Foto de la campaña de las niñas Carmen y Sina en la plataforma Osoigo.

“¿Por qué las niñas no podemos ir de uniforme de pantalón al colegio?”. La pregunta no es baladí y la formulan dos niñas de 12 años en la plataforma digital Osoigo. La falda impide correr con libertad, se enreda, limita el movimiento de las piernas, deja ver con facilidad la ropa interior, hace pasar frío en invierno y, sobre todo, impone unas conductas sexistas desde la infancia que después se mantienen en los convencionalismos sociales durante la edad adulta. El 90% de los colegios privados y concertados mantienen esta discriminación sexista a través de la imposición del uniforme escolar obligatorio diferenciado por sexo.

Dos niñas canarias inician una campaña para que la ley prohíba los uniformes diferenciados por sexo

Así está en pleno 2019 la realidad de la imposición de las faldas para las niñas en los colegios concertados y privados en España. Nueve de cada diez de estos colegios mantiene el uniforme escolar y en una amplísima mayoría diferenciado por sexos. Carmen y Sina, dos niñas canarias comenzaron en 2015 la odisea de luchar contra esta discriminación sexista pese a que la clase política española en general les sigue dando la espalda. A día de hoy se sigue sin aplicar el artículo 14 de la Constitución Española: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

En octubre de 2017 la comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados aprobó una proposición no de ley de Unidos Podemos, respaldada por el PSOE, que instaba al Gobierno a reformar la Ley de Igualdad para poner punto y final a esta situación discriminatoria en miles de colegios, que fomenta el estereotipo de la feminidad tradicional. Ciudadanos se abstuvo y el Partido Popular, entonces en el Gobierno, se opuso por considerarla “innecesaria” ya que en su opinión la decisión final de establecer uniformes diferenciados recae exclusivamente en los colegios a través de los consejos escolares. Es el mismo argumento que respaldan las asociaciones de madres y padres de la enseñanza concertada y la patronal mayoritaria en el sector.

El pasado noviembre, el Parlamento gallego aprobó por unanimidad una iniciativa de En Marea en la que se pedía implantar e aplicar todas las medidas normativas e regulamentarias pertinentes para que las niñas queden liberadas de los códigos sexistas y estereotipados sobre la vestimenta.

Protestas de alumnos en un colegio británico.

Estos días, los casi 400 alumnos del colegio concertado Santa María de la Hispanidad, en el distrito de San Blas-Canillejas, han protestado contra la imposición de las faldas para las alumnas en el uniforme escolar obligatorio. Los motivos que aducen son los que todas las niñas repiten una y otra vez.

La dirección del centro deja la decisión final en el consejo escolar, pero probablemente esta institución, en la que están representados profesores, las familias y el personal no docente del centro, volverá a acordar mayoritariamente el uso de esta prenda para las niñas, pese a la discriminación que supone y contravenir la propia Carta Magna española, la Ley Orgánica de Educación –que menciona hasta 67 veces la palabra “igualdad”– o la sentencia del Tribunal Supremo de 2011 que obligaba a una clínica gaditana a rectificar el código de vestimenta de sus trabajadores de enfermería que obligaba a las mujeres a llevar delantal y cofia.

“La igualdad no es negociable”

La organización feminista Gafas Lilas es contundente al respecto: “La igualdad no es negociable; no la pueden negociar ni la inspección educativa, ni los directores de colegios, ni los consejos escolares ni las Ampas”. Pese a ello, a día de hoy siguen siendo los colegios los que tienen la última palabra en este tema que atenta contra uno de los principios recogidos en la propia Constitución Española.

Todo el alumnado de un colegio concertado de Madrid eleva sus quejas a la dirección del colegio

Carmen y Sina cuentan su experiencia personal en la carta dirigida al Congreso de los Diputados el pasado abril. “De este problema nos dimos cuenta a los ocho años de edad, en nuestro colegio canario en el que el uniforme para las chicas era de falda y para los chicos de pantalón. ¿Por qué nosotras no podíamos llevar pantalones como ellos? Los pantalones nos parecen más cómodos para jugar y correr… Era injusto que a las chicas nos obligaran a llevar falda. Así no podíamos saltar, ni hacer el pino, ni jugar al fútbol o al baloncesto en el patio sin enseñar la ropa interior. ¡Por eso dimos el paso!”.

En 2015 dieron el paso adelante. Tenían ocho años y se negaron a ponerse falda en el colegio. “No fue fácil, pero fue bonito. Hoy somos más libres y sentimos que se nos trata con el respeto que merecemos por ser iguales en derechos a los chicos. Hoy nos puedes ver jugar y estudiar en pantalones junto a muchas niñas de otros colegios que se animaron a hacer lo mismo”, señalan en su carta.

Pese a todo, Carmen y Sina son conscientes de que la amplia mayoría de las niñas de los colegios privados y concertados de este país no pueden hacer lo que ellas hacen con absoluta normalidad. “Eso es lo que queremos evitar. Sabemos que los estereotipos de género tienen repercusiones perjudiciales en nuestro día a día y en nuestras aspiraciones futuras”, subrayan.

Estas dos niñas pioneras se dirigen directamente a los políticos de este país para pedirles “que cumplan el sueño de muchas niñas de este país y aprueben esta ley”. En pleno 2019, la aspiración duerme por el momento el sueño de los justos.

Alumnas con faldas de uniforme en un colegio.

Carta de apoyo a la libre elección de uniforme escolar

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