Bajo una estantería de madera, en la oscuridad de un rincón, el pequeño Pepiño olisquea el aire. Hace años que no hay gatos en la casa y todos sus hermanos saben dónde están las trampas que el hombre ha puesto para acabar con ellos. No obstante, la primera lección recibida de su madre es no fiarse nunca. El hombre es un ser espantoso que está constantemente inventando trucos y trampas que les pueden llevar a la muerte. La norma básica es la de que, si parece demasiado fácil, es que hay peligro inminente.

El hombre también sabe que las trampas en las que se pincha un trozo de queso en un alambre sujeta con un muelle, ya no son efectivas. Los ratones han aprendido que si muerden el queso, una barra de hierro les cercena el cuello o, lo que es peor, les deja atrapados durante días hasta que les llega la muerte por inanición con un terrible sufrimiento. Tampoco funcionan las otras de madera en las que el queso se introduce en una especie de madriguera en la que, al introducirse el ratón, un muelle acciona un mecanismo que también les deja atrapados. Incluso las más sofisticadas, unas que llevan impregnadas feromonas que igualmente, al restregarse el ratón contra la lengüeta, acaba accionando un mecanismo de muelle que también acaba con ellos. Esas, al principio eran muy efectivas. Los ratones parecían no enterarse del artilugio y caían como moscas. Ahora ya casi nunca saltan y cuando lo hacen no hay nada dentro.

Tampoco funcionan ya los saquitos de queso impregnados en veneno. Estos han sido aún más eficaces que las trampas de feromonas y durante mucho más tiempo. Los ratones han tardado meses en relacionar comida fácil con muerte. Sobre todo porque esta no era instantánea y acababan muriendo tiempo después en la madriguera. Pero los ratones son seres listos. Parece que todo lo que hacen, lo analizan a posteriori para ver las consecuencias.

Por eso, Pepiño, agazapado en el rincón, entre telas de araña y lla maderade la estantería, olisquea el ambiente de la despensa. Llevan demasiadas muertes en la familia como para fiarse. Porque todo ha cambiado de repente. Desde diez noches atrás, en la casa que antes estaba siempre sin humanos, ahora deambulan tres o cuatro de aquí para allá. Eso, para ellos es una suerte y un peligro. Una suerte porque ahora la comida es abundante. No solo el queso rancio que se olvidaban en la encimera o los chorizos que colgaban secos de las vigas de la despensa. Ahora, por las noches hay fruta en la cocina. Y galletas en el cajón de la rinconera en la que ellos entran a través de un agujero en la pared.

Es mosqueante porque, aunque ahora hay humanos, la casa sigue vacía de gatos y han desparecido todas las trampas que se accionan con muelles así como los saquitos de los rincones que les acaban matando. La mayor parte de los ratones están de fiesta. Los más atrevidos, desesperados por estar toda su vida muertos de hambre, penando por no caer en una de las trampas puestas por el hombre, por fin, han encontrado el paraíso en el que pueden comer hasta hartarse y además sin el peligro de morir envenenados. Ya han pasado varias noches con sus correspondientes días y ninguno de los ratones que han roído las peras que estaban en la encimera, ni los que han degustado las galletas que hay en la rinconera, dan síntomas de encontrarse mal. Ninguno de ellos ha muerto y ninguno parece haber notado cambio alguno.

Pero la madre de Pepiño insiste en su máxima de que si parece fácil es que hay peligro. Desde el rincón en el que se encuentra nuestro amigo, algo raro se concentra en el ambiente. No huele a gato, pero es algo desconocido que pudiera ser peligroso. Pepiño lleva observando ya un tiempo y está a punto de salir de su escondrijo en busca de la afamada fruta, convencido de que, a pesar de las precauciones impuestas por su madre, no hay ningún peligro. De pronto, al empezar a andar, se detiene en seco. Unos ojos grandes brillan en la oscuridad. No es un gato, pero no puede ser nada bueno.

Pronto se corre la voz de alarma entre los ratones. El nuevo humano tiene tres gatos muy delgados y alargados y muy escurridizos, que les persiguen por todos los rincones y son capaces de meterse en muchos de los agujeros de escape. No maúllan como los gatos, pero que les cazan igual que los gatos.


Presentimiento

Cuando las ganas aprietan, la prudencia se desvanece.

*****

Ni contigo, ni sin ti
tienen mis males remedio.
Contigo porque, me matas,
sin ti porque, yo me muero.
EMILIO JOSÉ. CANTAUTOR.

El día 11 de noviembre, viendo la euforia desatada en las redes sociales por algunos de los votantes de Podemos, puse un twit en el que explicaba mis dudas ante el acuerdo. Primero porque, después de casi veinticinco años en el gobierno, el balance del PSOEes absolutamente negativo para la ciudadanía: recortes de derechos, privatizaciones de empresas y servicios públicos, reformas laborales que han llevado a la situación de precariedad social actual y de pensiones que han puesto en jaque la vejez de los que ahora son ya mayores y en mate, la de todos aquellos que tienen menos de cincuenta años.

Nadie cambia de la noche a la mañana y lo que desde 2016 ha sido cerrazón, palabras gruesas, manipulaciones, desprecios, mentiras y hasta juego sucio (cloacas), no me creo que en doce horas sea confianza, cordialidad, certidumbre, determinación y sobre todo, cambio de modelo.

Muchos de mis colegas virtuales me reprocharon mi capacidad para ser un cenizo y para joder la alegría de la gente. A mi también me gusta que me quieran y que me agasajen, pero mi papel en esta coyuntura, desde que tomé la decisión de exponer públicamente mis pensamientos, ideas, temores y percepciones, es la de intentar hacer pensar a quiénes tengo la enorme suerte de que todas las semanas leen mis artículos. Claro que me gustaría que todo fuera sobre ruedas y que en dos meses tuviéramos un gobierno que subiera el salario mínimo hasta los 1.500 euros, que derogara la Ley Mordaza, que acabara con el Concordato, con las reformas laborales que nos han llevado a la situación actual de mendicidad económica, que estableciera una ley de impuestos acorde con el artículo 31 de la tan manida Constitución que tanto dicen amar algunos mientras se pasan sus artículos por el orto (“todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”). Claro que me gustaría que ese gobierno diera orden a la policía y a la Guardia Civil de no intervenir en ningún desahucio mientras se tramitara, con carácter de urgencia, una ley de vivienda que acabara con la especulación y las burbujas inmobiliarias (construcción y arrendamiento). Por supuesto que daría casi lo que fuera porque se estableciera un plan para cercenar en seco las ideologías fascistas en los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado y para limpiar la endogamia del Poder Judicial. Y claro que también me gustaría que se acabara con este sistema educativo en el que los niños son lo menos importante y son utilizados como arma de guerra para imponer ideas, para hacer de ella un jugoso negocio con la ley de concierto educativo, y sobre todo, para adoctrinarlos en el hijoputismo que ellos llaman liberalismo y ganar futuros adeptos.

Pero mi obligación auto impuesta es la de advertir y mostrar que las fuerzas del mal siguen siendo más poderosas que las del voto y que, nuestros deseos, se topan con la realidad y los intereses de esta gentuza que maneja a su antojo las instituciones del estado, que como mínimo, van a intentar que esa negociación fracase y que, si al final se consigue formar gobierno, usarán todos sus medios, que son muchos, para evitar que nada cambie. Y eso nos provocará frustración, recelo, más impotencia y mucho más cabreo. Quiero que seamos conscientes de ello. El cambio con un gobierno de coalición es misión imposible. Y veremos hasta dónde llegan las mejoras.

Luego está el tema de conformar una mayoría que sea capaz de respaldar todas esas acciones de gobierno que son tan necesarias para la ciudadanía y que, sin legislación que las sostenga, solo son declaración de intenciones. Y aquí viene uno de los principales problemas en esta España en la que la ignorancia, el ardor patriótico y los mantras repetidos durante los últimos ochenta años, están en constante contraposición con las ideas democráticas, la tolerancia con el distinto y el necesario destino de que cada pueblo que conforma el territorio, sea capaz de decidir, sin la tutela de los demás, sobre su futuro. Llevamos demasiado tiempo soportando un conflicto que parece que a unos y a otros no interesa que se solucione. Siempre he sido partidario de que el pueblo se manifieste a través de los cauces democráticos como es el referéndum. Y siempre he creído que la única forma de saber el estado de fuerzas es mediante la realización de una consulta en Catalunya que deje claro cual es la opinión de los que allí viven. También tengo claro que la negociación debe ser de igual a igual, porque en este tema no puede haber superioridades ni morales, ni nacionales.

Siendo la negociación el único camino que puede llevar a la superación de un conflicto que está, a base de mentiras, y de violencia ejercida desde el estado central, enconado. También soy consciente de que una parte de los catalanes no son realistas y que no se van a conformar con una solución que no sea la suya. Y también que hay quién se siente cómodo ante la coyuntura de conflicto eterno. Aquello que veíamos en Euskadi de “contra ETA vivíamos mejor”, se ha convertido en “Contra Catalunya y contra España, se vive mejor”. Y eso es algo que hay que tener siempre presente. Como lo es que en una negociación nadie puede imponer nada, no se pueden establecer líneas rojas y hay que estar dispuesto a ceder. Lo contrario no solo no solucionará el conflicto, sino que lo agrandará, como ha venido pasando hasta ahora.

Decía el otro día, mi amigo, el gran actor Patxi Freitez que en ERC tendrían que estar locos para no subirse al tren del pacto PSOE-PODEMOS. Y es posible. Pero ERC es un partido de la misma izquierda que el PSOE, de los que se sienten mejor en una mesa de empresarios que en una de obreros. Es el partido de izquierdas de esa clase que se auto denomina “Clase media” cuyos principios morales son laxos y dependientes del bolsillo del contrario. Alejados, por tanto, de esas ideas de justicia social que presenta el programa de Podemos. Sin embargo, hace bien Esquerra en apostar, como condición para el apoyo de un gobierno de coalición, por la firma de una mesa de negociación.

Y aquí está otro de los peligros que comentaba el otro día en mi tuit. ¿Somos conscientes de que cualquier negociación con ERC, será interpretada por la carcunda periodística y los sacristanes del régimen, y, como consecuencia, por todos los feligreses televisivos del ardor guerrero, como una cesión incondicional y que de no prosperar el gobierno y vernos abocados de nuevo a otras elecciones serán vitaminas para la Extrema Derecha fascista? ¿Somos conscientes de que un nuevo fracaso en las negociaciones aupará hasta el gobierno a los intransigentes que creen que la libertad consiste en imponer siempre sus barbaridades éticas?

Necesitamos un cambio de modelo más que el aire que respiramos. Sin embargo creo que este pacto es una trampa para ratones. La situación a la que nos ha llevado la carcunda en su empeño por cabrear a los catalanes es de difícil solución. Y más cuando la calle va por libre y no es controlada por ninguna de las formaciones que se presentan a las elecciones (a pesar de lo que diga la policía y la Audiencia Nacional). Este hijoputismo despiadado que se empeña en dejar pobres y cadáveres en las cunetas es el motor del inconformismo que mueve tanto al que vota fascismo como castigo, como a quienes apostamos por un mundo más justo, igualitario y humano. Si yo fuera Pablo Iglesias (afortunadamente no lo soy) jamás habría intentado entrar en un gobierno con el PSOE. Si el gobierno triunfa, los méritos serán del vendehumos Pedro Sanchez.

Si fracasa será culpa suya. Y tal y como está la situación, quiénes crean que es posible darle la vuelta al Régimen con un gobierno de coalición es como quién cree que con lejía se cura el cáncer, un asidero a un clavo ardiendo porque aún desconfían que haya otro suelo más estable debajo. Es necesario componer un gobierno del PSOE para parar el fascismo, pero yo me hubiera ido después a la oposición. Si el vendehumos reacciona y se comporta como debiera, ahí están los diputados de Unidos Podemos y confluencias para apoyarlo. Si se sigue comportando como lo que son, un partido más de este hijoputismo especulativo, desde el gobierno tragas sapos. Si votas en contra, le das alas al fascismo. Si aceptas las trágalas, cabreas a los tuyos. Este empeño traerá tiempos peores. Tiempos de decepción y de más cabreo.

Bienvenidos sean los cambios, si los hubiera. De momento, parar a los fascistas sería un pequeño paso para el futuro gobierno y un gran paso para la humanidad.

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

3 Comentarios

  1. IU ha estado varias legislaturas ocupando sillones. Nunca se han equivocado ya que nunca han tenido poder alguno para demostrar si eran o no válidas sus propuestas. Ahora con UP tenemos una, aunque pequeña, esperanza. Nos gustaría que los innumerables pepitos grillos de la izquierda se redujeran, al menos en estos momentos, en número y no sirvan para aumentar la dura pendiente que ya nos ponen las derechas en el camino de nuestro incierto futuro.

  2. Si Pedro Sánchez es un vende humos como dices, ¿que son el resto de políticos que pululan en nuestro territorio?
    ¿Los yupis de partidos web como Rivera, que dimiten al primer contratiempo y abandonan el partido? ¿Los imitadores de Aznar como el señor Casado o el señor Abascal? ¿O los impresentables que gobiernan en Cataluña? ¿Tú, a quien prefieres?

    Si las izquierdas se unen de una vez por siempre, España tendrá un respiro económicamente.
    Estos últimos tiempos hemos estado en manos de la banca y de la especulación inmobiliaria.
    La voracidad de esos individuos, que comieron más de lo que podían tragar, llevó a España al borde del abismo y como no, todos los españoles a pagar los gastos de la fiesta, de bancos, cajas y promotoras inmobiliarias y sus asociados.

    Démosle un poco de campo a la izquierda, que intenta hacer un poco mejor las cosas, apostando por los servicios públicos de calidad, por equilibrar un poco la economía y por dar un poco de dignidad a nuestros ancianos.

    Basta de ataques a Pedro Sánchez, que con un gobierno escaso y con una oposición poco patriota, ha mejorado todo lo que Rajoy había destruido en la sociedad del bienestar de los españoles.

    Si vende ese humo, a mí me gusta. Pero no olvidemos que fueron los socialistas los que prohibimos fumar en lugares públicos, porque perjudicaba a todo el resto de españoles que no fuman.

    Eso es el partido socialista, defiende lo que es mejor para todos, aunque la medida no sea popular. El PP, esconde la cabeza como los avestruces, cuando alguna medida no da votos.

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