  Todo el mundo, con sombrías o maravillosas intenciones, ha de estar ahí para poder hacer algo.

O eso, o abandonar la organización, cosa que sucede en la mayoría de las ocasiones. Generalmente las personas o grupos que menos capacidad o voluntad tienen para estar en el barro y la lucha constante. Aquellos en quienes no esta en su espiritu o animo el luchar cada día de tu vida con compañeros y compañeras. O aquellos cuyo unico interés era conseguir el poder y dan por perdida la batalla. O quienes entraron en política por ideales de mayor calado que no se corresponden con la realidad que perciben. Por que llegaron para emplear el 100% de su energía en objetivos politicos y no ese pauperrimo 10%.

Por el motivo que sea dejan de ver el partido como una herramienta útil a sus propósitos y lo abandonan más o menos expresamente. Esto hace que quienes permanecen sean usualmente quienes más cómodos se sienten en ese terreno de lucha constante y quienes mejores herramientas han sabido desarrollar para sobrevivir en ese ambiente. Sean estas el servilismo, o la intriga politica, o la movilización de recursos militantes de base en pos de sus intereses concretos y así una larga lista. En detrimento de otro tipo de capacidades también necesarias en un partido político.

El aumento de la endogamia interna es inevitable, y las posibilidades de revertir la situación ante la pérdida de ecosistema interno y de potencia de contestación, inexsistentes salvo cataclismo.

Esto es solo un desarrollo muy por encima de los postulados básicos que describió Michels hace 110 años. Ya estaban escritos antes de que existiera el PP, IU, Podemos, C´s, PdCat y demás partidos. Michels no le tenía especial manía a partidos que nacieron décadas después de su muerte como supondréis. No habla de ningúno en especial, y habla a su vez de todos.

Si eres militante de cualquier partido politico en cualquier lugar del mundo, puedes creer que en el tuyo no sucede esto. Es posible que en él se hayan logrado implementar herramientas para evitarlo. Puede que tengas razón. No obstante, parate un segundo a pensar, lee un poco más sobre la ley de Hierro, y comprueba y observa si esos procederes, tendencias etc, suceden en tu partido. Haz un poco de ciencia, política en este caso.

Si en tu partido no pasa nada de esto, enhorabuena. Tu partido es democrático. De lo contrario, no lo es.

Porque puede no suceder, todo lo anterior no es inevitable. Es la tendencia natural inexorable de todos los partidos, pero la conocemos. Para eso hacemos ciencia. Y no se conoce esto desde hace “Sólo” 110 años, si no desde hace 2500. La democracia Ateniense era especialmente consciente de que esto sucedía. Y desarrolló –me permito insistir, hablamos de hace miles de años– sistemas y estructuras capaces de desactivar estos problemas que se habían diagnosticado.

Hay modelos, hay maneras y posibilidades que cortocircuitan ese desastre. El grado de oligarquización depende muchísimo de la separación de poderes dentro de un partido, de la independencia “Judicial” (Comisiones federales de ética, Comisiones de garantías o similares) de los equilibrios de poder y Check and Balances, del control de los medios de comunicación oficiales (Boletines, bases de datos, grupos o canales de Watsapp), de la limitación de mandatos, de portavocias rotatorias, de modelos de liderazgo limitado o compartido, de regular las condiciones de acceso al poder de forma rotatoria, de dar entrada al mismo a personas ajenas a las elites pero de manera que no sean ellas las que elijan las siguientes y no puedan incidir en esa elección, y muchas otras maneras.

Existe la ley de la gravedad, pero a fuerza de observarla y entenderla, el ser humano ha logrado construir aviones y cohetes espaciales y volar. Hemos desarrollado herramientas que nos ayudan a burlarla. Se pueden hacer aviones, si la elite decide construirlos.

Existe la ley de hierro, pero a fuerza de observarla y entenderla, el ser humano ha logrado diseñar estructuras que propicien partidos democráticos. Hemos desarrollado herramientas que nos ayudan a burlarla. Se pueden hacer partidos democráticos, si la elite decide construirlos.

Si eres militante de un partido político, el que sea, a ti te corresponde analizar y pensar y llegar a la conclusión de si la elite oligárquica de tu partido ha decidido que tu organización vuele como un avión, o se arrastre por el fango.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre