La crisis económica ha logrado uno de los objetivos de los poderes financieros internacionales: acabar con la política con la muerte de las ideologías a través de la ruptura del eje izquierda-derecha. El crash de 2008 ha generado tal desigualdad que en los años más duros surgieron formaciones políticas en ambos espectros ideológicos que intentaban cambiar el modelo tradicional que, normalmente, estaba basado en el bipartidismo.

El paro masivo, la devaluación salarial, la pérdida de derechos, las políticas económicas austericidas impuestas por organizaciones supranacionales controladas por los poderes económicos, provocaron que esos nuevos partidos comenzaran a hablar de regeneración y de cambio. Desde el ámbito de la derecha surgieron formaciones que basan sus programas en la aplicación inmisericorde de políticas basadas en el neoliberalismo puro que, en general, continúan beneficiando a las élites financieras porque uno de sus puntos clave es la eliminación del peso del Estado en la vida de las naciones, es decir, la destrucción absoluta del bienestar social nacido tras la posguerra mundial. En España, quien representa a esta corriente es Ciudadanos.

Por otro lado, principalmente en los países del sur de Europa nacieron partidos que basaban sus programas en las reivindicaciones regeneracionistas de los diferentes movimientos de «indignados» que surgieron a raíz del 15M español. Sus programas pasaban por la traslación del activismo social a las instituciones, algo en lo que han fracasado parcialmente puesto que el poder del establishment aún es impermeable a las reclamaciones del pueblo y continúa sometido a las exigencias de los mismos poderes que provocaron la crisis para ampliar las desigualdades. El cambio propugnado por estos partidos estaba basado, precisamente, en esas reivindicaciones de los movimientos sociales de la sociedad civil. En España está representado por Podemos.

Sin embargo, en el centro, este y norte de Europa, el crecimiento de las nuevas formaciones vino de la extrema derecha que parecía que había quedado en algo residual tras la II Guerra Mundial. Su discurso populista no busca una regeneración sino una regresión de las sociedades democráticas. El sur de Europa parecía que se encontraba inmune a esta pandemia pero, movimientos como Vox o la Lega Norte, ya se han introducido en las instituciones o tienen responsabilidades de gobierno.

En España la irrupción del partido de Santiago Abascal ha sido, en parte, una sorpresa. No obstante, esa ultraderecha siempre ha estado ahí, no había muerto con el dictador Franco. Los resultados obtenidos en las elecciones andaluzas no son más que la certificación de que el Partido Popular se está desmoronando, sobre todo tras la llegada de Pablo Casado a la presidencia, porque ha perdido la base de su discurso de centro derecha democrático. De ahí que en los sondeos esté perdiendo votantes tanto en favor de Ciudadanos como de Vox.

Lo que ya no es tan normal es que una parte importante de los votantes de la formación de Abascal venga de los partidos de la izquierda, tanto de Podemos como del PSOE. El fenómeno se está produciendo por tres vías. La primera, votantes socialistas que se ilusionaron con el partido de Pablo Iglesias tras el abandono definitivo de los valores del socialismo desde el año 2008, están volviendo al caladero del PSOE tras la llegada al gobierno de Pedro Sánchez. La segunda, votantes socialistas herederos de la socialdemocracia o del centro que, tras acumular muchas decepciones, han pasado a votar a quienes están enarbolando la bandera del patriotismo ultranacionalista. La tercera, votantes de Podemos que se creyeron el discurso de la transversalidad y que, tras la decepción de ver a sus dirigentes imposibilitados para llevar el activismo a las instituciones, han visto en el discurso populista y demagógico de Vox una vía de escape.

Lo que demuestra el hecho de que una parte de la ciudadanía progresista esté valorando a Vox como una opción real de voto es el fracaso de la izquierda frente a los poderes que están sustentando tanto a la ultraderecha como a los neoliberales, poderes que obtienen más rentabilidad de gobiernos dictatoriales, ultraconservadores o que basan sus políticas económicas en los preceptos del Tea Party, porque son mucho más manejables e impermeables a las exigencias de quienes, desde la economía, controlan el mundo.

¿Qué puede hacer la izquierda? Sencillo, volver a ser izquierda y, de este modo, los votos no irán a parar a la extrema derecha de Abascal, Ortega Smith y Serrano.

2 Comentarios

  1. Motivos :
    la urgencia en la que ns han metido ls corruPPtos mafiosos al llevarnos dnde estamos
    la maniPPulacion d ls medios y blanqeamiento del fascismo
    eñ atraso de regiones
    todo deliberadamente

  2. A ver, los de VOX no son tan fieros como los pintan, son constitucionalistas, se han bajado las bragas en Andalucía a la mínima, están a favor del euro, de la monarquía… son como Ciudadanos o el PP, pero en verde

    Al R78 le dan miedo opciones radicales de verdad, tipo Falange, ADÑ, España 2000, Democracia Nacional… partidos que no han salido en la televisión o en los periódicos. Sin embargo, ahí están los de VOX, todos los días hablan de ellos en la sexta, la SER, la COPE, Antena 3, El Mundo, El País etc etc

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