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Posdesencanto

David Márquez
David Márquez
Escritor de artículos y ficción. Colabora con diversas publicaciones periódicas y ha publicado: ¿Y? (microrrelato) y DAME FUEGO (el libro) (microrrelato, poesía y otros textos), ambos trabajos inconfundiblemente en línea con el pensamiento y estilo que manda en sus artículos, donde muestra su apego a la libertad total de ideas, a lo humano y analógico, siempre combativo frente a cualquier forma de idiotez. amazon.com/author/damefuego
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análisis

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La constatación práctica de lo que siempre habíamos intuido se refleja fielmente en uno de esos bien amarrados bozales que puede exhibir cualquier ciudadana de nuestra plena confianza y estima, sola, en mitad de una calle desierta, a las cuatro de la tarde en duro julio cordubesco, las dosis pertinentes inoculadas ya, muy segura de andar “protegida” y estar “protegiendo”. Quizir…

Carezco de palabras. La mecánica del posdesencanto opera con el lenguaje de la intuición que, por lo común, rebosa más lógica que cualquier sacrosanta ciencia o psicología. No quedan referentes ni correspondencias ni comparaciones. O quizás las hubo, pero no son válidas ya en un mundo arrastrado por semejante vil paranoia colectiva. Ha llegado el momento de tomar serias medidas de protección (por cierto)frente al acoso y el abuso.

El primer objetivo del maltratador consiste en arruinar la autoestima de su víctima; el segundo, en controlarla mediante el aislamiento social. Así, igual que un muñeco, vapuleada psicológicamente, la víctima se encierra, por propia voluntad, en el bucle de la autoculpabilidad y la negación. Y es que teme al monstruo en la misma medida que aún valora sus “argumentos”. Solo mediante el posdesencanto, un lúcido y enérgico “qué cojones”, podrá levantar cabeza y creer en sí misma, salir a la calle, perder el miedo, quitarse el bozal y servirse de la lógica intuitiva, esa que le otorga plenos poderes como individuo para automedicarse, comer carne, beber en exceso, visitar a su padre, abrazar a sus hermanos, proteger a capa y espada la inviolabilidad de su domicilio, pagar en efectivo. En suma: el posdesencanto no es otra cosa que lo ya conocido pero últimamente negado y oculto mediante la adulteración del “último titular”. Es la conciencia de que nadie-lo-hará por ti, de que el maltratador, como el sistema, acabará contigo si no pones freno, personalmente. Van a venderte nuevas obligaciones y pinchazos para diciembre o la siguiente primavera, como muy tarde, pagándote con nuevas anotaciones de culpa y fracaso en tu currículo vital. De ti depende: arruínate la vida obedeciendo y creyendo al maltratador sistema, o finiquita tu relación y vive: apaga-el-televisor. Así de fácil.

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