No tengo nada que agradecer a Pedro Sánchez (no es un reproche, enseguida se verá), a quien conozco personalmente. E ignoro si él piensa que está o no en deuda conmigo. Le tengo afecto, como a varios miembros de su gobierno y/o partido a quienes asimismo conozco de manera personal. Es un placer, sin duda alguna.

Empiezo con esa reflexión, porque lo que diré a continuación lo escribo obviamente libre, como siempre hago, por otra parte, en mi ya larga existencia, porque de distinta manera sería infeliz. Veamos, pues:

La moción de censura (legal y legítima, según recoge la Constitución Española), prosperó con una mayoría absoluta de 180 votos, cuatro más de los exigidos. El pueblo habló a través de sus legales y legítimos representantes. Y el 1 de junio pasado, Pedro Sánchez fue elegido presidente del gobierno de España.

Así, aunque sin moción de censura, se han elegido todos los presidentes del gobierno español habidos hasta el momento en nuestra democracia, desde las primeras elecciones generales en 1977. Las mayorías (para eso y para el resto de decisiones) las forman los partidos en la Cámara, naturalmente, durante toda la legislatura. Y la ciudadanía, cada cuatro años, aprueba o desaprueba con su voto que renueva o revalida el gobierno. No cuando lo quiera el partido democráticamente desalojado del poder, solo o con otras formaciones que integren la minoría de dicho Congreso. El presidente de turno (en este caso, Pedro Sánchez) sí puede -según recoge la Constitución- adelantar, si lo estima oportuno, las elecciones. Democracia, se llama esto, con sus reglas o normas.

Al gobierno no se le han concedido ni los cien días de gracia que en toda democracia liberal se dan, ni siquiera un día. Desde el mismo estreno del nuevo equipo comenzó la crítica sin parar de la oposición mancomunada de PP y Cs. Con discursos, en general, de una derecha dura y muy alejada de lo que necesita un país como el nuestro. Pero el pueblo merece una oportunidad, es su momento y el del gobierno socialista con su presidente actual.

En estos tres meses y medio del nuevo equipo, feminista y ecologista, con énfasis declarado en regeneración democrática, justicia social y Catalunya (este último domingo lo ha repetido el presidente en su entrevista con Ana Pastor en Objetivo La Sexta), hemos podido asistir ya a medidas de notable acento progresista. Y se han producido dos dimisiones cantadas porque el PSOE de Sánchez situó muy alto el listón de la ética.

Pero es que, incluso en parcelas de la política tan sensibles como la inmigración, el dúo PP-Cs, con gran armonía (y como si ensayaran) ha hecho de todo menos política de Estado, atacando con discursos frontales a un gobierno que, a la vista está, desde los más escrupulosos derechos humanos, sí reacciona cuando hay invasión forzada de sus fronteras.

Y entonces, ¿cómo sortear esta tendencia a la percepción del gobierno socialista haciendo bastantes cosas positivas (a distancia del óptimo, obvio)? Pues sacando de la chistera un asunto como el de la tesis doctoral de Pedro Sánchez, a la sazón presidente, acusándole de irregularidades. Y como se habla mucho sobre el particular, aquí dejo mi impresión:

Con la misma calificación académica otorgada a ese trabajo universitario, imagino que debe haber una cantidad importante de tesis doctorales, de distintos y variados sectores de la educación superior, con calidad similar.

Por tanto, si se desea abrir la espita de la revisión del trabajo en cuestión, debería hacerse, opino, lo mismo con todos y cada uno de escritos similares para completar la diplomatura, licenciatura, grado, post grados variados y equivalentes, en todos y cada de los múltiples estudios superiores de España. Incluyendo, por cierto, las denominadas “tesinas” o con otro nombre, que tribunales académicos hubiesen podido juzgar, para conceder la convalidación universitaria (sin haber cursado la carrera en la universidad) a profesionales muy divers@s e incluso eventualmente afamad@s.

En fin, como puede observarse, el asunto de la tesis doctoral del ciudadano Pedro Sánchez, que años después se convirtió en presidente del gobierno, no parece que deba aislarse. Analícese todo lo atrás descrito, y podremos llegar, quizás, a conclusiones más de índole sistémica que individual. Adelante…

Por cierto, en la citada entrevista aún casi caliente que le ha hecho la aguda Pastor, el presidente de l@s español@s ha estado acelerado, según mi impresión, hasta pasada la mitad del acto. Y se ha escurrido como ha podido de preguntas comprometidas que, con el peculiar estilo de la periodista (presionar), eran difíciles de sortear. Creo, no obstante, que aún debe pulir muchos aspectos que, en las fechas en que estamos, ya debería haber superado.

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Profesor Honorífico de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), donde actualmente imparte Nuevas Tendencias en Comunicación Política y Electoral. En UCM ha ejercido más de cuarenta años de docencia, sobrepasando el cuarto de siglo como Catedrático. Está especializado en Comunicación Institucional y Política, e Imagen Pública. Y asimismo en Métodos y Técnicas de Investigación Social. Postgrado en Sociología por la Universidad de Oslo. En la UCM: Licenciado en Ciencias de la Información (con primer premio extraordinario), y Doctor en Publicidad y Relaciones Públicas, con la máxima calificación. Pionero de la investigación política y electoral en España. Más de cuatro décadas de experiencia dirigiendo (o con cargo de alta responsabilidad), comunicación, marketing e investigación social en los sectores publico, político (sobre todo, campañas electorales), privado (entre otras responsabilidades, director de dos agencias de publicidad, con clientes internacionales) y de ONG. Más de cincuenta publicaciones científicas. Analista político, articulista/tertuliano en prensa, radio y televisión.

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