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¿Por qué no hay pacto de gobierno, y por qué no le importa un carajo a nadie?

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Empecé a escribir este texto a principios de Septiembre. Estaba completamente convencido de que no iba a haber gobierno y mi meta estaba en demostrar que el juego al que compiten esos a los que llamamos políticos es tan predecible y tan triste, que debiera tener los días contados. En mi periplo por escribir mis pensamientos, me empeñé en demostrar que el bipartidismo que tanto daño ha hecho a la población y tanto beneficio ha tenido para la clase política se inmoló porque los gobiernos, después de conseguir a una sociedad domada y tranquila a base de evitar el hambre común, han querido apretarla tanto que ciertos sectores se han organizado y han eclosionado.

Pero esa eclosión ha sido una eclosión sesgada, pues el malestar de la población se asoció a un partido político que tenía ideas propias (ideas que, por otro lado, han demostrado ya ser muy peligrosas en otros lugares, en otros tiempos) y que cuando éste ha llegado a acariciar el poder, el dinero, que es el corrompedor y creador de problemas más importante del mundo de hoy, lo ha convertido en lo mismo que ya había. Un partido más nadando en la pecera de la soberbia, las luchas internas por el poder, la superioridad moral y el culto profundo a mirarse el ombligo olvidándose completamente de la búsqueda del bien común.

El punto fuerte de mi pequeño manifiesto era que aquellos que tienen el dinero, o lo que es lo mismo, aquellos que mueven los hilos de los políticos no iban a dejar ni por asomo que un partido como Podemos asumiera el mando. Era demasiado peligroso. Aunque el populacho siga jugando a este u oeste, la guita no asume posiciones. Puede dar órdenes a rojos y azules, verdes y lilas, con tal de conseguir lo que quiera, en este caso, impedir la llegada al poder de su supuesto enemigo.

Sin embargo, me estaba costando mucho desarrollar un punto que veo muy claro y que no sé bien cómo exponer. Verán, somos una especie de experimento de la sociedad. Llevan lustros, haciéndonos creer que estamos divididos. Hace muchos y muchos años que nos dividen. Y aunque es verdad, aunque no somos todas iguales y no nos podemos caer todos bien, ¿no deberíamos olvidarnos de encajonarnos en izquierdas o derechas, rojos o azules, y buscar siempre el bien común? ¿Es que, acaso, una persona conservadora con muchísimo más dinero que yo, no busca el bien último para sus hijas? Por más que no me entienda con esa persona en muchas otras cosas, no tiene ningún sentido bloquearla como si de una especie de extraterrestre se tratase. Sería mucho más inteligente, pensar en aquello que puede ser bueno para los dos y que las discrepancias se decidieran votando. Pero votando entre todos, y no en un escenario dónde el politicucho de turno que se mueve exclusivamente por dinero y fama, puede decidir qué es lo que se vota y qué es aquello que se mete bajo la alfombra de la mierda, que por cierto, está a puntito de explotar como un geiser. Alguno ya tiene hasta el ventilador puesto.

La mayoría de los políticos no ha trabajado en su vida. Son esos personajes con aspiraciones a rockstars que pueden afiliarse o crear un partido y vivir del cuento el resto de sus días. Por el camino buscarán las cámaras con deleite, se enriquecerán y volverán sobre sus pasos las veces que sea necesario con tal de retener el poder. Son solo un ejemplo vivo, del ansia descontrolada por tener siempre más en el mundo de hoy. Son personas que en teoría, tenían unas ideas propias, pero que son capaces de tirarlas por la borda en cuanto la situación lo demande. Si estas ideas me van a llevar a no manejar el cotarro, ¿para qué voy a defenderlas?

No hace falta que me justifique mucho, pues tenemos entre nosotros algunos de los subproductos más estúpidos de la política internacional. Supuestos conservadores de toda la vida extremadamente serviles a una monarquía caducada, que ahora se esconden bajo el manto de una nueva bandera defendiendo una república independiente, arropados por gente que cree que es de izquierdas pero que a su vez son nacionalistas. Llamados grupos de derechas que han practicado el comunismo libertario (corrompido) entre sus filas, robando todo lo que han podido al estado y a los ayuntamientos para repartírselo entre ellos. Anarquismo grotesco, que no Anarquismo real en estado puro. Figuras que llevan los designios Socialista y Obrero en su etiqueta, pero que son capaces de permitir que se siga asfixiando al trabajador los meses que haga falta con unos presupuestos y unas leyes ridículas, sometidos al mercado de valores y sometidos a la prohibición de pactar con aquellos que en teoría vienen a derribar al capital. Dicen que son republicanos pero son capaces de seguir metiendo en la cárcel a personas que no han hecho nada, sólo por defender a la monarquía. Todos ellos son como el típico abusón de colegio que te obliga a pagarle un sueldo con el único fin de defenderte de sus propios golpes.

El ejemplo que tenemos ante nuestros ojos es de vital importancia. El motivo por el que no se ponen de acuerdo es claro. Los gobiernos, ante los crecientes nuevos movimientos, necesita cada vez más ser un monopolio que lo controle y administre todo. Para volver a repetir todo lo malo ya vivido, para seguir avanzando en la dirección de la fabricación de armas, del utópico enriquecimiento indefinido, de la destrucción de nuestro planeta. Si no me creen juzguen ustedes mismos sobre este titular:

En el Gobierno apuestan por una “herramienta para evitar que una minoría pueda imponer un bloqueo”

Verán, yo soy de esas locas personas que creen que la población se puede auto gestionar y que es verdaderamente posible prescindir de la clase política. Pero no auto gestionarnos en plan usted y yo haciendo presupuestos de estado, no. Me refiero a que tenemos todo el poder para crear empresas públicas, dirigidas por personas preparadas para ello, cada una en su sector y completamente controladas, evitando que prolifere algún listo que chupe del vote. Personas concentradas en el bien común y no en el beneficio propio, ni el beneficio político. Para borrar del mapa a una clase política que ya no respeta minorías, que pretende eliminar aquello que le molesta y que no tiene ni obligación ni necesidad de justificarse ante aquellas que la pusieron donde está. ¿Cómo se llama eso? Empieza por Diiicc….

…Taduraaa. En fin. La cuestión es que mi intento por explicarme fracasó. Supongo que mis pensamientos son aún más rocambolescos que el juego de tronos escondido tras la política y me cansé de darles vueltas. Al final tuve que resumir un poco, por lo que tendrán ustedes que contestarse con esta carta escrita desde las trincheras sin esperanza, a sabiendas de que no hay solución para este escenario cubierto de polvos mágicos de invisibilidad.

En las próximas votaciones, ¿se vota?

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