Muy pocas veces se puede ver esa mirada en Ana Blanco, pese a las décadas que lleva ante las cámaras.

Mírenla a los ojos un instante. Imaginen qué cree que se le está pasando en ese momento por su mente cuando ve lo que tiene enfrente, a quienes tiene ante sus ojos. Ahora ya pueden responder sin rubor, sin pudor, sin complejos, sin gazmoñerías ni imposturas: ¡Hasta el moño!

Hay una persona ganadora indiscutible del único debate electoral de los principales candidatos a la Presidencia del Gobierno de este país tras cuatro elecciones generales en cuatro años, ¡que se dice pronto! Esa persona no lleva corbata ni tampoco es ninguno de esos cinco varones que han vuelto a evidenciar que sólo atisban el futuro de este país con un amaneramiento goyesco, poco menos que a garrotazos.

Ana Blanco, la única mujer de los siete presentes en el plató, esa periodista que parece que siempre estuvo allí de una manera imperturbable contándonos a los españolitos qué ha venido ocurriendo a nuestro alrededor durante las últimas décadas, dijo basta, casi al modo de Pereira, aquel entrañable personaje de Antonio Tabucchi, que harto de su mediocridad y bienquedismo decide un buen día levantarse, ponerse su chaqueta y coger su máquina de escribir para tomar partido, para hacer del periodismo un compromiso, una verdadera forma de vida en la que la equidistancia nunca es posible y sobre todo no deseable. Ahí está la única verdad posible, ese ansiado El Dorado del periodismo que no existe ni existirá aunque lo busquemos en selvas insondables.

Ana Blanco dijo basta, casi al modo de Pereira, aquel entrañable personaje de Antonio Tabucchi, que harto de su mediocridad y bienquedismo decide un buen día hacer del periodismo un compromiso

Eso parece que hizo este lunes bien entrada la noche esta periodista que ha narrado caídas de dictadores, revoluciones sangrientas, cracs bursátiles y asesinatos machistas como si nada ni nadie la importunara en su alocución, como si no fuera con ella la cosa. Una periodista de pose hierática, sonrisa impensable y mirada profunda que pulverizó los esquemas académicos consabidos del busto parlante para hacer germinar con ella el rostro de la credibilidad sin partidismos aparentes.

Este 4 de noviembre de 2019, la cosa sí iba con ella. Y tomó partido, y dijo basta, y alzó la voz… Y ganó con creces y sin atisbo de duda un debate tan mediocre como previsible e impostado, que discurrió en todo momento por la senda de la inanidad, por más flechitas ridículas y trasnochadas que nos hicieran creer que esos cinco varones estaban prometiendo algo fuera de lo normal, algún maná ansiado, algo descomunal en definitiva. No fue así, claro. Estos cinco gallitos de corral apenas se dieron por aludidos y siguieron a lo suyo, al barro, a las banderas, al degüello y la deconstrucción. A la bilis, en suma. ¿Para qué tomar nota de lo que la única mujer en plató les zampó a bote pronto por más que estuviera en el guion previsto de los asuntos a abordar?

Ana Blanco y Vicente Vallés, con el plató aún vacío de testosterona. Foto: Agustín Millán.

Un objetivo común, el feminismo y la igualdad

Estos cinco varones llamados a dirigir los destinos de casi 50 millones de almas han vuelto a creer una vez más que al menos la mitad de los españoles no son quien para torcerles las líneas de su previsto y previsible discurso, pero más pronto que tarde esa mitad más uno de la ciudadanía estará unida en un objetivo común, el del feminismo y la lucha por la igualdad real, y, sin apenas darse cuenta, ya no se llenará de tanta testosterona un mal iluminado plató donde en todo momento se oían voces como de ultratumba que parecían avisar en tono apocalíptico del desastre.

Ganó con creces y sin atisbo de duda un debate tan mediocre como previsible e impostado, que discurrió en todo momento por la senda de la inanidad

Una griposa Ana Blanco dejó en casa su familiar rostro hierático y se plantó en el plató con un ilusionante ceño fruncido, unos amenazadores brazos cruzados y con ganas de plantar batalla ante seis varones dueños absolutos de la situación, cinco encorbatados y un sexto ataviado con camisa que pedía a gritos una talla más sobre un pecho que vomitaba soflamas falangistas y proclamas tan falsas como incendiarias. “Me van a permitir que haga referencia a la foto de este debate con cinco candidatos y ninguna mujer presente”, dijo la verdadera triunfadora de la noche, que por supuesto no formó parte de ninguna encuesta al respecto. “Supongo que hablarán de la paridad pero en este momento no es una foto de igualdad”. Se hizo el silencio más sepulcral sobre el plató. El tercer bloque temático de un debate interminable que empezó tarde y acabó más tarde aún, Política Social e Igualdad, estaba sobre el atril de los cinco duelistas. Apenas dos, los únicos del flanco izquierdo, se dieron por aludidos y esbozaron tenuemente, casi silabeando, eslóganes consabidos y manidos. Y eso que el presidente en funciones y candidato a la reelección escribía y escribía y escribía, con la cabeza gacha, imperturbable al incesante goteo de reproches a babor y estribor.

Sólo el líder de Unidas Podemos deseó que fuera “la última vez” que sólo hombres protagonicen un debate de estas características. ¡Después de 44 años de democracia! Y ello sin recordar el lapsus por el que ya siempre será recordado: “Hay que dar la razón a las mujeres que están escandalizadas con lo que hemos visto con tantas mamadas; con tantas manadas”. El líder barbudo de la supuesta derecha moderada sacó pecho al envite y dijo que “nadie va a dar lecciones al PP” en este asunto.

Mientras, el candidato del adoquín y el perrito prometía, con sus habituales ademanes gestuales desmedidos, que su hija pequeña es lo más importante de su vida. ¡Como si tal cosa! Como si nunca hubiese dicho, entre chanzas con el presentador televisivo que pasará a los anales de la historia de la televisión de este país por blanquear al líder de un partido xenófobo, racista y machista, que se hacía el dormido por las noches para no cambiar el pañal de esa hija que es el corazoncito de su vida toda, toda.

Estos cinco gallitos de corral apenas se dieron por aludidos y siguieron a lo suyo, al barro, a las banderas, al degüello y la deconstrucción

Todo ello mientras el gurú de la ultraderecha patria henchía su ya de por sí prominente pecho con frases textuales del falangismo de manual recuperadas para la concurrencia mientras negaba la realidad de la violencia machista sobre las mujeres bajo una vomitera de datos estadísticos falsos de toda falsedad.

Así va España. 4 de noviembre de 2019. Cuando Ana Blanco se cruzó de brazos y tomó partido, cuando hizo del periodismo una bendita profesión. Sostiene Natalio Blanco.

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7 Comentarios

  1. Efectivamente como indica usted «la equidistancia nunca es posible». Así que tampoco los políticos que argumentaron lo hicieron igual sino uno más y otros bastante menos. En definitiva su largo artículo, prolijo literariamente pero con un cierto tufillo PxxE, no nos va a convencer de que todos esos políticos son iguales.

  2. Una sugerencia mia, para un lenguaje mas inclusivo, igualitario..y realista. El mono y la mosca, son los mismos perros con distintos collares. Es tan temerario fiarse de una rata, como de un mono o una mosca, porque en terminos psicologicos de irracionalidad estructural, son iguales

  3. Riana, dices que no te van a convencer de que toda la escoria politica no es igual, o sea, que rebuscando en el contenedor de la basura, a lo mejor encuentras algun yogurcillo caducado, verdad… Eres muy practica Riana, mucho

    • Javier, parece que tienes respuestas y soluciones que yo desconozco. Supongo que serán teóricas, de esas que al no poderse llevar nunca a cabo no tienen el riesgo de error alguno. ¿Nos podías iluminar con tus conocimientos? Gracias.

  4. Javier, parece que tienes respuestas y soluciones que yo desconozco. Supongo que serán teóricas, de esas que al no poderse llevar nunca a cabo no tienen el riesgo de error alguno. ¿Nos podías iluminar con tus conocimientos? Gracias.

    • Riana… princesa de fresa.. yo se muchas..cositas, y por eso tambien tengo muchas soliciones, superpracticas, faciles de aplicar, y cuya ejecucion no conlleva ningun tipo de riesgo, pero solo son para cierto sector, para el resto, solo tengo una solucion, llamemosle final… asi.. por decir algo

  5. Ay.. Riana…reina que nunca se peina… que cositas me dices.. tambien las piensas? No me hgas reir mas, porque me caigo patrass..

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