El New York Times acaba de dar la cifra: se ha producido una caída en picado en las vacunas infantiles. Concretamente el descenso se ha cuantificado en un 63%.

La causa se encuentra en el temor de los padres a acudir a los centros sanitarios por los posibles contagios por COVID-19. La consecuencia que esto tiene, además del riesgo para la salud tanto de los niños como pública, es el problema que se genera a la hora de volver a las escuelas.

Y es que el alcalde de Nueva York, Bill Blasio ha alarmado sobre el obstáculo que esta situación genera de cara a la vuelta a las escuelas.

Caída de un 63% respecto al año pasado y de un 91% en niños mayores de 2 años

Durante la pandemia, en el periodo comprendido entre el 23 de marzo y el 9 de mayo, la cantidad de vacunas administradas se ha reducido en un 63% en comparación con el mismo periodo del año pasado. Si se tiene en cuenta a los mayores de 2 años el descenso es del 91%, según el departamento de salud de la ciudad de Nueva York.

Los niños no pueden acudir a clase sin sus vacunas

Se está planteando reabrir las escuelas y guarderías públicas en el próximo mes de septiembre. El problema que se genera ante la falta de vacunas es que los niños que no las tengan, no pueden acudir a clase.

En este contexto, De Blasio ha dicho que “desafortunadamente, las piezas comienzan a encajar de una manera que debería causar una verdadera preocupación a los padres. Supone una mayor amenaza para los niños, incluso mayor que contraer COVID-19” ha afirmado.

Problema añadido al síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico

El problema de las vacunas se suma a la tendencia que se está dando, “rara pero alarmante”, en el caso del síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico que parece estar relacionado con el nuevo coronavirus y puede causar enfermedades graves.

El sarampión puede volverse una nueva amenaza

Los pediatras se muestran sobre todo alarmados ante la posibilidad de que vuelvan a aparecer enfermedades que estaban prácticamente controladas gracias al uso de vacunas. Concretamente un brote de sarampión, como ha sucedido en Brasil, tiene en alerta a los sanitarios. “Lo peor que podría pasar sería tener una epidemia de sarampión después de esto”, ha dicho Michael Cohen, responsable de la supervisión de las oficinas de Tribeca Pediátrica en Nueva York. Y es que, “una vez que comienza a propagarse el sarampión, es muy difícil reducirlo”, ha advertido.

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