Existen dos tipos de obesidad perjudiciales para la salud. Una es la obesidad abdominal (cuerpo tipo “manzana”) que se caracteriza por la acumulación de grasa en la cintura; y la otra es la obesidad senoide (cuerpo tipo “pera”) que conlleva una concentración de grasa en las caderas, los glúteos y los muslos. El primer tipo de obesidad es más frecuente en los hombres, mientras que el segundo se da más en las mujeres.

Según explica el Dr. Juan José López, especialista en Endocrinología y Nutrición de la SEEN, la obesidad abdominal es más peligrosa que la senoide por cuanto que implica una acumulación de grasa visceral, es decir, aquella que se sitúa alrededor de los órganos, lo que tiene consecuencias metabólicas serias como diabetes, dislipemia, hipertensión arterial, resistencia a la insulina, inflamación crónica y aumento del ácido úrico. Estas consecuencias, además, son factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

De hecho, y como avisa la dietista-nutricionista Carolina González, colaboradora de Doctoralia, no se trata de una cuestión estética sino de salud. “Un perímetro abdominal superior a 102 cm (en hombres) y 88 cm (en mujeres) aumenta el riesgo de sufrir enfermedades como diabetes, hipertensión, hígado graso o afecciones respiratorias”, asegura.

En algunas personas, esa acumulación de grasa en la tripa se debe fundamentalmente a dos factores: los “no modificables”, como denomina el Dr. López, debido a su componente genético, sexual y al asociado a la edad; y por otro los “modificables”, que se relacionan con los hábitos alimenticios (dieta) y de actividad física (ejercicio). Lo habitual es que el primer factor vaya asociado al segundo de los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo.

Además, a más edad, mayor es la tendencia a que se desarrolle este tipo de obesidad, tanto en hombres como en mujeres. “El metabolismo basal disminuye a medida que la edad avanza, por lo que la tendencia a acumular grasa es mayor”, afirma Ángel Soriano, dietista-nutricionista y colaborador de Doctoralia. Y asegura que las dietas con un exceso de calorías respecto al gasto energético corporal pueden contribuir a esa acumulación de grasa en la tripa. Si a esto sumamos una reducida actividad física en el día a día, la probabilidad de concentrar grasa abdominal es mucho mayor.

En cuanto al tema de la dieta ideal, el doctor Soriano afirma que no existen alimentos concretos capaces de reducir la grasa abdominal: “La clave está en producir un déficit calórico, es decir, ingerir menos de lo que se gasta, aunque sin llegar a disminuir excesivamente las calorías para evitar producir un déficit de nutrientes.” Y manifiesta además que si una persona hace ejercicio correcta y frecuentemente no necesita reducir calorías en exceso.

Aunque a la larga, lo que parece resultar más eficaz es convertir la alimentación saludable (con predominio de verduras, hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos y alimentos ricos en fibra y sin alimentos ultraprocesados) y el ejercicio físico en algo cotidiano y no en una práctica exclusiva en periodos en los que hemos alcanzado sobrepeso. “Para que los resultados sean duraderos se deben incorporar esos hábitos al día a día”, afirma el Dr. López, de la SEEN.

Incluso en muchas ocasiones, asegura la propia Carolina Sánchez, la persona saca a relucir la edad, la genética o los cambios hormonales para no incorporar a su día a día hábitos de vida saludables. Sin embargo lo más efectivo para perder barriga sigue siendo la práctica habitual de ejercicio físico, con la frecuencia, duración e intensidad adecuadas a las características individuales, como asegura Ángel Soriano. Y por supuesto las cenas ligeras y tempranas (un mínimo de dos a tres horas antes de irse a la cama), así como procurarse un periodo de sueño de 7-8 horas diarias.

En definitiva, para reducir la grasa de la tripa tenemos que incorporar a nuestra vida el ejercicio regular y llevar una dieta saludable, que debe incluir frutas, vegetales, granos enteros, productos lácteos bajos en grasa y carnes magras. Y reducir el consumo de colesterol, sodio, azúcar y grasas saturadas.

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