“El Coronavirus no entiende de fronteras…”, repite Sánchez.

La última vez, ayer por la mañana en un Congreso en el que los pocos diputados presentes estaban separados entre ellos por ríos de escaños vacíos. Por una vez para dar ejemplo. Paradojas de una “democracia ejemplar”.

(Por cierto, y a pesar de que Felipe VI no pronunció la palabra “frontera” en su discurso de anoche, acompañado por cientos de miles de cacerolas, la ministra de Exteriores ha insistido esta mañana en la necesidad de defender el cierre de las fronteras exteriores, mientras afirma que “el virus no conoce fronteras”. Solo las interiores, por supuesto).

“Me importan un rábano banderas y fronteras. Me importa la salud”, respondió Quim Torra, el presidente catalán que reclama una república independiente.

“No seré yo quien defienda los argumentos de @QuimTorraiPla de cerrar Cataluña, pero @sanchezcastejon debería utilizar argumentos más creíbles. No puede decir que el virus no atiende a fronteras cuando acaba de cerrar las de Portugal, Marruecos y Francia”, añade un García Albiol, siempre del PP y con síntomas de Coronavirus.

Una parte de la frase del ex alcalde de Badalona es indiscutible, pero resulta demagógica cuando dice que Sánchez debería “utilizar argumentos más creíbles”. Porque tales argumentos no existen.

Urkullu, ladino, sí firmó el documento de todos los presidentes autonómicos con Sánchez, dejando solo a Torra en la defensa radical del confinamiento de Catalunya y Madrid. No obstante, Pere Martí nos cuenta que el Ejército español intentó tomar ayer el aeropuerto de Bilbao, solo contra el Coronavirus, de momento, pero ha tenido que retirarse antes de llegar porque el PNV ha obligado al lehendakari a llamar a La Moncloa para decir que “hasta aquí podíamos llegar”.

Ahora mismo llega la información que el ejército lo va a intentar hoy con el Puerto y el Aeropuerto de Barcelona. Se veía venir. Torra protestará, pero esta vez Sánchez no retrocederá porque en realidad, quienes quieren mandar en Catalunya son los militares. Y al Gobierno le gusta asustar a según quién.

Sobre el asunto “Coronavirus vs fronteras” el Gobierno de Sánchez ha perdido desde el principio la batalla de los argumentos porque se delata a sí mismo: en realidad, la frase completa dice “El Coronavirus no entiende de fronteras ni de ideologías”.

¿Qué tendrá que ver una frontera, que es una barrera que permite separar físicamente a los portadores del virus, con una ideología, de las que puede haber tantas como personas en un vagón de metro abarrotado sin que nadie se contagie, por mucho que se roce?

Pedro Sánchez ha llegado al Coronavirus políticamente agarrotado por un conflicto territorial ante el que sus propios líderes han decidido abrir un paréntesis hasta que finalice la pandemia. Mientras tanto, ante la inesperada concentración de poder en los ministerios, lo que hacen es reclamar su porcentaje de mascarillas.

(Ya que el rey ha dicho que es el momento de “dejar de lado las diferencias”, ¿no está perdiendo el gobierno una oportunidad única para aprobar una amnistía reconciliadora? No, solo faltaría, es mucho mejor poner varios generales en cada rueda de prensa y “adornarla” desde atrás con la silueta de una corona que divide a los españoles por la mitad. Menuda manera de entender la “unidad contra el coronavirus”).

Y, puestos a centralizar, ya que existen la U.E., la ONU y la OTAN, mejor hacerlo a nivel europeo, o mundial. Quizás España no estaría en el grupo líder de los países con peores resultados contra la pandemia.

Si el gobierno está aconsejando a los ciudadanos que protejan narices y bocas con mascarillas cual fronteras, y que conviertan en aduanas las puertas de sus casas, lo que no puede es negarse a activar todas las barreras que sirvan para poner trabas a la expansión del bicho, especialmente aquellas que ya conocemos, como las que separan a CC.AA., provincias o municipios.

Tanto el Ministerio de Sanidad como la OMS están actualizando diariamente las cifras de contagiados, fallecidos y curados en España y a nivel mundial, respectivamente.

Sigue destacando el caso de Madrid. Hoy,19 de marzo, ha incrementado el porcentaje de contagiados que le correspondería por población, que multiplica por tres, quintuplicando el de fallecidos. Esto, contando con la ventaja de que la edad media de los madrileños es inferior a la de España en conjunto, y ya se sabe que el Coronavirus afecta principalmente a personas mayores.

No obstante, es pronto para fiarse de la información estadística sobre la pandemia. Salvo en el caso de Madrid, dudo que en el resto de CC.AA. se cumpla la ley de los grandes números. Por ejemplo, llama la atención que Asturias presente la mejor ratio entre fallecidos y contagiados, y también una tasa de contagio inferior a la media cuando es, al mismo tiempo, la C.A. cuya población tiene la edad media más alta.

El Gobierno ha demostrado una debilidad inaceptable ante la expansión desenfrenada del virus en su nicho más potente, Madrid, de donde han salido huyendo hasta elementos tan protegidos como Aznar y Botella. Otro contencioso más de los que pueden terminar en Europa, pues la Asociación de Juristas Atenas ha decidido llevar al Gobierno de España ante el TEDH de Estrasburgo por no aislar Madrid.

Por último, y tal como era de esperar, Felipe VI solo buscaba su minuto de gloria, y lo que ha dicho no ha servido de nada. Hoy es casi un cadáver institucional ahogado en una porquería que le llega hasta el cuello. Sabe que la cuenta atrás hacia el final de la monarquía comenzará en cuanto se vaya relajando la crisis del Coronavirus.

Regresarán entonces, y con toda su potencia destructiva, los avances en la investigación del fiscal suizo, las consecuencias de las iniciativas de Corinna contra las amenazas recibidas desde las cloacas españolas, el martilleo de las portadas de la prensa mundial, que desprestigian un poco más a España cada día y, para redondear, el conflicto con Catalunya, tras unas elecciones ante las que todo hace pensar que el independentismo, aliado o dividido, saldrá fortalecido.

Salvo que el Covid-19 sí sepa de ideologías y elija diezmar a los de Torra, Junqueras y Puigdemont, pero no parece que sea esa su intención.

Por mucho que sea una evidencia mil veces contrastada a lo largo de la historia, bueno es hacerse eco de lo que acaba de manifestar la muy influyente Naomi Klein: ¨Las élites entienden que los momentos de crisis son la oportunidad de impulsar su lista de deseos”.

Este es, probablemente, el mayor peligro del Coronavirus.

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