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Posrealismo y populismo

No hay posrealidad, ni poshumanidad, ni posmodernidad, sino unas crisis encadenadas no resueltas que nos trasladan a lugares imaginarios

Antonio Guerrero
Antonio Guerrero
Antonio Guerrero colecciona miradas, entre otras cosas. Prefiere las miradas zurdas antes que las diestras. Nació en Huelva en 1971 y reside en Almería. Estudió relaciones laborales y la licenciatura de Filosofía.
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análisis

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Otro “post” más, uno que lleva un tiempo utilizándose y que se une a la gran colección vocablos como posverdad, posindustrial, etc.  Sin la “t” ni guion, como dice la RAE. La sensación de que todo ha acabado y que estamos en otro estadio “posterior a algo” nos inunda con estas expresiones antecedidas del “post”,  amén de que sabemos que no es cierto. Nunca hubo una humanidad posterior a la humanidad (poshumanismo), ni hubo nada posterior a la modernidad (posmodernismo) sino varias versiones de la modernidad.

Racionero nos lo dejó muy claro: en el que caso de la modernidad lo que tenemos es la redefinición de la misma, argumento cierto y aplicable a los demás “post”. La verdadera era en la que habitamos es la de la “crisis” y eso es deconstrucción y reconstrucción y nos sitúa en el escenario del presente en lugar de un futuro utópico que no existe y en el que se nos ha hecho creer en la estética de los “post”. 

Para meternos en faena el realismo, en filosofía, es una postura filosófica que manifiesta que los objetos tienen una existencia independiente del sujeto que lo observa.  Pero eso es muy radical y a la sociedad no le gusta. La realidad se ha negativizado ya que bajo presupuestos individualistas y hedonistas es muy incómoda y resta libertad. Para convivir con eso surgió el realismo utópico que flexibilizaba la radicalidad de lo que era ajeno al ser humano para soportarlo mejor.

Eso dio paso al posrealismo, un paso mas: una comunicación, un discurso, sobre dicha realidad, con la intención de servir a los intereses de los comunicantes y de resaltar la parte de esa realidad menos agresiva o mas ventajosa. La forma en la que se manifiesta es la retórica lo que la sitúa en el huracán de los populismos.  La posrealidad,  dicho así, surge en los populismos o va destinada a los mismos, creo yo. Y eso no me gusta demasiado. Si con la posverdad ya nos quedamos estupefactos por el grado de frivolidad, ahora ya debemos quitarnos el cráneo –a lo Valle Inclán- y asustarnos.  

Todos estos neologismos, y este especialmente, no contribuyen en exceso a la redefinición de nuestro presente. La palabra que deberíamos usar debería ser “crisis”. Pero esa palabra no gusta tanto porque molesta. Las masas rechazan la idea de que algo va mal y prefiere creer que ya hemos llegado a otro sitio aunque sea imaginario. Populismo querido lector, que le vamos a hacer.

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