Anécdota real, ilustrativa: Un restaurante del lugar cierra sus puertas por tres días. Nadie conoce el motivo ni el alcance. Entonces, algunos vecinos y parroquianos se preguntan y pregonan por qué se clausura, definitivamente, un local tan exitoso. Así; sin una conversación con el dueño, adoptan esta conclusión ma-te-má-ti-ca: cierre, igual, para siempre. Y cuando al cabo de tres días más lo ven abierto, forrado de clientes, como de costumbre, cuando todo vuelve a la normalidad, entonces a ninguno de ellos se le ocurre deshacer su alarma. Es la cultura de la precipitación, de la tragedia, del enfoque obsesivo en el tema de moda: piensa mal y acertarás. Por suerte, cuando todo esto del coronavirus termine, siempre nos quedarán contenedores y papeleras y océanos rebosantes de mascarillas, para recordarnos la primera locura paranoica de esta flamante década.

Hay ganas de que pase algo. Desde el periodista a la cajera de supermercado, en las portadas y en el salón de tu comedor, en la oficina y coche patrulla, discurren deliberadamente y sin miedo a cagarla, en torno a la figura de un ministro, una reina, un primo cuñado sobrino de la de enfrente (su padre, que trabaja con tu hermana). Vuelan noticias y se disgregan opiniones, conclusiones, objetivos. Ya no importa cómo, por qué ni para qué; tan solo cuenta el cuánto, dinero o tiempo. Suma y sigue. A más delitos, más años; a más infectados, más fumigación y mascarillas y noticias y debates de comedor o plató. Y cuando todo esto acabe… je. Bueno, ya conocéis la historia, ¿no? Otro simulacro, la siguiente quimera, el último capitulo de este circo, este culebrón vertiginosamente anticipatorio, paranoico popular festivo, explotará en titulares perfectamente homogeneizados, obedientes, y todas volveremos a cruzar la puerta del chino sin temor, porque la gran amenaza será otra. Pero qué lengua tan larga tiene el ser humano. Qué amor a la especulación, la exageración, la polémica, todo ello engarzado con la estrecha mira de la matemática pura. Chino estornudando, igual, coronavirus. Pájaro muerto, luego, cambio climático (¿y por qué no… pesticidas?). Fulanita sola, de compras, quizir: Fulanita se ha divorciado. Más pruebas, más testigos, más leyes, más delitos, más años de cárcel: matemática. Más ciencia y tecnología para más de lo mismo: control. Por eso te precipitas, ser humano, por tu marcada tendencia a controlarlo todo, cuando no dispones de ni puta idea. Tómate una caña, anda, que sigue abierto.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here