El atrevimiento, incluso si se raya en la insolencia, se convierte en procacidad, cuando se trata de alarmar, sin argumentos creíbles, ante cualquier acontecimiento que recojan los medios de comunicación.

Pongo esta semana el ejemplo que he vivido, al leer, como si de un titular de prensa se tratase, las declaraciones de un partido político, que tras el derrumbe de parte de la muralla de Trujillo, en menos de 24 horas, asustaba al personal, señalando que peligraba el turismo ornitológico en la zona.

Es tan sólo una anécdota, pero a la vez es una exigencia, fundamentalmente para que aquellos que, aunque sea de manera temporal, se dediquen a la vida pública, se documenten. Lean. Investiguen que se ha hecho y que se tiene previsto realizar. Y luego, si procede, hagan declaraciones.

Pasa, con relativa frecuencia, que nos deleitamos con expresiones contundentes pero que luego, si hurgas en el fondo de la cuestión, te encuentras que hay poco contenido.

Soy consciente de que no hay una forma inmediata de penalizar acciones que se demuestren que tengan poco efecto práctico y que, fundamentalmente, se vuelquen en lanzar globos sondas, a la espera, de que, con un poco de fortuna, los afectados no los desmientan.

Sí es cierto que la frescura, la valentía, el ser capaz de lanzar propuestas complicadas o que se salen de la norma, es algo que tenemos que agradecer e impulsar. No lo es menos, que ya que se dan esos pasos, nos blindemos de razonamientos, de fortaleza intelectual, de pros y de contras de lo que defendemos.

Así, nadie podrá acusarte de temerario, de populista, de incendiario. Así, arropado de ideas, de soluciones, de alternativas, podrás reivindicar, y si cabe, denunciar, no sólo cualquier injusticia, si no también, muchos actos malamente ejecutados o deficientemente planificados. Evitarás con ello, la connotación negativa de ser procaz.

El comentario sobre la muralla de Trujillo es únicamente una muestra de cómo se precisa formación, planificación y, por encima de ello, ganas de mejorar lo que te rodea y no de agradar meramente a tu entorno.

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